LA ORACIÓN DE JABES

Por Aarón Menares Paves

La oración de Jabes que hace algunos años se ha popularizado, contiene una cantidad de elementos interesantes en lo que a nuestra manera de comunicarnos con Dios se refiere.  La historia de este personaje se limita sólo a dos versículos en toda la Biblia (1Crónicas 4:9,10), sin embargo son suficientes como para entregarnos un mensaje puntual y especial sobre nuestra vida de oración.

La información está en medio de una cronología, las cronologías tienen mucho que decir, porque son nombres que están en un listado de personas que tuvieron algo que aportar ya sea a la genealogía del futuro Mesías o bien su vida y experiencia fue un aporte en lo que se refiere a la dependencia de Jehová.

La Biblia nos presenta que su nombre quiere decir ‘dolor’.  Algo especial llamarse de esa manera, pero es muy posible que su madre le haya puesto ese nombre para que ella misma no olvidara lo agradecida que debía estar con Dios por haberle preservado la vida. De la misma manera también para que Jabes aprendiera a amar y honrar a su madre y se esforzase en ser un consuelo para quien le había traído a este mundo con tanto dolor.  Posiblemente esta actitud es la que hace de Jabes un hombre que acostumbraba orar y que por lo tanto dependía totalmente de Dios.

La oración de Jabes es sencilla.  Últimamente para algunos cristianos se ha transformado en una especie de talismán, es decir una suerte de conjuro que al decirlo todos los días las cosas cambiarían.  Ninguna oración en la Biblia tiene esa connotación, las oraciones que aparecen en la Biblia son ejemplos para ayudarnos a tener nuestra propia comunicación directa con Dios.  En este sentido la oración de Jabes es una ilustración de lo que puede ocurrir con nosotros si tenemos una comunicación personal con Dios.

Jabes ora al Dios de Israel (v.10), un Dios de pactos, que había pactado con su pueblo, que luchó con Jacob a quien por prevalecer le fue cambiado su nombre por Israel (Génesis 32:28).  Su oración es una especie de compromiso pactual entre Dios y él.  Una oración de relación, de confianza y dependencia.

Jabes pide cuatro cosas en su oración.  Lo primero que pide es la bendición divina.  Sobre la bendición de Dios podríamos hablar mucho.  No se trata de pedir la bendición por tradición o costumbre.  Jabes simplemente pide a Dios que lo bendiga.  La bendición de Dios está asociada a la benevolencia suya, a su bondad, a suplir todas las necesidades, a su permanente guía.  No podemos pedir algo mejor que la bendición divina.  Los hijos que buscan su bendición, son benditos por Él.  La bendición de Dios se nota en muchos aspectos, los benditos son felices, disfrutan de alegría.  Esto se nota no sólo en su calidad de personas sino que alcanza incluso en el aspecto familiar (Ezequiel 44:30), económico (Deuteronomio 16:17; 28) y social.  No haríamos mal en pedir cada día la bendición de Dios para nosotros y nuestra familia.

En segundo lugar Jabes pide que Dios ensanche su territorio.  Si nosotros revisamos la historia de otros patriarcas, por ejemplo Abraham, Dios le promete que le daría un nombre famoso (Génesis 12:2), por supuesto que la fama que Jehová ofrece no tiene nada que ver con la fama a la que hoy estamos acostumbrados, la fama que le fue ofrecida a Abraham tenía que ver con la salvación de las personas y el ocupar el lugar estratégico que Dios tenía para él.  Tal vez muchos se equivocan en este punto y le reclaman a Dios argumentando que no reciben respuesta a sus oraciones, y piensan que las cosas deben ocurrir desde la mirada humana, sin embargo al revisar la vida de Abraham podemos concordar que fue un hombre bendecido por Dios y que su territorio de influencia fue enormemente ensanchado por Dios.  Esto es lo que Jabes pedía a Dios, una vida llena de oportunidades guiadas por Dios.  Una vida llena de influencia y liderazgo a favor del pueblo, al que pertenecía Jabes.

La tercera parte de su oración es que la mano de Dios estuviera con él.  Si la mano de Dios estaba con él, entonces tendría sabiduría, éxito en su empresa, medios y fuerzas.  Cuan necesario se hace pedir a Dios que su mano nos guíe.  Hay tantas decisiones que tomar en nuestro andar, necesitamos su mano.  La mano de Dios estaba con los apóstoles (Hechos 2), y eso era notorio.  El testimonio que daban lo confirmaba.  La mano de Dios estuvo con José, todo lo que hacía era prosperado, aun en las circunstancias más adversas.  También estuvo con Daniel conduciéndole por setenta años privado de la libertad de su pueblo, con tantos otros; puede también estar con nosotros hoy. No podemos permitirnos avanzar solos, es necesario que la mano de Dios esté con nosotros cada día, cada momento, de lo contrario estaremos perdidos.

Lo último que pide Jabes es que Dios lo libre de todo mal.  Lo más probable es que la historia de su nacimiento le acompañó durante toda su vida.  Por esta razón es que pide a Dios esta bondad.  En este aspecto podemos señalar desde dos puntos de vista.  El primero y tal vez el más importante es ser librado del mal del pecado.  Nuestro Señor Jesús en la oración modelo señaló: líbranos del mal (Mateo 6:13).  Podemos también nosotros pedir a Dios que nos libre del mal.  ‘Fortalécenos ¡oh!, Dios en medio de las tentaciones’.  ‘Permítenos no acceder a ellas’.  En este aspecto, supongo que Jabes al mantener una comunicación directa con Dios, se llenaba con la presencia divina y se negaba en buscar todo aquello que le impedía una relación pactual con Dios.  El segundo aspecto de esta petición tiene que ver con los males de esta vida, la enfermedad, los accidentes, tantas cosas malas que ocurren en este planeta contaminado con el pecado.

En conclusión, la oración de Jabes es un buen modelo para nosotros hoy.  Vivimos en un mundo lleno de vanagloria, de convulsiones, competencia y de arribismo, por lo que será nuestra comunión y dependencia la que marcará una diferencia en nuestra historia.  El ser humano independiente de Dios puede disfrutar de algunos éxitos, aunque son pasajeros y perecederos, pero el ser humano que depende de Dios como lo hizo Jabes, tendrá una experiencia que marcará su vida porque la presencia divina estará con él.

Jabes fue ilustre, incluso hasta una ciudad lleva su nombre (2 Crónicas 2). Dios hizo de él un hombre famoso, como Abraham, fue bendición.  También tu y yo podemos experimentar eso mismo en nuestros días y ser bendición.

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