¿Cuál es el rol de un abuelo? Puede variar significativamente, desde uno demasiado comprometido hasta uno totalmente desentendido. Para un abuelo cristiano y comprometido, la mejor pregunta sería: ¿Cuál sería el rol de un abuelo y qué influencia tiene en el desarrollo del carácter de sus nietos y su destino eterno? Hemos hecho una lista de cuatro maneras en las que podemos empezar a ser los abuelos ideales.

1. Tomar conciencia

Nos acordamos del día en que nos enteramos de que se agregaría un nuevo miembro a nuestra familia. Íbamos a ser la abuelita y el abuelito o, como fue en nuestro caso, la abu y el abu. NO fuimos parte de la decisión; simplemente, nos informaron de ello. Sin embargo, ni bien nos enteramos de que el bebé estaba en camino, fuimos parte de los planes y los preparativos para su llegada. Y pronto comenzó nuestro rol como abuelos.

Es sencillo dejarse llevar por la corriente, pero muchas veces la corriente nos aleja en vez de acercarnos. Si no somos conscientes, es muy fácil ensimismarnos en nuestro mundo y no ser parte del de ellos. Tomar conciencia significa anotar en el almanaque las fechas especiales y los horarios de nuestro nieto o nieta. Esas fechas pueden ser actividades que planeamos hacer juntos, o una llamada telefónica, o mejor aún, una videollamada. Significa acordarnos de las fechas, los programas de iglesia y planes para las vacaciones.

De paso, ¿sabía que, como abuelo, usted es un ejemplo para seguir y tiene gran influencia en su familia? Por eso, tomar conciencia de ello es fundamental: está ayudando a moldear una vida.        

2. Amar sin condición

Dios es amor. Si los abuelos deseamos tener éxito para llegar al corazón de nuestros nietos y ser una influencia positiva en su vida, debemos ser amor, amor incondicional. Los niños que saben que son amados desarrollan una autoestima y una confianza en sí mismos saludables. Amor incondicional no es dejar que los nietos hagan lo que quieran. No es eso lo que los niños realmente quieren. Amor incondicional significa que nunca dejarán de amarlos por una decisión que ellos han tomado, no importa cuán mala pueda ser.

El ex presidente estadounidense Jimmy Carter expresó: “Dado que generalmente [los abuelos] tienen la libertad de amar, y guiar y hacerse amigos de los más pequeños sin tener que asumir diariamente la responsabilidad que tienen los padres, pueden trascender el orgullo y el temor al fracaso, y cerrar la brecha generacional”. ¡Cuán cierto! Nuestro hijo tenía una relación muy especial con su nona; así la llamaba a la mamá de mi esposo. En sus recuerdos más tempranos, recuerda a su nona siempre abrazándolo, mimándolo y cantándole “Te quiero yo”. Cuando mi hijo formó su propia familia, les transmitió a sus hijos el sentirse amados cantándoles esa canción mientras los abrazaba y los mimaba a la hora de dormir.

3. Dedicar tiempo

Los niños demandan la atención de los adultos. Al dedicarles tiempo, les decimos a nuestros nietos que son importantes para nosotros, ya sea cuando les cantamos una canción o lo hacemos juntos, o les leemos un libro. Hay estudios que demuestran que un niño al que se le lee con regularidad tiene más posibilidades de que le vaya bien en la escuela y tenga éxito en la vida. Más allá del éxito escolar, no hay nada más placentero que una cabecita apoyada en nuestro hombro y una vocecita adormilada susurrando: “Leeme más, abue; ¡solo un librito más!”

De paso, ¿sabía que, como abuelo, usted tiene una influencia poderosa? Esto es un hecho fundamental: venimos segundos en la lista, justo por debajo de los padres, en cuanto a influir en nuestros nietos sobre las verdades espirituales. Debemos cultivar la relación con nuestros nietos y con nuestros hijos. Nuestros valores, actitudes, estilo de vida, las palabras que decimos y nuestras acciones son de gran influencia. Tendremos la oportunidad de alimentar la fe incipiente de nuestros nietos y ser modelos de una fe sólida para nuestros hijos.

A continuación, hay algunas ideas que nos ayudarán a ser mentores y a discipular a esta generación de niños:

Salir a caminar juntos, tomándose tiempo para explorar. Esto abrirá la puerta para conversar de temas que nunca hemos pensado. No solo se generará un vínculo mutuo, sino también con la naturaleza.

Orar por ellos, y ¡con ellos! Somos su conexión con un Dios que ellos no pueden ver.

Compartir proyectos de servicio comunitario. Trabajar juntos para ayudar a otros es la mayor experiencia educativa que exista.

Participar juntos de experiencias de adoración placenteras y memorables.

¡Jugar! Jugar a la mancha, la escondida, o al tutti frutti cuando viajan en auto, o un juego de mesa. Un juego que continúa siendo el preferido de nuestros nietos es esconder un lagarto de plástico de 15 cm de largo, aproximadamente. Nos turnamos para esconderlo y luego salir a buscarlo. El juego evolucionó al punto de que nuestros nietos lo esconden antes de irse de nuestra casa y nosotros lo encontramos después en lugares tan extraños como la heladera o bajo nuestra almohada. Y nosotros a su vez lo escondemos para que ellos lo tengan que buscar cuando vuelvan.

De paso, ¿sabía que si queremos orar con nuestros nietos primero debemos jugar con ellos?

4.Ser un ejemplo

Los nietos son rápidos para darse cuenta de quiénes somos y qué es importante para nosotros. Permitamos que vean nuestro caminar diario con Dios y nuestra fe incondicional en él. Permitamos que conozcan nuestra confianza en los relatos y las promesas de la Biblia. Permitamos que vean cómo nuestra vida refleja a Jesús a través de la manera en que tratamos a otros, en los comentarios y las cosas que hacemos, y en los libros que leemos por placer. Ellos se darán cuenta de aquello que nos importa.

Nuestros nietos saben dónde estaremos cada día de reposo. La iglesia es una constante en la que pueden confiar. Ahí estamos cuando nos visitan; ahí están cuando los visitamos. Aun cuando estamos acampando, la iglesia familiar es parte de la agenda de actividades, y ellos la anhelan porque son parte de un servicio de adoración activo y alegre.

No necesitamos decir que nuestra unión con Dios se basa en nuestra relación con él. Eso es lo que nuestros nietos necesitan ver. Si vamos a transmitirles nuestra fe, tenemos que permitirles que la vean, que vean nuestra alegría en Jesús y cuán importante es esa relación para nosotros.

Tenemos tanto para ofrecer como abuelos: amor incondicional, ejemplo espiritual, sabiduría y, lo más importante, tiempo. Nuestros nietos nos necesitan. Nuestros hijos necesitan que seamos abuelos presentes y comprometidos con sus hijos.       

De paso, ¿sabía que el tercer domingo de agosto es el Día de los Abuelos en algunos países?  RA

Sobre El Autor

BOB es profesor de Biblia y ayudante de capellán en el colegio Spencerville Adventist Academy, en Maryland, EE.UU. Su esposa, SHERRI, es directora del Ministerio del Niño de la División Norteamericana.

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