¿Quiénes pueden ser particularmente susceptibles a los efectos que produce el desayuno en la actividad cerebral, el comportamiento y los resultados académicos? Los niños. Ellos tienen un metabolismo más alto de la glucosa cerebral, en comparación con los adultos. Estudios de Tomografía por Emisión de Positrones mostraron que la utilización de glucosa cerebral es aproximadamente dos veces mayor en niños de 4 a 10 años que en los adultos. Esta mayor utilización de la glucosa disminuye gradualmente a partir de los 10 años y, por lo general, llega a los niveles del adulto a la edad de entre 16 y 18 años.

“La alta ingestión de azúcar aumenta la agresividad y la hiperactividad”.

Por otra parte, se consume más energía durante la infancia y la adolescencia, en comparación con los adultos, y son menores las reservas de glucosa al despertar a la mañana, debido a mayores exigencias del sueño. De ahí, la importancia del desayuno para poder enfrentar las actividades de la mañana. Observando a niños en edad escolar que desayunan, se encontró que presentan una mayor resolución de problemas, memoria a corto plazo y atención. Sin embargo, el desayuno es la comida más frecuentemente omitida.

El tipo de desayuno que preparamos a nuestros hijos es importante. Una investigación realizada en el Japón determinó que los niños que desayunaban con arroz blanco tenían mayor cantidad de sustancia gris en el cerebro y un coeficiente intelectual más elevado, comparado con los que desayunaban con pan blanco. La diferencia entre los dos tipos de desayuno es el índice glucémico; esto es, los carbohidratos del arroz se absorben en el intestino lentamente; en cambio, el pan presenta una absorción más rápida. La absorción lenta de los carbohidratos asegura al cerebro una estabilidad en la cantidad de glucosa que se ofrece a las neuronas, favoreciendo su función y desarrollo. Los alimentos de un índice glucémico elevado, o de absorción más rápida, crean ascensos y descensos bruscos de glucosa en el cerebro, que son contraproducentes. Esto se une a otros estudios, por los cuales se pudo observar que la alta ingestión de azúcar aumenta la agresividad y la hiperactividad.

Alimentos como el pan de harina integral o con salvado, y los cereales, tienen un índice glucémico bajo. También se debe complementar el desayuno con frutas y semillas, como  nueces o almendras, para enriquecer esa comida. La ciencia ha demostrado que un desayuno correcto con un bajo índice glucémico, y las vitaminas y los minerales necesarios, se relaciona con un mayor rendimiento y mejor conducta en los niños y los adolescentes.

Con el desayuno, podemos crear un clima propicio para reflexionar. Encontramos, así, una herramienta más para favorecer la comunicación de nuestros hijos con su Creador. Ocupar un momento para leer la Biblia con ellos, hablarles del amor de Dios y de cómo él se alegra de ver la familia estudiando su verdad; orar juntos; enseñarles a confiar en Aquel que hace todo para nuestro beneficio; agradecer a Dios por sus bendiciones y por darnos la posibilidad especial de compartir su comida, su desayuno, con nosotros eternamente cuando él vuelva a buscarnos. Este es el complemento ideal para tener el mejor desayuno no solo para nuestros hijos, sino también para todo aquel que quiera acercarse al Trono de Dios. RA