Los casos de abuso sexual son una realidad en Sudamérica.

Por Marli Peyerl

Hace poco, al regresar del trabajo, decidí encender la radio para oír los últimos acontecimientos del día. Entonces, me enteré de una terrible noticia. La periodista presentaba detalles de la historia de un padre que había violado y matado a una niña de apenas dos años. En ese momento no pude contenerme, y una mezcla de sentimientos se apoderó de mí: tristeza, dolor, indignación… ¡Sentí ganas de llorar! Este hecho me incomodó durante muchos días. Me imaginaba los terribles momentos que atravesó esa niña, y las incontables agresiones y amenazas que ese pequeño ser sufrió.

Esta historia no es un caso aislado. Miles de mujeres, niños y adolescentes sufren a diario algún tipo de violencia. Según los datos obtenidos por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), solo en el Brasil se denuncian cada día 129 casos de violencia psicológica, física (incluyendo violencia sexual) y negligencia en contra de niñas y niños. Esto significa que se registran 5 casos por hora de violencia contra ese público. Según las estadísticas del año 2015, se realizaron más 80 mil denuncias de violaciones a los derechos de los niños y los adolescentes.

Otro estudio mostró que el 88,5% de las víctimas era de sexo femenino. Por otra parte, más de la mitad tenía menos de 13 años; y lo que es aún más preocupante: el 24,1% de los agresores de los niños eran los propios padres o padrastros, y el 32,2% eran amigos o conocidos de la víctima.

¡Podemos ver que el escenario es deplorable! En todas partes hay diversos tipos de violencia. Esto también ha puesto a los niños y los adolescentes de nuestra iglesia en riesgo. Esta violencia ha sido frecuente de forma visible en las calles o en los espacios públicos. Sin embargo, también sucede en los hogares.

Sean registradas o no, las historias de violencia dejan marcas visibles e invisibles en las personas. Además de las lesiones, las fracturas, los embarazos indeseados y las enfermedades de transmisión sexual, muchos pueden llegar a experimentar trastornos como depresión, fobias, angustia, y en algunos casos, pueden llegar a la muerte.

DIOS AMA A SUS HIJOS, Y PLANIFICÓ QUE LAS FAMILIAS FUESEN UNA BENDICIÓN.

Manos extendidas

Por eso, este año la campaña Rompiendo el silencio, promovida anualmente por la Iglesia Adventista en Sudamérica, se concentra en el delicado tema de las violaciones. Queremos ofrecer orientaciones, y mostrar que hay formas de aliviar este sufrimiento. Por este motivo, el cuarto sábado de este mes saldrán voluntarios a las calles de todo el país, para distribuir guías, panfletos y una revista informativa con contenidos preparados exclusivamente para ayudar en la lucha contra este crimen.

Este es un problema social que ha alcanzado tanto a personas que asisten a la Iglesia Adventista como a quienes no forman parte de ella. Necesitamos con urgencia unir fuerzas, y desarrollar acciones que ayuden a romper el ciclo de explotación de quien está siendo abusado, y proteger potenciales víctimas.

Por este motivo, nos gustaría que el debate de este tema no se restrinja a solamente una fecha. Tú y las personas de tu congregación y de tu comunidad también pueden ocuparse en otras actividades que contribuyan a salvar vidas.

Instrucción a miembros de iglesia: Capacitar a la iglesia local para realizar la derivación correspondiente a los servicios disponibles en la red pública o a otras instituciones locales. Incluir información que se encuentra en los materiales preparados para la campaña, entre ellos, la revista Rompiendo el Silencio, que contiene excelentes contenidos que podrán ayudarlos a trabajar mejor con este proyecto.

Grupo de oración intercesora: Organizar grupos e intercesores con el propósito de orar por las personas que buscan ayuda, y mantener contacto con ellas, visitándolas y brindándoles apoyo por medio de llamadas telefónicas o mensajería instantánea.

Trabajar en conjunto con los servicios públicos y privados: Hacer un relevo de los servicios ofrecidos para auxiliar a víctimas de violencia, para derivar apropiadamente a las personas que busquen ayuda en la iglesia.

Panel abierto: Organizar un panel abierto de debate en algún establecimiento público, con la participación de un abogado, un fiscal, un miembro de las autoridades locales sobre derechos de niños y adolescentes, un psicólogo y un periodista influyente en los medios locales, para moderar la discusión. El encuentro, incluso, podría ser transmitido por las redes sociales, para llamar la atención de las personas acerca de este problema. Invita a las familias de la comunidad a participar, y permite que se realicen preguntas, para que el tema quede esclarecido.

Seminarios en escuelas: Los seminarios de concientización en las escuelas son una gran oportunidad para alcanzar a niños, adolescentes y sus familias. Las escuelas públicas y privadas han abierto las puertas para que la Iglesia Adventista realice la campaña y muestre a la sociedad que no es obligatorio ni ineludible formar parte de estas estadísticas.

Estas son algunas de las actividades que la iglesia local puede realizar. No podemos permanecer indiferentes, y hacer de cuenta que no estamos afectados. ¡El dolor es de todos nosotros! Dios nos está dando la oportunidad de marcar la diferencia, y ayudar a una persona o una familia a construir una nueva historia. Y, en este proceso, los contenidos de la página rompiendoelsilencio.org pueden ayudar a cambiar la vida de alguna persona.

Con oración, y capacitados por el Espíritu Santo, podemos hacer mucho más. Dios ama a sus hijos, y planificó que las familias fuesen una bendición. Sin embargo, con la entrada del pecado, el hombre llegó a tener los atributos de Satanás, y el resultado es un ambiente violento, atemorizador y desestructurado.

“¡Oh, si la familia humana tan solo pudiera ver los resultados del pecado en la transgresión, violencia y crimen que existen en el mundo! ¡Si pudiera ver la transformación de los hombres de la imagen de Dios a la semejanza de Satanás!”, expresa Elena de White en A fin de conocerle (2 de marzo, p. 67).

¡Jesucristo es la solución para la humanidad! Solo él puede convertir esta institución sagrada que es la familia en un instrumento de bendición y protección. ¡Que el sufrimiento del prójimo también pueda ser aliviado por medio de mí y de ti!  RA

Sobre El Autor

Directora del Ministerio de la Mujer en la División Sudamericana y coordinadora de la campaña Rompiendo el silencio.

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