“¿Por qué no podemos bailar? ¿Acaso la Biblia no menciona el baile como una práctica aceptable? Si David bailó delante del Señor, ¿por qué no lo podemos hacer nosotros?”, son las preguntas de varias personas.

Si bien el baile, o la danza, se menciona varias veces en la Biblia (27 pasajes en la versión Reina-Valera de 1960), es importante comprender que el baile mencionado en la Biblia se trata, mayormente, de una expresión de sano gozo y alegría, y nada tiene que ver con los bailes sensuales en pareja de la actualidad.

Muchos pueblos vecinos de Israel practicaban bailes orgiásticos y sensuales como parte de los cultos idólatras, o la danza fúnebre, que acompañaba las ceremonias mortuorias. Pero los israelitas debían ser diferentes; de hecho, en el suceso registrado en Éxodo 32:17 al 19, Moisés menciona que el culto idólatra al becerro de oro estuvo acompañado de cantos alocados y danzas, un culto que seguramente habían aprendido en Egipto. Así, Dios sintetizó la situación diciendo que el pueblo se había “corrompido” (vers. 7), misma palabra que se utiliza en Génesis 6:12 para describir la condición del mundo antediluviano. Evidentemente, el Señor tenía sobrados motivos para desaprobar enérgicamente este único caso que se registra en la Biblia de un baile sensual realizado por hombres y mujeres juntos.

De hecho, este es el primer principio bíblico que podemos extraer de la Biblia: el pueblo de Dios nunca bailaba en grupos mixtos. En todas las otras referencias bíblicas, el baile o la danza era realizada por personas de un solo sexo: mujeres solas u hombres solos (Éxo. 15:20; Juec. 21:21, 23; 1 Sam. 18:6, 7; 21:11; 29:5; Juec. 11:34; 2 Sam. 6:14, 16, 21; 1 Crón. 15:29).

No podemos aceptar el baile secular de nuestros días como una recreación apropiada para un cristiano. no es una actividad pura y de buen nombre (fil. 4:8)”.

En segundo lugar, el baile, o la danza, de los israelitas no se realizaba como una diversión sensual, sino como una expresión de gozo o una manifestación de alabanza y adoración a Dios. En contraste con el baile desenfrenado de las naciones paganas vecinas, la danza de los israelitas no era sensual, pasional ni licenciosa. Las palabras hebreas en los pasajes mencionados dan la idea de saltos y movimientos circulares, ya sea en rondas o en forma individual, o como parte de las procesiones religiosas. Tampoco hay referencias a bailes realizados de noche, sino de día y al aire libre.

Alguno se podría preguntar, entonces: “¿No podríamos nosotros también bailar como parte del culto religioso, al igual que en los tiempos del Antiguo Testamento?” La respuesta nuevamente es negativa, porque vivimos en una cultura diferente de la del Antiguo Testamento. La forma de expresar las emociones y los sentimientos varía entre una cultura y otra. Por ejemplo, los hebreos manifestaban reverencia ante la presencia de Dios quitándose los zapatos, cosa que en nuestra cultura se consideraría una falta de reverencia y de respeto. Otro ejemplo es la exteriorización de la tristeza y el arrepentimiento, que los israelitas indicaban rasgando sus vestidos y colocando ceniza sobre sus cabezas, lo que en nuestra cultura sería visto casi como una expresión de desequilibrio mental. Una diferencia similar ocurre en relación con el baile y la danza, que para la mentalidad israelita tenía un sentido muy diferente del que tiene en la sociedad contemporánea occidental.

El único caso de baile sensual mencionado en la Biblia, además del culto profano al becerro de oro, es el de la hija de Herodías, quien danzó seductoramente para el rey Herodes y sus huéspedes, en el día de su cumpleaños (Mat. 14:6; Mar. 6:22). Naturalmente, no es este un ejemplo digno de imitar, pues tuvo como consecuencia inmediata la muerte de Juan el Bautista, y la extinción de la última oportunidad para arrepentirse que tenía Herodes.

Es evidente, entonces, que no podemos aceptar el baile secular de nuestros días como una recreación apropiada para un cristiano. No es una actividad pura y de buen nombre (Fil. 4:8), dado que busca esencialmente la excitación sexual mediante el contacto físico, y movimientos insinuantes y provocativos. “La diversión del baile, como se practica actualmente, es una escuela de depravación, una terrible maldición para la sociedad” (Mensajes para los jóvenes, p. 394).

Como en todos los aspectos de la vida del cristiano, es necesario recordar, una vez más, que la verdadera felicidad no se logra mediante placeres como el baile, sino mediante la comunión con el Señor. Porque “el hombre, creado para vivir en comunión con Dios, puede encontrar su verdadera vida y su auténtico desarrollo únicamente en esa comunión. Creado para descubrir en Dios su mayor gozo, en ninguna otra cosa puede hallar lo que puede calmar los anhelos de su corazón, y satisfacer el hambre y la sed del alma” (La educación, pp. 124, 125). RA

Sobre El Autor

Licenciado en Teología y Traductor público de Inglés, Walter Steger desarrolla su ministerio como editor de libros en la Asociación Casa Editora Sudamericana. Además de dirigir las revistas Ministerio y la Revista del anciano, es actualmente el encargado de la traducción al español de la Guía de Estudio de la Biblia.

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Una Respuesta

  1. David Godoy Jara

    Me parece muy bien el articulo sobre el baile, pero también me genera bastante dudas ya que veo que en nuestros colegios se promueven bailes (folclóricos). Que opinión tienen ustedes al respecto…

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