Una mirada positiva al libro de Apocalipsis

¡Jesús reina! Es la última revelación del libro de Apocalipsis. Por cierto, el estudio de este libro es todo un desafío. Muchas veces está rodeado de un sinnúmero de conceptos en cuanto a la interpretación del mensaje que contiene. Pareciera que tenemos que ser expertos en historia o arqueología para poder entenderlo. Algunos solo destacan los conflictos, las luchas y las persecuciones.

Una mirada positiva

Pero ¿qué tal si lo vemos desde una perspectiva más simple y positiva? Juan alabó a Dios cuando entendió el objetivo del libro. Ese objetivo es mostrar que Jesús conquistó la historia por medio de su sangre. Él reina. Y, comprados por la sangre que derramó y la victoria de amor que ganó, los redimidos se constituyen en un reino de reyes y sacerdotes al servicio de Dios: Jesús reina, y reinamos con él (Apoc. 1:5, 6).

La revelación del libro se aprecia mejor cuando lo estudiamos a la luz de la obra mediadora de Cristo. El contexto del Santuario/Templo y el pacto de salvación de Dios son el trasfondo literario, histórico y teológico para todo en el libro.1 El libro es una visión con varios escenarios principales.2 Pero su objetivo no es distraer a los lectores con imágenes exóticas, o dificultar la tarea de los estudiosos que luchan por descifrar oscuras imágenes o ideas. Más bien, fue enviado como un mensaje de esperanza para los que aguardan la venida de Cristo en un mundo de intensos conflictos. Las luchas de los santos pueden ser grandes; la oposición del enemigo es fuerte. Pero la victoria de Jesús es nuestra esperanza. Es nuestra garantía. Él reina, y hará que reinemos con él. Eso es lo que encontramos, al observar los escenarios del libro. Nuestro recorrido nos llevará por las siguientes escenas:

Escena    Texto

I                 2:1-3:22

II               4:1-8:1

III              8:2-11:18

IV              11:19-14:20

Los escenarios de Apocalipsis

Los escritores de los evangelios resaltan la venida del Mesías en su etapa mediadora como sacrificio. Es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo (Juan 1:29).

En el libro de Apocalipsis, Cristo aparece realizando su ministerio de mediación en otra fase, como Sumo Sacerdote en el Templo celestial. Así es justamente como él se presenta a sí mismo en el mensaje a las siete iglesias: como un fiel mediador, que conoce plenamente a su pueblo y puede, así, representarlo ante el Trono de Dios.

Primer escenario

Por cierto que Cristo conoce a sus seguidores. Así lo deja bien en claro en el primer escenario de las siete iglesias. A los dirigentes de la iglesia de Éfeso, les dice: “Conozco tus obras, tu duro trabajo y tu perseverancia” (2:2). A los de Esmirna: “Conozco tus sufrimientos y tu pobreza. ¡Sin embargo, eres rico!” (vers. 9). Y al ángel de la iglesia en Pérgamo: “Sé dónde vives: allí donde Satanás tiene su trono. Sin embargo, sigues fiel a mi nombre” (vers. 13). A los de Tiatira: “Conozco tus obras, tu amor, tu fe, tu servicio, tu perseverancia”, y que sus obras posteriores son mayores que las primeras (vers. 19). Sabe que los de Sardis tienen nombre de que están vivos, pero están muertos en realidad (Apoc. 3:1). Sabe de la fidelidad de los de Filadelfia (vers. 8) y de la tibieza de los de Laodicea (vers. 15, 16). Los conoce a todos; nos conoce a todos. Nos conoce, y nos llama al arrepentimiento. Está decidido a ponernos en alto. Desea que el poder transformador de su sangre actúe en nosotros. Nos está atrayendo a la medida de la estatura de su propia plenitud (ver Efe. 4:13). Desea aplicar a nuestra experiencia individual y corporativa su justicia, que se encuentra disponible por su muerte sustitutiva en la Cruz (Apoc. 1:9-3:22). Desea presentarnos pronto a sí mismo y a su Padre, y a todo el universo, sin mancha ni arruga ni ninguna otra cosa, sino santos e inmarcesibles (Efe. 5:27).

Debido a su perfecto sacrificio sustitutivo, crucificados con él podemos vivir, no nosotros, sino él a través de nosotros, para la alabanza y la gloria de su nombre (ver Gál. 2:20; Efe. 1). Su llamado de atención y su advertencia de castigo no son para condenación. La denuncia del enfriamiento de Éfeso y la tibieza de Laodicea, o de la inmoralidad en Pérgamo o la herejía en Tiatira, no es un fin en sí misma; nos revela nuestra propia situación, y nos recuerda la esperanza que ofrece su llamado, al presentarnos las riquezas de la gloria de su herencia (Efe. 1:18). Cristo desea y necesita que nosotros experimentemos “cuán incomparable es la grandeza de su poder a favor de los que creemos. Ese poder es la fuerza grandiosa y eficaz que Dios ejerció en Cristo cuando lo resucitó de entre los muertos y lo sentó a su derecha en las regiones celestiales, muy por encima de todo gobierno y autoridad, poder y dominio, y de cualquier otro nombre que se invoque, no solo en este mundo sino también en el venidero” (vers. 19-21). Él reina, y nosotros reinaremos con él.

Cada promesa que Cristo hace a los vencedores en el conflicto, y que componen su iglesia, tiene que ver con que estén con él y lo acompañen en sus funciones de gobierno universal en el cielo. Hay un progreso creciente desde la primera iglesia hasta la última. La última iglesia, Laodicea, es la que recibe la promesa de que “al que venza, le daré que se siente conmigo en mi trono” (3:21). Dios desea tener cerca de sí a los seres humanos, y que colaboremos con él en el gobierno del universo, como lo destacó Juan en su alabanza introductoria.

Segundo escenario

La promesa a Laodicea abre el segundo escenario, que va desde Apocalipsis 4:1 hasta 8:1, con la vislumbre del Trono de Dios y la apertura de los sellos. Es extraordinario notar cómo van apareciendo en escena los seres que están alrededor del Trono, en una descripción concéntrica. El primer círculo de quienes rodean el Trono está conformado por los cuatro seres vivientes; Cristo está, también, ante el Trono como Cordero inmolado y León de la tribu de Judá. A los cuatro seres vivientes les siguen los siete espíritus de Dios; luego, los 24 ancianos; en otro, los ángeles; y el último círculo de integrantes corresponde a la gran multitud de los redimidos de la Tierra (Apoc. 7:9-17). La escena de la gran multitud de pie ante el Trono es una visión, y una promesa que Dios desea mantener.

Dios anhela tener a su lado a quienes redimió con la sangre del “Cordero”. El Cordero venció. El Cordero reina, y los redimidos reinarán con él.

El quinto sello describe la cercanía que Dios mantiene con sus testigos brutalmente asesinados. Mantiene ante el altar de su mismo Trono la memoria de la sangre derramada por sus siervos fieles (6:9-11). Esta sangre es la que clama a Dios por justicia, al igual que la sangre del primer mártir, Abel (Gén. 4:10).

En el escenario que sigue, el tercero, Dios dará respuesta al clamor de “hasta cuándo”, que se eleva de estos creyentes silenciados (Apoc. 6:10).

Tercer y cuarto escenarios

El tercer escenario va desde Apocalipsis 8:1 hasta 11:18, y anuncia la ejecución de la justicia divina final en contra de los que persiguen a sus fieles. Las trompetas tienen la intención de anunciar que se acerca la etapa final del ministerio de mediación de Cristo ante el Trono de Dios, en respuesta al clamor de los mártires. Las dificultades que desencadenan los juicios de Dios surgen por el rechazo de los seres humanos a Dios y a su Palabra. La oscuridad producida por falta de la luz que da la Palabra lleva a que los seres humanos se hayan alejado de Dios, y se encuentren a oscuras y a merced del dominio de fuerzas opositoras al gobierno divino. Estas dificultades se acrecientan con el sonido de cada trompeta.

La última trompeta anuncia la apertura del cuarto escenario, que va de Apocalipsis 11:19 a 14:20. Se introduce con una escena en el Santuario celestial ante el mismo Trono de Dios (11:19).

Este escenario describe con mayor detalle las artimañas, el engaño y la persecución de los opositores de Dios contra sus hijos fieles. Con el simbolismo de tres señales, Dios da sobradas razones para ejecutar sus juicios. Pero, en medio del fragor del conflicto, presenta nuevamente la seguridad de la redención.

Lo hace mediante un paréntesis, que menciona otra vez la figura de los 144 mil (Apoc. 14:1-6), recordando que Dios está activo para llevarlos a estar con él. Entonces, después de presentar la compañía de los salvados y el anuncio del mensaje de salvación, el capítulo concluye con una descripción de la venida de Cristo para juicio (14:17-20). Esta secuencia presenta un clímax de la acción que encierra el libro de Apocalipsis: Cristo viene como rey victorioso, a vindicar su nombre y a reclamar a los suyos. Él reina. Y ellos reinarán con él (14:17-20).

“Se acabó”

El resultado de la venida de Cristo se muestra en una escena anticipadora: es la “gran multitud” de los redimidos, y se presenta junto con la visión de la tercera señal, la de los ángeles que administrarán la ira de Dios (15:1-5). El derramamiento de las copas de la ira de Dios anuncia que Cristo deja de oficiar su obra de mediación en los lugares celestiales, para regresar a la Tierra. La última plaga contiene la sentencia: “Se acabó” (16:17). El fin de los opositores de Dios ya se considera un hecho. La última batalla en el Conflicto Cósmico, Armagedón, se menciona brevemente. Pero, en el siguiente escenario, Dios brinda más detalles sobre esta batalla y la caída de sus oponentes.

Las alabanzas de la gran multitud de redimidos celebra la felicidad que produce el final del Conflicto (Apoc. 19:1-21:1). Los que se gozan son aquellos que tuvieron parte en la primera resurrección (20:4-6), y que ven cumplida la promesa de respuesta a su clamor: “Hasta cuándo” (6:10). Pero, al igual que la escena exultante de Apocalipsis 15:2 al 5, el gozo que introduce Apocalipsis 19 es, en realidad, una vislumbre del final que anticipa este escenario.

Esa vislumbre introductoria inspira a los lectores a continuar confiadamente la descripción de las escenas que deben tener lugar antes del fin. El Cielo festeja que Cristo ha llegado a reinar. Él viene, y se prepara para regresar por tercera vez, cuando definitivamente pondrá fin al Conflicto y restaurará el pleno gobierno de Dios en el universo.

Él reina, y nosotros reinaremos con él. Él es el Cordero y nosotros somos su pueblo (19:7). En Apocalipsis 19 al 21, vemos los aspectos revisores y ejecutores del Juicio que ponen término al conflicto entre el bien y el mal. Incluso, se dan más detalles sobre la batalla de Armagedón.

Conclusión

El final del libro de Apocalipsis, Dios restaura plenamente a la humanidad como parte de la familia de su creación. El círculo de aquellos que Dios quiere que estén ante su Trono se completa. Los redimidos, en Apocalipsis 20:6, ofician como sacerdotes y reyes de Dios y de Cristo, según lo ya anunciado en 1:6; 5:10 y 7:15.

¡Dios hace nuevas todas las cosas! (21:5). Juan tiene el privilegio de ver en detalle los extraordinarios momentos que esperan a los redimidos en la Nueva Jerusalén, que desciende del cielo preparada por Dios. En ella no habrá templo, porque Dios mismo es el Templo (21:22). Dios es mostrado como el Tabernáculo viviente (21:3), cuyo sacrificio, justicia y juicio constituyen la mediación perfecta para redimir a quienes estaban separados de él por causa del conflicto. Tanto en Apocalipsis 7:15 al 17 como en 21:4, se hace énfasis en que los redimidos no tendrán que padecer situaciones que antes les causaban dolor: no tendrán sed, el sol no los molestará, Dios enjugará toda lágrima de sus ojos.

Dios mostró finalmente, a Juan, cómo hizo para que la gran multitud de redimidos estén ante su Trono (7:15), y disfruten del gozo de estar ante su presencia, junto con el resto de su creación.

Epílogo

El epílogo de Apocalipsis concluye diciendo que “el trono de Dios y del Cordero estará en ella [la ciudad], sus siervos lo servirán, lo verán cara a cara, y llevarán su nombre en la frente” (21:3, 4).

Todas las escenas de Apocalipsis apuntan a un clímax final, remarcando el cumplimiento de la promesa de que “la gran multitud” de los redimidos de la Tierra estará ante el Trono de Dios, y serán reyes y sacerdotes al servicio del gobierno universal de Dios.

¿No es este el mensaje más esperanzador? Dios está plenamente activo, buscando tener consigo a sus redimidos de entre los habitantes de la Tierra: Jesús reina, y reinaremos con él.RA


Referencias:

1  Desde sus comienzos, en la IASD se ha estudiado las actividades del Santuario como una creencia clave para comprender varias doctrinas de la revelación bíblica. Algunos autores de las últimas dos décadas han escrito sobre este tema. Véase Alberto Treiyer, El Día de la Expiación y la purificación del Santuario (Florida, Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1988); Richard M. Davidson, “In Confirmation of the Sanctuary Message”, Journal of the Adventist Theological Society 2, N° 1 (1991), pp. 93-114; Alberto R. Timm, The Sanctuary and the Three Angels’ Messages: Integrating Factors in the Development of Seventh-day Adventist Doctrines (Berrien Springs, Michigan: Adventist Theological Society Publications, 1995 ©, 2002).

2 Son varias las propuestas de división de este libro que se basan en énfasis diferentes: las escenas del Santuario; los paréntesis entre escenarios; etc. Véase Ranko Stefanovic, Revelation of Jesus Christ (Berrien Springs, Michigan: Andrews University Press, 2002), pp. 43-45; Jacques Doukhan, Secretos del Apocalipsis; Ekkehardt Müller, Microstructural Analysis of Revelation 4-11, Andrews University Seminary Doctoral Dissertation Series (Berrien Springs, Michigan: Andrews University Press, 1994); Kenneth A. Strand, “Mysterious Apocalypse: Interpreting the Book of Revelation”, AUSS, 34, Nº 2 (1996), pp. 347, 348; Jon Paulien, Decoding Revelation’s Trumpets, Andrews University Seminary Doctoral Dissertation Series, t. XI (Berrien Springs, Michigan: Andrews University Press, 1987).


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