Cómo utilizar el impacto del mundo digital en el mundo personal

Cuando Jesús llamó a los primeros discípulos, ellos estaban pescando. Las redes de pesca eran parte de su vida. Haciendo una analogía, Jesús los invitó a convertirse, desde ese momento, en pescadores de hombres. Nos encontramos aquí con la primera red que aparece en el contexto del cristianismo.

En Mateo 28:19 y 20, Jesús sentó las bases para la segunda red. Ahora, apuntó a la continuidad. No era suficiente con tan solo proclamar el evangelio a las personas y bautizarlas. Era necesario que cada una de ellas entendiera que la dinámica del reino de Jesús implica estar constantemente invitando a otros a conocerlo. Esto se llama discipulado.

La tercera red llegó más adelante, en los tiempos modernos. El siglo XXI nos presenta un mundo cada vez más conectado, interactivo, comunicativo, informático y participativo. Esto nos permite entrar en contacto con muchas personas a un bajo costo y en tiempo real. Las distancias fueron acortadas, y es posible visitar virtualmente lugares donde nunca estuvimos.

Para los cristianos, que entienden que la misión de predicar el evangelio a todo el mundo es su principal objetivo, no hay duda de que las oportunidades se han multiplicado, y es más fácil llegar a más personas por medio de las redes sociales con el contenido del mensaje revelado por el Señor. Pero, para eso, es necesario utilizar estas redes con sabiduría y planificación. Si una iglesia desea ser relevante para la sociedad de la que forma parte, es fundamental conocer cuál es la impresión que causamos, y de qué forma esta cambia a las personas y la sociedad.

Los peligros nos acechan desde todas las direcciones. Uno de ellos es el riesgo de tener una sobreexposición virtual. En Internet, las personas pueden presentarse como desean ser vistas, y crear personajes ficticios al buscar realización personal ante los problemas y las dificultades de la vida real. Algunos se pasan de los límites y llegan a extremos en su exposición personal, lo que resulta en tragedias cuando su familia, su carrera o personas cercanas son puestas en riesgo por los efectos devastadores del mundo digital.

Esta sobreexposición en la tercera red se da en diferentes áreas, con sus respectivas consecuencias:

  1. Un uso excesivo de los recursos tecnológicos durante las horas de trabajo.
  2. Una comunicación virtual indebida: algunas conversaciones pueden comenzar de manera inocente, pero en algunos casos, cuando el nivel de intimidad aumenta en relaciones que no son aceptadas socialmente, traen consecuencias sobre los cónyuges y los hijos.
  3. El sexting: es la divulgación de contenidos eróticos y sensuales.
  4. La cibertraición: es el adulterio en los medios virtuales.
  5. El cibersexo: Es cualquier actividad online orientada sexualmente, y que tenga como objetivo la satisfacción de deseos y fantasías eróticas.
  6. La pornografía: en el mundo se producen más películas pornográficas que de cualquier otro género. En promedio, son unas 37 películas por día, o más de 13.500 por mes. El Brasil figura en la lista como el segundo país que más produce estas películas, después de los Estados Unidos, y estos contenidos logran una fácil y rápida circulación en los medios digitales.

Por esta razón, el Departamento de Comunicación de la Iglesia Adventista del Séptimo Día debe ubicarse al frente de las grandes y urgentes necesidades que tenemos, y ofrecer directrices seguras. Ante la realidad que describimos, se hacen necesarias algunas medidas:

  1. Ofrecer educación digital instrumental para pastores y líderes de iglesia, para identificar las herramientas y establecer directrices seguras para usarlas equilibradamente. La iglesia produjo una serie de estudios denominados Programa adventista de capacitación en comunicación. Se trata de estudios que presentan el contraste entre la revolución digital y hasta dónde puede la iglesia usar estas herramientas con seguridad. Este material está disponible en su totalidad aquí.
  2. Aumentar la producción de materiales relevantes que sirvan como alternativa de contenido para compartir. Todos los días producimos noticias, imágenes, videos con mensajes bíblicos y para el crecimiento espiritual. Uno de los objetivos, también, es ofrecer este material sugerente para difundirlo en las redes sociales.
  3. Crear herramientas modernas para alcanzar a las nuevas generaciones, como un medio para divulgar los valores de la vida cristiana. La iglesia necesita acompañar las tendencias tecnológicas, y por eso está lanzando una aplicación llamada “18 historias”. En ella, usando las biografías de personajes bíblicos, se presentan las 28 creencias fundamentales de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Todas las historias tienen animación 3D, y permiten interactuar con evangelistas virtuales voluntarios que responden las dudas de los usuarios.
  4. Enfocar la concentración en las banderas que la iglesia defiende, y no en las cosas que combate. Así, se estará más en armonía con Jesús y sus enseñanzas sobre el Reino de Dios, y será vista más como una iglesia que cree en la verdad y el amor. Esto significa que tener un abordaje positivo del evangelio es fundamental para construir la imagen de la iglesia. Este abordaje no debe estar limitado tan solo a la institución, sino que debería servir de directriz para todos los miembros.
  5. Involucrar a las nuevas generaciones en la toma de decisiones y en los cargos de responsabilidad en la estructura organizacional de la iglesia local. La visión de las cosas y el conocimiento de las nuevas herramientas que poseen los jóvenes y los adolescentes les darán un tinte especial a los planes y los proyectos de la iglesia. Involucrarlos de esta forma aumenta la amplitud de lo que hacemos y llega a un público-meta mayor.
  6. Humanizar nuestros proyectos y abordajes, mostrando que nuestro foco será el de “gente que cuida a gente”. Las redes sociales oficiales de instituciones o iglesias necesitan ser abordadas de forma personalizada, y nunca deben descuidarse de atender a todos los que nos escriben solicitando cualquier tipo de atención por parte de la iglesia. Si no es posible atender el pedido, las personas deben ser redirigidas a quien pueda responder de acuerdo con la necesidad.
  7. Revaluar métodos y formatos para contextualizar las expectativas de las nuevas generaciones. Esto creará puentes de contacto para la iglesia, y la modernizará dentro de los límites aceptables de su teología misional.

Un ejemplo de cómo aprovechar mejor las nuevas herramientas fue la serie El último imperio, que fue transmitida únicamente en Internet, por medio de redes sociales como Facebook y YouTube. Miles de personas entraron en contacto con los números proféticos que figuran en Daniel y Apocalipsis. Más de 45.000 personas acompañaron las transmisiones cada noche, y el material sigue teniendo un efecto prolongado, porque el contenido sigue disponible. Hay un ejército de evangelistas digitales que entiende que “quien comparte evangeliza”.

Lo que debemos hacer es tomar control del tiempo y de las prioridades, aprovechando la revolución digital para conectar a las personas con Jesús”.

La tercera red son las redes sociales. El impacto que causamos allí refuta la idea de que lo que sucede en el mundo digital no tiene impacto en el mundo personal. Gracias al trabajo virtual, miles de personas son atendidas cada semana en las páginas oficiales de Facebook de la iglesia. Además, recibimos cada día cientos de pedidos de oración, muchas solicitudes de estudios bíblicos, damos respuestas a dudas bíblicas, proporcionamos consejos y damos indicaciones de las iglesias más cercanas.

Las historias y los testimonios que recibimos son las mejores respuestas para quien espera el regreso de Jesús. Son vidas transformadas de verdad por la esperanza que se multiplica, y que da como resultado personas más felices por haber encontrado paz y seguridad en la revelación del Señor.

Elena de White nos invita a reflexionar: “Las avenidas de tránsito se han multiplicado mil veces. Como Cristo, los mensajeros del Altísimo deben situarse hoy en esas grandes avenidas, donde pueden encontrarse con las multitudes que pasan de todas partes del mundo” (Profetas y reyes, p. 53).

Todo es demasiado nuevo, pero no hay forma de luchar contra la revolución digital congelando el estilo de vida de comienzos del siglo XX y proclamarlo como lo mejor o lo ideal. Lo que debemos hacer es tomar control del tiempo y de las prioridades, aprovechando la revolución digital para conectar a las personas con Jesús y no permitir que las nuevas herramientas desconecten a las personas de los demás o incluso del Cielo. La tercera red no sustituye a ninguna de las redes anteriores. Simplemente, es una continuación de estas.RA