REVELAMOS UN IMPORTANTE HALLAZGO: LAS NOTAS DE FRANCISCO RAMOS MEJÍA* SOBRE LACUNZA.

Noticia biográfica. Manuel de Lacunza y Díaz, (Santiago, Chile, 1731- Ímola, Italia, 1801) fue un sacerdote jesuita exiliado a los Estados Pontificios por la expulsión de su orden de los territorios españoles, decretada por el rey Carlos III. Se estableció en Ímola en 1768. Estudió las profecías bíblicas y escribió La venida del Mesías en gloria y magestad (ortografía original, preservada en las citas aquí).  Esta obra, escrita entre 1775 y 1791, estaba destinada a tener gran influencia en toda la cristiandad occidental, tanto católica como protestante, y tanto en Europa como en las Américas.1

La edición belgraniana. En efecto, ya en 1785 la obra comenzó a circular en Hispanoamérica en borradores parciales copiados a mano. Fue impresa primero en Europa (ej. Cádiz, 1812),2  en ediciones limitadas e imperfectas, pero la primera edición que se difundió ampliamente en el continente americano fue la de Manuel Belgrano, héroe nacional argentino. La encargó durante su estancia como diplomático en Londres en 1815, y se imprimió allí en 1816.

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Por Aecio E. Cairus

El Dr. Manuel Belgrano (1770-1820), como muchos otros hispanoamericanos, consideraba ya entonces a Lacunza un genio de la teología. Como los borradores manuscritos diferían entre sí, y tenía una copia auténtica, decidió costear una nueva edición más confiable. Como “Editor”, afirma en el prólogo que esta obra, “aun quando no hubiese otras, sobraría para acreditar la superioridad de los talentos americanos”.  Esta edición permitió estabilizar y proteger la integridad de su texto.3 Podemos, entonces, considerar que al momento de escribir estas líneas nos hallamos en el bicentenario de la obra de Lacunza en Hispanoamérica.

Influencia de Lacunza. Cuando se escribió La venida del Mesías, tanto católicos como protestantes en general entendían que el reinado de Cristo en la Tierra se inauguró con su ascensión en el siglo I, y que desde entonces se instrumenta mediante la acción de la iglesia cristiana en un largo proceso histórico político-religioso, que concluye con el triunfo de la iglesia en todo el mundo, y un consecuente “milenio” de paz  y prosperidad terrenas. En contraste, Lacunza probó, en cuatro detallados tomos de estudio de las profecías, que el milenio bíblico se inicia repentinamente, con un acontecimiento sobrenatural: la segunda venida de Cristo y la resurrección de la carne de los “muertos en Cristo” (2 Tes 4:13-17). Es fácil imaginar las implicaciones políticas y misionales de una y otra postura. 

La venida del Mesías en gloria y magestad fue traducido al inglés por el pastor presbiteriano Edward Irving (1792-1834) en 1825, y analizada en los “Congresos Proféticos” de Albury Park (Londres, 1826-1831). El nutrido diálogo de estudiosos en estas y similares reuniones, artículos periodísticos y libros promovió el interés del público de habla inglesa en las profecías sobre la segunda venida de Cristo tanto en Gran Bretaña como en los Estados Unidos. Este interés posibilitó que Guillermo Miller (1782-1849), un estudioso laico bautista, fuera invitado a dirigir similares reuniones en la costa este de los Estados Unidos en las décadas  de 1830 y 1840. Entre sus adherentes se contó el núcleo inicial de la actual Iglesia Adventista del Séptimo Día.

«RAMOS MEJÍA FUE UN PATRICIO, UN ESTANCIERO, UN EDUCADOR, UN DEFENSOR DE LOS DERECHOS DEL INDIO Y UN ESTUDIOSO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS».

La Iglesia Católica, después de mucho debate público tanto entre sus laicos como entre sus sacerdotes,4 terminó poniendo La venida del Mesías en el índice de libros prohibidos, en 1824. Las grandes iglesias nacionales protestantes (como la Anglicana, en Inglaterra; la Presbiteriana, en Escocia; la Reformada, en Holanda y Suiza; y la luterana, en Escandinavia y varios Estados alemanes), vinculadas a sus respectivos Estados nacionales, también siguieron aferradas al concepto de un triunfo gradual de la iglesia cristiana unida al Estado, que llevaría a un milenio de prosperidad terrena.

Pero las iglesias “libres” (sin apoyo ni supervisión estatal), que hoy llamamos genéricamente “evangélicas”, como por ejemplo las bautistas, y más tarde las pentecostales, adhirieron al concepto lacunciano de un milenio inaugurado sobrenaturalmente con la resurrección literal de los justos muertos, que defendieron en los congresos en Albury Park. Siendo que este movimiento posibilitó el despegue del adventismo estadounidense en los años 1831-1843, también ha sido llamado “el despertar adventista europeo”, o “el movimiento adventista intercontinental”.

Sin embargo, hay diferencias doctrinales dentro de ese movimiento intercontinental. Las iglesias evangélicas aceptaron, de Lacunza (y especialmente de un participante de Albury Park,  J. Nelson Darby), la idea “dispensacional” de que la nación judía, después de la segunda venida de Cristo, vería el cumplimiento literal de profecías del Antiguo Testamento tales como Isaías 65-66, y gozaría de una posición privilegiada en el mundo, aun cuando seguirían siendo mortales, mientras que los cristianos resucitados serían ya inmortales.  El apoyo casi automático de la mayoría de los evangélicos y los pentecostales estadounidenses a las políticas del Estado actual de Israel se relaciona con esta convicción. En disidencia con Lacunza, Miller enseñó que “no hay privilegios para Israel por fuera de la iglesia”. Esa es también la posición adventista del séptimo día.

De este modo, la obra de Lacunza tuvo una influencia clave en el desarrollo del pensamiento teológico moderno, especialmente entre los evangélicos dispensacionalistas y los adventistas, y su consiguiente proyección geopolítica y misional actual.

El pensamiento de Ramos Mejía

Noticia biográfica. Francisco Hermógenes Ramos Mejía (Buenos Aires, 1773-1828) fue un patricio argentino, regidor (concejal) del Cabildo (Municipalidad) de Buenos Aires (1810-1811),5 estanciero, educador religioso de los pueblos originarios y representante de estos en los acuerdos pactados con el Gobierno de la provincia de Buenos Aires. Esto último alimentó las sospechas y recelos del Gobierno, que le ordenó regresar desde su estancia en Kaquel Huincul (entonces territorio indígena, cerca de la actual ciudad de Dolores) y lo confinó en 1821 a su otra estancia, en Tapiales (cerca de la ciudad de Ramos Mejía, partido de La Matanza, dentro del conurbano de Buenos Aires), hasta su muerte.

Anticipación de sus ideas. Para los protestantes, resulta de interés que, habiendo sido instruido en teología católica en el colegio jesuita de San Carlos (Buenos Aires), Ramos Mejía manifestara puntos de vista netamente evangélicos.6 Específicamente para los adventistas del séptimo día, sus creencias tienen además el valor de incluir, junto con el regreso de Cristo y la resurrección de los justos al inicio del milenio bíblico, la observancia del día de reposo bíblico (el sábado), y la concepción unitaria de alma y cuerpo en el ser humano, que perecen juntos y se restaurarán juntos en la resurrección.7

Los adventistas del séptimo día hacen referencia, en su nombre confesional,  a la adopción del sábado bíblico por parte de una sección del movimiento millerita en los “Congresos Sabáticos” de 1848 a 1850, dirigidos inicialmente por José Bates, quien obtuvo el concepto en 1845 por estudios bíblicos de la Iglesia Bautista del Séptimo Día. Pero Ramos Mejía se anticipó a los milleritas sabatistas estadounidenses, ya que se puede documentar fehacientemente su observancia del sábado desde 1821. En contraste, en los Estados Unidos estas ideas se manifiestan juntas solo a partir de 1844, y cristalizan en la Iglesia Adventista del Séptimo Día con ese nombre a partir de 1861. En este sentido, puede considerarse a Ramos Mejía el primer adventista del séptimo día del mundo, si bien la intolerancia de la sociedad argentina de sus tiempos no le permitió desarrollar un movimiento comparable al de los adventistas de habla inglesa, que son algo posteriores a él.

Obra escrita. Los escritos de Ramos Mejía han perecido en gran parte, a veces destruidos por descendientes ofendidos por sus opiniones contrarias al catolicismo. Aparte de un opúsculo político-religioso de solo 15 páginas, El evangelio de que responde ante la Nacion el ciudadano Francisco Ramos Mejía (s.e., Buenos Aires, 1820), se conocían notas manuscritas que dejó en los márgenes de su ejemplar personal de los cuatro tomos del libro de Manuel Lacunza y Díaz, La venida del Mesías en gloria y magestad. Esas notas, redactadas c. 1818, reflejan en forma más acabada el pensamiento religioso de Ramos Mejía. El Dr. Clemente Ricci, catedrático de la Universidad de Buenos Aires y de convicciones evangélicas, transcribió algunas de ellas en artículos en la revista La Reforma , desde 1923.

En estas pocas transcripciones se basaron autores adventistas que escribieron sobre las ideas de Ramos Mejía, tales como D. Hammerly Dupuy y J. C. Priora.8 Pero estos estudiosos de la historia del adventismo en Latinoamérica no habían visto nunca el original. Los bicentenarios tomos de Lacunza, con las valiosas notas de Ramos Mejía, se habían perdido de vista por cerca de un siglo.

Sin embargo, en 2016, el tomo 4 de Lacunza (en la edición belgraniana de Londres, 1816), que utilizó Ricci, reapareció gracias a un donante anónimo que generosamente lo cedió al grupo de investigación “Manuel Lacunza”, con sede en Libertador San Martín, Entre Ríos, República Argentina. Tal donación hizo posible que esta fuente primaria para el estudio de la historia del protestantismo y del adventismo en la Argentina esté hoy disponible para los investigadores en transcripción, así como en fotografías digitalizadas del original, en la biblioteca de la Universidad Adventista del Plata.

Selecciones de la nueva fuente primaria

El tomo recuperado contiene unas 280 notas de Ramos Mejía. No son de fácil lectura, por estar escritas a mano en la antigua letra española, y a veces apretadas en el poco espacio disponible en los márgenes del libro. Por ese motivo, se realizó una transcripción preliminar que facilitará el trabajo a futuros investigadores, para completar el conocimiento de las ideas de Ramos Mejía.9 Se ofrecen aquí algunas notas a manera de muestra.

«CREÍA EN LA AUTORIDAD DE LA BIBLIA, EN LA SALVACIÓN POR LA FE, EN LA SEGUNDA VENIDA DE JESÚS Y RESPETABA EL SÁBADO BÍBLICO».

Ideas protestantes generales

Algunas ideas ya descritas por C. Ricci aparecen confirmadas y ampliadas en el nuevo material. El número que aparece en estas muestras aquí, junto al margen izquierdo, es la página de Lacunza t. 4 sobre la que comenta Ramos Mejía.

1- La sola Biblia. Ya C. Ricci había citado del tomo que nos ocupa:

Pág. 219: “¡Sujetemonos pues ya á lo que nos digan las Escrituras de Dios, y no á las de los hombres! ¡Hombres que tanto se contradicen!”

Este principio se puede ampliar ahora en otras notas:

56- “Estemos pues al contexto de la Escritura según la misma Vulgata [su única versión]; y a todos los contextos de todas las Escrituras”. 

2- Salvación por la sola fe. Para Ramos Mejía, las obras no son acciones emprendidas por su valor meritorio sino simplemente una vida que sigue con humildad la palabra de Dios:

Págs. 387-388: “El Justo vive de la Fe, ante Jesús. El Ignorante que cierra los ojos […] ese es como un Bruto, del qual deben hartarse las aves [Apoc. 19:21]”.

La “ignorancia” del “bruto” es culpable, porque cierra voluntariamente sus ojos ante la palabra de Dios.

3- La sola primacía de Jesucristo. Los protestantes en general, al igual que los ortodoxos y otros cristianos de oriente, niegan el vicariato de Jesucristo en el obispo de Roma, que esta defiende con una complicada cadena de suposiciones.10 Ramos Mejía lo niega sobre la base del sacerdocio y pontificado único de Cristo:

Págs. 223-224: “Es así que el Pontificado de Aarón era figura que cesó en virtud del Apostolado y Pontificado de Jesu–Christo […]. Hebreos cap. 3. v. 3 [pues de una gloria tanto más amplia es estimado éste que Moisés, cuanto más gloria que la casa tiene aquel que la fabricó]. Luego el Pontificado y Sacerdocio de Roma es una antigua iniquidad. ¿Y dónde está el Anti-Christo? Apocal. cap. 13 v. 3 [‘Y vi una de sus cabezas como herida de muerte, y la herida de muerte suya fue curada. Y se admiró toda la tierra en pos de la bestia’]”.

Ideas evangélicas

Estas son las ideas presentes en las “iglesias protestantes libres” por influencia de pensadores como Zwinglio y Juan Calvino, si bien en Ramos Mejía no hay rastros del predestinacionismo de Calvino.

1- Eucaristía simbólica. El carácter antibíblico del dogma católico sobresale en su concepción de la Eucaristía:

Pág. 133: “Sobre todo, en lo que mas ha hecho Roma de las suyas, es en quanto a su Sacramento del Pan, y vino”.

Al citar 1 Corintios 11:23 en la página 239, Ramos Mejía comenta que “Jamás [lo] entenderán […] todos aquellos que se aferraron en el pan y vino material”. Se asombra (pág. 338) de que Roma llame “¡Accidentes, ó modos, ó sombras de la Imaginacion, al Pan, y vino de su Sacramento!”, en vez de reconocer que después de la consagración las especies subsisten realmente como pan y vino. Y luego deplora (pág. 379) que es “en el Pan y vino, donde Roma coloca á su Dios” (subrayado original). Tal dogma es idolatría, como ya lo había remarcado en el tomo III.11

2- Rechazo del sacerdotalismo. Este punto es corolario del anterior, pues sacerdote es todo aquel “que es tomado de entre los hombres […] para que presente ofrendas y sacrificios por el pecado” (Heb. 5:1). Tanto la Iglesia Católica Romana, como las ortodoxas y las orientales, y en menor medida también la anglicana y la luterana, entienden que los ministros de la iglesia son verdaderos sacerdotes, alegando que la Eucaristía es un “verdadero sacrificio” que prolonga en el altar el sacrificio de Cristo en la cruz del Calvario. Contra esto reacciona Ramos Mejía.

Para él (pág. 224), tanto “el Pontificado” papal como el “Sacerdocio” de la iglesia romana “es una antigua iniquidad.” En el tomo III, página 247, sostiene que “No hay más Sacerdote verdadero que Jesu-Christo, Dios y Hombre. Los demás, todos son falsos: nadie los ha puesto”.12 Y ahora agrega, en el tomo IV:

Pág. 238: “En todos tiempos está Jesu-Christo ofreciéndole á su Padre el Sacrificio de su cuerpo y su sangre; por que nunca faltarán algunos Fieles a él, por quienes ofrecerle”.

De este modo, Ramos Mejía nos señala en dirección al ministerio de Cristo en el cielo, al igual que lo hace Calvino, verdad bíblica que ayudó a Guillermo Miller (bautista y calvinista) a entender el Santuario de Daniel 8:14 como celestial, no terrenal, y que posteriormente ayudaría a sus seguidores a encontrar el verdadero significado del 22 de octubre de 1844.

Ramos Mejía desarrolla en forma más completa sus razones para rechazar el sacerdotalismo, en otra página:

252: “Hablemos en castellano. La verdadera discordancia en la creacion, y ereccion, de la Gerarquía Eclesiastica Romana, que en unos siglos ha sido de un modo, y en otros de otro, como está, se manifiesta en su misma Historia, sin que haya Ley alguna de su ereccion, es prueba clarisima de su suplantacion [= falsificación], o de no haber entrado por la puerta, sino aliunde [= por otra parte, Juan 10:1]. Sobre todo eso; habiendo demonstrado el Maestro Pablo que Jesu-Christo no se hizo Pontifice, ni Sacerdote, a si mismo, sino expresamente su Padre, ad Hebreos cap 5 v. 5 y 6; habiendo demonstrado, que lo que está viejo está al perecer, y morir, cap. 8 v. 13, qual era el Sacerdocio Levitico; y Sec. Marc. c. 2 [v. 22] que nadie hecha vino nuevo en odre viejo; hace en fin ver en los capitulos siete, ocho y nueve a los Hebreos, con razones terribles contra Roma, que no tenemos pues necesidad de mas Sacerdotes ni Pontifice, Papa, ó Padre, que Jesu-Christo.”

A veces el rechazo del sacerdotalismo se traduce en Ramos Mejía en anticlericalismo práctico, al constatar que con frecuencia los sacerdotes faltan al celibato, incluso con actos homosexuales:

Pág. 25: “Si tú, Roma, siendo Christiana, vives tan pecadoramente ¿por donde quieres forzar a tus hermanos y pró[j]imos, sean buenos o malos, a que sean Romanos? […]  Ad Rom., cap. 1 v.v. 26 y 27 [‘Por eso Dios los entregó a pasiones de ignominia… cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres…’]”.

3- El Papado como bestia apocalíptica. Si bien el Papado como Anticristo, u hombre de pecado, fue la convicción en común de todos los protestantes en un principio, esta convicción se mantuvo firme sobre todo en las iglesias evangélicas (Confesión de Westminster xxv.6 en 1646, Confesión Bautista de Londres en 1689, etc., hasta la Declaración de los Bautistas del Sur, Estados Unidos, en 1939).

Como se mencionó, Ramos Mejía, en la página 224, señala al pontífice romano como el Anticristo de Apocalipsis 13:3: “Y vi una de sus cabezas como herida de muerte, y la herida de muerte suya fue curada. Y se admiró toda la tierra en pos de la bestia” (según Vulgata). Lo notable de esta convicción de Ramos Mejía es su cercanía con los hechos que permiten ver claramente el cumplimiento de la profecía.

La Iglesia Católica tuvo dificultades en Europa a causa de la Revolución Francesa, que culminaron con la prisión del Papa por el general Berthier en 1798. Pero, tras el inesperado Concordato con Napoleón en 1801, el catolicismo comenzó a recuperarse. Un presbiteriano, J. B. Romayn, fue el primero (1808) en discernir que esas dificultades habían sido solo una aparente “herida de muerte” que ya estaba siendo curada. Apenas diez años después, Ramos Mejía coincide. Se aprecia la contemporaneidad con los hechos interpretados cuando, al ver (pág. 343) que Lacunza habla del dragón de Apocalipsis  20:3, que será suelto de pronto “sin saber cómo ni por qué”, Ramos Mejía apunta en el margen lateral: “Como ahora”.

Ideas adventistas

1- Inminencia de la Segunda Venida. Si bien la mayoría de las iglesias evangélicas hoy cree en una Segunda Venida premilenial, y por lo tanto potencialmente inminente, la convicción arranca con el movimiento intercontinental adventista (ya visto en “Influencia de Lacunza”). Ramos Mejía anota con cuidado los cuatro tomos de su obra, aunque discrepa con él sobre todo en relación con las doctrinas en que el catolicismo difiere del protestantismo. Sin embargo, opina que a veces Lacunza ha velado su pensamiento:

Pág. 214: “Si el Autor huviera hablado claramente claro está que nadie huviera leído esta obra tan interesante, [la] qual ciertamente se debe reputar por el clarín o por la trompeta del Juicio”.

Si Lacunza es para él “la trompeta del Juicio” Final,  es que consideraba que ya hemos entrado en los días finales de la historia.

2- Inexistencia del alma en la muerte. Ya Ricci había observado que Ramos Mejía basa la esperanza de vida más allá de la tumba solo en la resurrección: “El hombre y su Alma o como se llame se disolverá: in pulverem [re]verteris [=al polvo volverás, Gen 3:19]. Pero luego resucitará, Caballeros!” (III 293).13 Es notable aquí cómo toma distancia de la terminología teológica de sus días: “Alma o como se llame”. Y en el tomo 4 su antropología es aún más avanzada. Lacunza menciona en la pág. 119 que “Esa santa ciudad es sin duda para habitación, no de espíritus puros, sino de personas compuestas de espíritu y de cuerpo, esto es, de los millares y millones de santos que vienen con Cristo ya resucitados”. El subrayado es original de Ramos Mejía, quien al respecto comenta:

Pág. 119: “Si por supuesto, el cuerpo del hombre es tierra; el espíritu no es más que la organización para la vida racional; porque espíritu y vida es lo mismo […] [Juan 6:63: las palabras (de Cristo) […] son espíritu y vida]”.

Es decir, el alma o espíritu humano no es otra cosa que materia organizada viviente, e inseparable por lo tanto de su cuerpo.  El espíritu es simplemente la vida, que al animar el cuerpo le permite manifestar una mente.

En otro pasaje lo equipara a la razón. Donde Lacunza, como buen católico, argumenta (pág. 431) que la fe sin obras está muerta (Sant 2:26) “así como el cuerpo sin espíritu está muerto”, Ramos Mejía corrige (pág. 431 b): “Así como el cuerpo sin su Razon está muerto”. El espíritu humano es simplemente la razón, o mente.

3- Aniquilación de los impíos. En el pensamiento de Ramos Mejía hay lugar para penas eternas, pero solo para un grupo de impíos.

Págs. 369-371: “Los enemigos de Jesus han de ir precisamente á un Suplicio eterno […]  No los pobres miserables: Si nada piden, nada se les dará. ¿Jesus juntará acaso la oveja mala con el lobo malo? [Juntará] la teología, según sus diferentes generos, con la miserable ignorancia? Mentira, mentira. Mentira. Los pobres serán los que han de desaparecer como el humo [Sal 37:20]”.

Es decir, la mayoría de los impíos son “oveja mala” pero no “lobos”; estos últimos, “los enemigos de Jesús”, son los teólogos que desvían a los pobres ignorantes. La vida eterna él la ofrece libre y generosamente a todos, pero a quien no la pide no se la dará. En consecuencia, los que no han acudido a Cristo “han de desaparecer como el humo”.

4- El sábado bíblico. En las notas a Lacunza, Ramos Mejía no se manifiesta guardador del sábado bíblico; todavía identifica el día del Señor con el domingo:

Pág. 297: “Aun el Domingo es en favor del Hombre, como día de la sabia Academia de la Creacion… Mar[cos] c. 2 v. 27…”

En cambio, para 1820, en El evangelio del… ciudadano Francisco Ramos Mexia, pág. 12, Ramos Mejía ya contrasta “la delicada ley del sábado, que es de la voluntad del Criador” con el “domingo siete”. Es que el domingo le recuerda la ofrenda vegetal de Caín, que superficialmente se parecía al sacrificio de Abel, pero en su sentido más delicado (como prefiguración del Cordero de Dios), no era más que un discordante “domingo siete”. Del mismo modo, en su sentido más delicado (IV 297, como “día de la sabia Academia de la Creacion”, cf Ex 20:11), el domingo no puede compararse con el sábado. La creación fue hecha en siete días, no en un día. Por lo tanto la observancia del séptimo día debe ser restaurada o “repristinada” (Evangelio, ibíd.). En 1821, Ramos Mejía será intimado por el Gobierno de Buenos Aires (por entonces Estado de facto independiente) a abstenerse de observar el sábado y de difundir esa observancia en el distrito.14

«LA PECULIAR COMBINACIÓN DE DOCTRINAS QUE TENÍA NO EXISTÍA EN NINGUNA IGLESIA PROTESTANTE DE SU ÉPOCA, NI SE LAS VUELVE A  ENCONTRAR HASTA EL ADVENTISMO DEL SÉPTIMO DÍA».

Importancia de Lacunza y de Ramos Mejía

Origen e independencia de sus ideas. Algunas de las ideas de Lacunza, especialmente su interpretación premilenial de Daniel 2, pueden haber sido tomadas de Gioacchino da Fiore (o Joaquín de Floris), y otras de autores jansenistas.15 Es justo decir, sin embargo, que ni uno ni los otros han producido obras con un argumento sostenido, como este en cuatro tomos, ni que se aproximen a la influencia de Lacunza.

En cuanto a Ramos Mejía, algunas de sus posturas (como por ejemplo la idolatría del pan y el vino eucarísticos) se asemejan mucho a las de las iglesias reformadas. El abuelo materno de Ramos Mejía, Guillermo Ross (1695-1757), era escocés y por lo tanto es de suponer que pertenecía a una de esas iglesias, la presbiteriana. Pero, no parece que este abuelo tuviera inclinación religiosa, mucho menos teológica. De cualquier manera, vivió poco tiempo en el hogar de la madre de Ramos Mejía, y no alcanzó a conocer a su nieto. Este tampoco da evidencias de conocer el inglés ni las versiones castellanas protestantes.

Como instruido en la teología católica, Ramos Mejía en cambio sí conocía a Jacques Bossuet, a quien menciona en el tomo que nos ocupa en las páginas 339 y 341. Este famoso obispo de Meaux dedicó gran parte de su abundante producción literaria a combatir el protestantismo; pero, irónicamente, al explicar las posiciones que atacaba, también ayudó a difundirlas.

Por otro lado, no es imposible que Ramos Mejía tuviera contacto con algunos de los ingleses o escoceses que había expatriados en el Río de la Plata, y que estos, conociendo castellano, pudieran transmitirle algunas ideas. El saberse descendiente de un británico pudo haberle hecho sentir alguna afinidad por ellos. Diego Thomson (o Thompson), pastor bautista escocés, fue enviado por la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera en 1818 al Río de la Plata, donde permaneció hasta 1820, y predicó en algunas ocasiones, si bien se concentró en difundir la versión de Scío. de San Miguel (que retraduce la Vulgata) y en fundar un sistema de enseñanza pública.

Pero la peculiar combinación de doctrinas que encontramos en Ramos Mejía no existía en ninguna iglesia protestante de sus días, ni se vuelve a encontrar hasta el posterior adventismo del séptimo día.

Significación hispanoamericana de Lacunza y Ramos Mejía. Los críticos latinoamericanos  del protestantismo evangélico en general, y del adventismo en particular, en el nivel popular a menudo lo representan como derivado de “sectas estadounidenses”, a veces comparándolo desfavorablemente con los grandes números de la iglesia más popular en Latinoamérica. En el nivel académico, se ha querido explicar el interés por historiar las contribuciones de Lacunza y Ramos Mejía como un intento de “justificar” la presencia evangélica y adventista en Hispanoamérica.16

La verdad es que tanto evangélicos en general como adventistas en particular no necesitamos justificación de ninguna clase, menos aún por una supuesta “extranjería” de nuestras creencias. Los seguidores de Cristo deben provenir de “toda nación, tribu, lengua y pueblo” (Apoc 7:9; 14:6). De hecho, la iglesia popular es una confesión religiosa que se declara “romana” y está monárquicamente dirigida por un jefe de Estado extranjero. La fe, por lo tanto, no es una cuestión nacional.

El protestantismo evangélico y  adventista no deriva de minúsculas sectas estadounidenses. En primer lugar, el adventismo se inició como un amplio movimiento interconfesional e intercontinental. La obra de Lacunza muestra que el estudio de las profecías con principios hermenéuticos basados en la propia Biblia llevó a estudiosos de las más variadas comunidades cristianas, incluyendo la Iglesia Católica Romana, a conclusiones similares.

Nacido en Europa (con influencia de un hispanoamericano), este movimiento adventista intercontinental abarcó mucho más que el millerismo (que tampoco fue pequeño: se calcula en un millón y medio los estadounidenses que asistieron a las conferencias de Miller y asociados, sobre los catorce millones de su época). Pero la Segunda Venida premilenial con resurrección literal de los muertos justos abarca también a muchos de los evangélicos más conservadores de nuestros días.

En segundo lugar, es verdad que al adoptar la doctrina del inicio del juicio investigador final, el estado inconsciente de los muertos y el sábado bíblico, un núcleo de milleritas vio reducidas sus filas a unas pocas decenas de creyentes y en solo unos pocos Estados del este de los Estados Unidos, desde donde ha crecido hasta los cerca de veinte millones del adventismo del séptimo día en la actualidad. Pero el número de adherentes no puede ser criterio para juzgar la verdad de una creencia.

Tampoco se trata de ideas extranjeras. El manuscrito de Ramos Mejía que nos ha ocupado aquí muestra que no hay nada específicamente anglosajón o estadounidense en esta creencia. Demuestra que el estudio de la Biblia bajo la dirección del Espíritu Santo llevó a creyentes de distintas razas y latitudes a las mismas convicciones. El mismo hecho de que Ramos Mejía no pudiera iniciar un movimiento similar al de Miller, Bates y J. White, que son posteriores pero independientes de él, muestra que no es necesaria una cadena de transmisión histórica para generar coincidencias teológicas.

El presente artículo es solo un estudio preliminar de estas notas. Pero, aun si no pudieran lograrse otras conclusiones, estas ya lo muestran como un documento precioso.RA


* La grafía original del apellido de este prócer argentino es Mexía, aunque hoy también se admite Mejía, alternativa por la que hemos optado en los artículos referentes a él que aparecen en esta revista.

Aecio E. Cairus: Pastor jubilado, Doctor en Teología, docente y traductor. Fue por muchos años decano de la Facultad de Teología de la Universidad Adventista del Plata.


Referencias

1 Le Roy Edwin Froom, The Prophetic Faith of Our Fathers (Washington DC: Review & Herald, 1946) t. 3, pp. 303-326, titula el capítulo “Un testigo católico conmueve dos continentes” (Europa y las Américas); v.a. D. Hammerly Dupuy, Defensores latinoamericanos de una gran esperanza (Buenos Aires: Casa Ed. Sudamericana, 1954), pp. 79-95.

2 Primero en la isla de León, frente a Cádiz, y luego otras ediciones, se cree que en Valencia y nuevamente en la isla de León. Unos pocos ejemplares de estas ediciones imperfectas llegaron a Sudamérica. Cf. D. Hammerly D., Defensores, p. 104, np 9.

3 Ibíd., pp. 102-111.

4 Para el Río de la Plata, ver ibíd., pp. 83-87 (incluye los Recuerdos de provincia, de Domingo F. Sarmiento, presidente de la Argentina 1868-1874) y además “Repercusiones en México”, Defensores, pp. 172-183.

5 En estas fechas, el Cabildo se arrogó el gobierno de las provincias del Plata (hoy Bolivia, Paraguay, Uruguay y Argentina), de modo que Ramos Mejía actuó también virtualmente como legislador.

6 Ver los trabajos de C. Ricci en La Reforma: “En la penumbra de la historia” (Dic. 1913); “Francisco Ramos Mexía: Un heterodoxo argentino” (julio 1923); “Francisco Ramos Mexía y el padre Lacunza” (mayo 1929).

7 Ver especialmente D. Hammerly Dupuy, Defensores, pp. 115-141; y J. C. Priora, Don Francisco Hermógenes Ramos Mexía (Buenos Aires, Asociación Casa Editora Sudamericana, 2008).

8 Ver nota precedente.

9 Aecio E. Caïrus, “Una proyección argentina de la obra de Manuel Lacunza”, DavarLogos xv (2016), suplemento.

10 A saber: (a) que la condición de “piedra basal” en el edificio de la iglesia (Mat 16:18) le fue asignada a Pedro, no meramente por su reconocimiento de Jesús como Mesías (contra Mat 16:16, 17; Rom 10:8-11) sino (b) en forma personal y exclusiva (contra Efe. 2:20; cf. Mat 16:19 con 18:18-20; Juan 20:21-23), (c) que los apóstoles tienen sucesores (contra Hech. 1:21, 22), (d) que Pedro fue el obispo de Roma (contra Gál 2:11, 12, que lo ubica en Antioquía) y (e) que ejerció el primado en la iglesia primitiva (contra Hech. 15:13-21, que muestra en su lugar a Jacobo). Cualquiera de estos eslabones antibíblicos que se rompa corta la cadena.

11 Ricci, julio 1923, pp. 23, 24.

12 Ibíd.

13 Ibíd., pp. 25, 26.

14 J. C. Priora, Don… Ramos Mexía, pp. 184, 185.

15 A. E. Cairus, Amanecer del Advenimiento (Libertador S. Martín, Rep. Argentina: Ed. Univ. Adv. del Plata), p. 9, np 7.

16 Ej. César Ceriani Cernadas. Ver J. C. Priora, Don… Ramos Mexía, p. 226, np 107.

2 Respuestas

  1. Alberto R. Treiyer

    ¡Qué maravilloso será conocer pronto a Francisco Hermógenes Ramos Mejía en el reino de los cielos! Su testimonio perdura como una prueba más del resultado del estudio de la Biblia que conduce a la misma fe que recibimos y profesamos como Adventistas del Séptimo Día…

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