PARA MANTENER UN EQUILIBRIO TEOLÓGICO, HAY QUE TENER EN CUENTA LAS NECESIDADES DE LA IGLESIA Y DE LA GENTE”.

Con una sólida formación bíblica y literaria, este Doctor en Teología viaja dando seminarios y predicando desde China hasta Polonia, y desde Filipinas hasta el Perú, pasando por Israel. Fue pastor, director del departamento de Jóvenes, y ahora se desempeña como docente en la Universidad Andrews, Estados Unidos. En este mes: Félix Cortés.

“Buscar conocimiento. Afirmar la fe. Cambiar el mundo”. El gran globo terráqueo que se encuentra en la entrada de la Universidad Andrews (ubicada en Berrien Springs, Michigan, EE.UU.) remarca a sus pies esta sublime leyenda. Toda una declaración de propósito. Luego de la foto de rigor allí, camino lentamente por las calles internas de la Casa de estudios más importante que tiene nuestra iglesia en esta Tierra. El ambiente que se respira, sumado a la emotiva estatua del pionero John N. Andrews junto a sus hijos (que recuerda su partida a Europa en 1874 como primer misionero enviado por la iglesia fuera de los Estados Unidos), realmente impulsa a realizar las tres acciones de la frase inicial.

Las vueltas de la vida hacen que, a los pocos días de regresar de aquel lugar, me encontrara con el Dr. Félix Cortés, oriundo de la República de México, quien fuera pastor de iglesia durante once años (trabajando en un distrito y en varias asociaciones como director de Jóvenes y Actividades Laicas), y quien hoy se desempeña como docente de Nuevo Testamento en la Universidad Andrews.

La tarde es fresca, pero agradable. Un tibio rayo de sol alumbra el hall de la Facultad de Teología de la Universidad Adventista del Plata. Estamos en un recreo del Simposio Bíblico-Teológico Sudamericano. La conversación es acorde a la tarde.

Revista Adventista (RA): ¿Cómo nació su vocación pastoral?

Félix Cortés (FC): Mi padre es pastor; así que, desde niño tenía esa vocación y ese deseo de estudiar Teología. Ya lo manifestaba desde que tenía seis años. Desde que tengo memoria, pensaba en ser pastor. Y nunca cambié de opinión; siempre fue mi pasión. A los veinte años me gradué como Licenciado en la Universidad de Montemorelos, República de México. Trabajé en Toluca y México DF. Ya como pastor, terminé una maestría en Literatura Moderna en la Universidad Iberoamericana, y luego un doctorado. Antes de enseñar en Andrews, fui docente de Nuevo Testamento en la Universidad de Montemorelos.

RA: Ahora que su trabajo se orienta hacia lo académico, ¿no extraña trabajar en la iglesia? ¿O siente que su verdadero llamado es la enseñanza?

FC: He sentido que mi trabajo con los jóvenes en las asociaciones en que trabajé, y ahora como profesor de Teología, es una continuación uno del otro. Sigo trabajando con jóvenes, sigo formando jóvenes, y también sigo estando muy conectado con la iglesia. Soy anciano de mi iglesia local, así que ejerzo una función pastoral allí. Un profesor de Teología no puede estar aislado del trabajo evangelizador.

Es muy importante, para mantener un equilibrio teológico, tener en mente cuáles son las necesidades de la iglesia y de la gente. El estudio que hacemos de la Biblia debe cubrir necesidades reales de las personas; es decir, preguntas y cuestiones que están en la mente de las personas.

RA: “Equilibro teológico”: ¡palabras clave! A veces nos abocamos solo a lo práctico, y dejamos de estudiar la Palabra, y en ocasiones nos enfrascamos en la Biblia y no conocemos lo que le pasa a la gente.

FC: Exacto. Pero ese equilibrio era el que tuvieron los grandes hombres de Dios. El apóstol Pablo era un gran teólogo, pero era un pastor. No se puede hacer lo uno sin hacer lo otro. Todo teólogo debe ser pastor; debe tener esa experiencia. Debemos ser eruditos, pero muy prácticos, y que todo sea útil para el crecimiento de la iglesia y el fortalecimiento de la fe de los miembros.

RA: Como formador de líderes, ¿no cree que falta enseñar de una mejor manera esta verdad tan importante?

FC: Yo creo que siempre existe ese peligro de alejarse de la iglesia, y aislarse en los libros y los conceptos teológicos. Pero, en general, existe ese equilibrio en la iglesia respecto del mundo. Cada facultad de Teología tiene un componente práctico muy fuerte: salen a predicar y a colaborar con el evangelismo, a hacer campañas misioneras y demás. Pero el peligro siempre está…

RA: ¿Qué es lo que más disfruta de su trabajo?

FC: Esa es una muy buena pregunta, y tengo la respuesta. Lo que más disfruto de mi trabajo es aprender. Más que mis estudiantes, yo también soy un estudiante continuo. Pero, si me dedico a enseñar, ¿cómo voy a aprender? ¡Es que es así! Al enseñar, aprendes. Es muy bonito aprender algo nuevo. Me emociona, me gusta.

RA: Sabemos que usted se especializó en el libro de Hebreos, ¿por qué?

FC: Porque es un libro muy importante para la Iglesia Adventista. En primer lugar, su cristología es la más profunda y la más bella del Nuevo Testamento. Y su argumento es muy bonito: Jesús es Rey y es Sumo Sacerdote. El sacerdocio de Jesús no es tan claro en otros libros ni epístolas de Pablo. Además, Hebreos habla del Juicio, de la preparación para enfrentarlo, del Santuario celestial, de la creación de un nuevo pacto. El libro tiene una función muy importante. Hay que estudiarlo más. Tiene una teología clave. Pero es un libro que, a veces, hemos descuidado.

RA: ¿Cree que ese descuido tiene que ver con que, por lo general, se piensa que es un libro difícil de entender?

FC: Sí, desde luego, existe esa percepción. El libro de Hebreos es complejo, pero toda la Biblia lo es. Juan parece muy sencillo, pero no lo es, tampoco. Hebreos es precioso. Es un libro que tiene muchas cosas para analizar.

RA: ¿Qué consejos puede dar a los lectores para estudiar Hebreos?

FC: Que lo hagan, porque tiene un tema muy importante, que es la fe; y la fe es esencial para el adventista contemporáneo. Esa fe es descrita en el libro muy claramente. Hay un gran desarrollo en los capítulos 3 y 4 acerca de la generación del desierto que le faltó fe, y en cómo nos acercamos por la fe al Trono de la gracia. En el capítulo 10 se dice que el justo vivirá por la fe. Y en el capítulo 11 se da la descripción de todos los héroes de la fe. Creo que el objetivo central del autor de Hebreos es fortalecer la fe de los lectores para el Juicio y para la venida de Jesús.

RA: ¿Qué detalle encontró o descubrió en sus estudios de Hebreos?

FC: Hay muchos, pero uno en particular me encanta: Hebreos 2:14 al 16. Dice allí que Jesús participó de carne y sangre para destruir al que tenía el imperio de la muerte. Y se lo describe como un guerrero, como un campeón que pelea por su pueblo y lo libera, así como lo hizo Moisés con Israel. Me gusta la figura que usa Pablo, que es la de un guerrero. Es decir, estamos hablando de un soldado. Se lo puede comparar con figuras míticas griegas como Hércules, que vence al temor a la muerte. Pero este Guerrero va más allá: él, directamente, vence a la muerte. Él nos libera de la esclavitud del pecado.

En el Antiguo Testamento, el Libertador es Dios. Isaías 59 dice que Dios es un guerrero que pelea por su pueblo. Jesús pelea por nosotros y se lanza como guerrero para defendernos. Jesús derrota al diablo. Como en Efesios 6, Pablo usa una figura bélica. Imaginamos, tal vez, al cristiano en soledad, y no es así. Dios pelea contra Satanás, y somos parte de un ejército. No estamos solos. Nuestro campeón es Cristo Jesús. Esta es una imagen que me gusta mucho. Pablo usa esta imagen, no se trata de un concepto abstracto.

RA: Estamos en 2017, y este año se cumplen quinientos años de la Reforma Protestante. ¿Qué ideas le genera esto?

FC: Sin duda, es un evento realmente importante en la historia del mundo, y parte aguas, seas o no cristiano. La herencia y la influencia de la Reforma se hace sentir en todos lados. Pero la Reforma no culminó.

Por otra parte, también vemos que la Reforma tuvo consecuencias no deseables. Uno de los efectos no intencionales es el surgimiento del Método Histórico-Crítico. Este método pone a la razón por sobre la Palabra de Dios. Tiene consecuencias graves, porque la Biblia deja de ser la Palabra de Dios revelada para volverse un elemento humano, y así pierde poder. Como resultado, sobrevienen el secularismo y la falta de fe.

No obstante, la Reforma rescata la Biblia. Ahora, este Libro Sagrado ya no está más bajo el poder o bajo el ala de una iglesia determinada; cada persona puede leerla por sí misma. El evangelio es nuestro, y nos recuerda que el justo vive por la fe, que no depende de sus obras o de sus actos buenos. La fe es el único instrumento por el cual podemos apropiarnos de la justicia de Cristo.

RA: Usted recorre gran parte del mundo predicando y brindando seminarios. ¿Qué problemáticas y qué cosas positivas puede ver en la iglesia mundial?

FC: Una de las cosas que me asombra de la iglesia mundial es lo diferentes que somos. Un culto en el Brasil es distinto del de Trinidad y Tobago, y completamente diferente del de Hong Kong. Adoramos de diferente manera. Pero, por otro lado, tenemos ciertas características esenciales en común que nos hacen adventistas, como el sábado, la reforma pro salud, la fe en la segunda venida de Jesús y la Escuela Sabática. En lo personal, me parece muy importante la Escuela Sabática. Estudiamos lo mismo en todos lados al mismo tiempo.

Y, en relación con los problemas, creo que las iglesias en las distintas partes del mundo enfrentan desafíos diferentes. En algunos lados, el problema es el secularismo; en otros, la persecución; en otros, el Gobierno cerrado, que impide la predicación del evangelio; y en otros lugares es la falta de recursos.

RA: ¿Qué mensaje puede dejar para los lectores de esta revista como teólogo y pastor?

FC: Dios nos ha dado lo más precioso que podemos tener, que es la Biblia. Y no necesitamos un doctorado para entenderla. No necesitamos entender el griego y el hebreo para saber más de la Biblia; lo que necesitamos es la disposición a aprender. Una persona que abre la Palabra de Dios, ora y pide dirección celestial recibirá orientación. Ese es un gran privilegio.

Otra cosa que creo que hay que mantener es el gozo, que es fruto del Espíritu Santo. El gozo de estar en comunión con otros, de compartir una comida, de compartir el sábado, como hermanos. Hay que alimentar el gozo, experimentarlo.

Por último, quiero animar a Sudamérica a continuar el trabajo y la investigación de la Biblia. Y animarlos a seguir con esa gran pasión por el evangelismo y por la iglesia. Los animo, también, a apoyar a la iglesia mundial con sus ofrendas y con sus oraciones.

El recreo parece acabarse, y es hora de regresar a las reuniones plenarias. No obstante, luego de dialogar con Félix Cortés, queda el motivador imperativo de buscar conocimiento, afirmar la fe y cambiar el mundo. RA