“Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud”, escribió el sabio Salomón en el libro de Eclesiastés. La juventud es una etapa de grandes decisiones. Lo que elijas en este momento de tu vida va a determinar, en gran porcentaje, cómo va a ser tu futuro. La carrera por estudiar, con quién vas a compartir toda tu vida… son decisiones de mucho peso para tomarlas a la ligera.

Aunque los jóvenes generalmente rebosan de salud y no es su preocupación pensar en evitar enfermedades “propias de los ancianos”, es de sabios estudiar los remedios naturales acerca de los cuales Dios nos ha enseñado. Son un regalo del Creador y son útiles en todas las edades.

La juventud es el momento para buscar nuevas vivencias, nuevos caminos, que antes no podías experimentar por la corta edad. Dios, al crearnos, puso en nosotros la sensación de gozar y disfrutar. Él está contento cuando sentimos placer y felicidad por alguna actividad que estamos realizando.

Pero, no es el “placer fugaz” el que lleva a la felicidad verdadera. Cuántas veces vemos, en las noticias, jóvenes llenos de salud que en una fiesta probaron alguna droga sintética en busca de placer extremo, y ahora aparece su foto como una víctima más de un pensamiento colectivo: “Hay que disfrutar el momento al máximo”.

La propuesta de Dios es distinta: disfrutar de la naturaleza, observar el verde de los árboles, la perfección de una flor; escuchar el ruido de un arroyo; estudiar la Palabra divina; servir a Dios… Cuánto placer produce observar la sonrisa de aquel a quien pudimos ayudar de alguna forma. Y todas esas sensaciones que Dios puso en nuestro cuerpo para que disfrutemos de la vida son ahora hermosos momentos constructivos, que dejan frutos que pueden llegar a ser eternos.

También Dios ofrece a los jóvenes respetar los remedios naturales: descanso, ejercicio, alimentación saludable, evitar lo que sea dañino… Porque, en última instancia, lo más importante que tenemos que hacer es buscar a nuestro Guía para poder tomar las decisiones correctas. Nuestro futuro depende de eso. Hay decisiones que pueden ser para vida eterna; y otras, para perdición. Y cerca de Dios es el mejor lugar para tomar las decisiones más certeras.

No has nacido solamente para ser un número más en este mundo. Dios te llama a formar parte de algo muy superior: “Pero ustedes son una familia escogida, un sacerdocio al servicio del rey, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios. Y esto es así para que anuncien las obras maravillosas de Dios, el cual los llamó a salir de la oscuridad para entrar en su luz maravillosa” (1 Ped. 2:9, DHH).

Jesucristo nos llama nuevamente: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo. Al que venciere le daré que se siente conmigo en mi trono” (Apoc. 3:20, 21). No hay mayor placer que poder estar junto al Trono, al lado de Cristo. Hoy es el momento de elegir servirlo; tomar decisiones pensando en la misión que Dios nos ha encomendado. Él nos promete que se preocupará por nuestro futuro. “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mat. 6:33).

Pide a Dios sabiduría de lo alto. No te defraudará. RA