Durante 2016, me propuse escribir sobre algunas de las enfermedades más comunes en la sociedad. Es imposible realizar un estudio completo de las múltiples patologías en esta columna, pero al enfrentar este desafío de escribir sobre enfermedades y cómo prevenirlas encuentro algo que se repite en casi todas ellas: las enfermedades más comunes en la actualidad se previenen con los mismos métodos que Dios nos ha demostrado por medio de las Sagradas Escrituras y por los escritos de Elena de White hace 150 años.

Hay dos elementos que como iglesia evitamos totalmente, y este mes quiero referirme a ellos: el tabaco y el alcohol. Cuántos problemas familiares, sociales, laborales y de salud se han prevenido al no encontrar estos flagelos en los hogares adventistas. Sin duda, Dios ha dirigido a su pueblo para que podamos vivir mejor.

Los ocho remedios naturales y los principios adventistas también son de gran beneficio para nuestra salud física, mental y espiritual, y son una “marca registrada” de la Iglesia Adventista, muchas veces conocida por esto. Tenemos que estar felices por la información que hemos recibido sobre salud y por el privilegio de compartirla con otros.

Actualmente, organizaciones gubernamentales gastan grandes fortunas en investigación para conocer qué tipos de alimentos se deben aconsejar a la población. Las conclusiones de las investigaciones actuales no difieren de lo que ya sabemos a partir de los conocimientos impartidos por Dios. Por esto, y por amor y preocupación por las personas que nos rodean, tenemos la misión de mostrar a otros los principios de salud adventista.

Elena de White, en el capítulo “Los extremos en la alimentación”, del libro El ministerio de curación, nos da algunos consejos sobre cómo debemos mostrar a los demás este mensaje y también nos advierte de algunos problemas que podemos encontrar. Ella dice que muchas personas se van a oponer a toda reforma en que tengan que realizar un cambio, por más racional que sea. Incluso nos tacharán de extremistas. Como solución, presenta la necesidad de acercarnos en todo lo posible a esas personas. Sí, acercarnos, no rechazarlas. Debemos evitar distinguirnos o alejarnos de los demás por el mero hecho de ser distintos. Por el contrario, sin sacrificar nuestros principios, debemos compartir con ellos otros temas y con el tiempo enseñarles nuestro mensaje de vida.

“Examinadlo todo; retened lo bueno”.

También encontraremos otro grupo de personas que abogan por la reforma pero caen en exageraciones. Dice Elena de White: “Estas exageraciones suelen hacer más daño en poco tiempo que el que pudiera subsanarse en toda una vida consecuente. La reforma higiénica está basada en principios amplios y de mucho alcance, y no debemos empequeñecerla con miras y prácticas estrechas” (p. 249).

¿Cuál es el límite entre exageración y equilibrio? Ser exagerado en algo es relativo, depende del punto de observación. Una persona cree que aquella otra es muy exagerada porque no ingresa en su cuerpo ni un gramo de azúcar y esta otra piensa que el otro es un exagerado porque come una barra de doscientos gramos de chocolate por día para tratar su depresión.

Al decir Elena de White que debemos evitar las prácticas estrechas, nos marca cuándo una exageración puede ser incorrecta. Si alguien considera que solo un método o tipo de dieta son los correctos y rechaza otros conocimientos, está trayendo sobre sí rechazo y es tildado de extremista. En esto, debemos ser precavidos. Debemos ser firmes en algunos puntos de nuestra vida, pero ser amplios y aceptar las diferencias que podemos encontrar en la iglesia y en nuestra comunidad nos da equilibrio. Dios no es estrecho. La Biblia tiene múltiples ejemplos de amplitud, momentos en que Dios utiliza a prostitutas, hace hablar a asnos, retrocede el movimiento del Sol. Dios tiene formas variadas para cumplir su voluntad, y acepta las diferencias culturales, sociales y personales de cada uno, y él es nuestro ejemplo. Elena de White, en sus escritos, es amplia; por lo tanto, es muy valioso leer sus escritos en su conjunto. El libro Consejos sobre el régimen alimenticio es muy amplio y claro al respecto. Mucho prejuicio se ha traído sobre Elena de White por personas estrechas que predicaron utilizando solamente citas de sus libros que apoyaban su forma limitada de pregonar la reforma pro salud.

Es bueno analizar distintas formas de pensar. En el área de salud, se aplica muy bien el consejo de Pablo que dice “Examinadlo todo; retened lo bueno” (1 Tes. 5:21). No estoy recomendando estudiar todas las páginas de salud que podamos encontrar en Internet. Aquellos sitios en que se predica el panteísmo, y se desvaloriza el poder de Dios como Creador y Sustentador, deben ser evitados. “Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Fil. 4:8).

Concluye Elena de White: “Los que se dejan gobernar por principios defenderán firme y resueltamente lo que sea correcto; pero en todas sus relaciones sociales manifestarán un espíritu generoso, cristiano y de verdadera moderación” (ibíd.).

El Espíritu Santo está tocando nuestro corazón para que, llenos del amor de Dios, podamos brindar sus buenas nuevas de salud y salvación a todas las personas que nos rodean.RA

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