¿Saben cuál es el trabajo más emocionante de todo el universo? El evangelismo. Y ¿qué implica esto?

El evangelismo es una acción misionera en la cual cada miembro de la iglesia usa su talento como ministerio llevando esperanza a quien lo necesita. Jesús nos dio una misión, y debemos cumplirla, alcanzando a las personas más diversas, especialmente las que están a nuestro alrededor. El evangelismo es el dinámico latido del corazón de la iglesia del Nuevo Testamento. Si la Escuela Sabática es el corazón de la iglesia, entonces el evangelismo es la sangre.

El evangelismo es la prioridad máxima del Cielo, porque no hay nada más importante para Dios que la salvación de la humanidad. Él “quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad”, y no desea que nadie se pierda (1 Tim. 2:4; 2 Ped. 3:9). Dios solo tenía un Hijo, pero aun así lo envió para que fuera un evangelista y nos rescatara a cada uno de nosotros.

El foco de atención en la vida de Jesús era salvar pecadores. La Biblia declara: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Luc. 19:10). Jesús dio su vida para ganar a hombres y mujeres que estaban perdidos. Ciertamente, no podemos hacer menos que esto. Seguir a Jesús significa seguirlo en su camino en busca de personas. Dios formó a su iglesia para que participemos con él del proceso de salir y rescatar al pecador. Somos embajadores de Cristo, sacerdotes de Dios, luces en un mundo oscuro para compartir su gracia y su verdad con quienes nos rodean. ¡No existe llamado más digno y privilegio más grande!

La urgencia de nuestro tiempo demanda que hagamos algo grande para Dios. ¡Qué responsabilidad vivir en este tiempo! Qué tiempo para ser un predicador adventista del séptimo día de tiempo completo o un predicador voluntario de tiempo parcial. En un mundo agonizante que busca respuestas, Dios nos invita a dar su llamado final.

La mayor alegría de la vida es participar con Cristo en la obra de rescate. La mayor satisfacción de la vida es ver a hombres, mujeres, niños y niñas salvos por la eternidad. En el cielo, uno de nuestros placeres será encontrar a las personas que fueron a las reuniones evangelizadoras, que escucharon los sermones, a quienes visitamos en sus hogares, y que tomaron decisiones eternas para Cristo y su Reino.

Los cristianos adventistas del séptimo día entienden que han recibido de Dios la comisión especial de llevar “el mensaje de los tres ángeles” al mundo. Este mensaje de “la verdad presente” debe ser proclamado hasta los confines de la Tierra, a fin de preparar a las personas para la segunda venida de Jesús. Es tan importante en nuestros días como lo fue el mensaje dado por Noé en su tiempo y el mensaje de Juan el Bautista en el primer siglo. Una vez más, Dios envió un mensaje especial en un tiempo especial, con el fin de preparar a personas especiales para un evento especial: la segunda venida de Cristo.

Y no estamos solos en este ministerio evangélico. Todo el cielo está interesado en ganar almas. El Espíritu Santo toca los corazones de los pecadores. Los ángeles santos y justos están participando de la guerra espiritual contra las fuerzas del mal en favor de las almas de hombres y mujeres. Las palabras finales de Cristo a sus discípulos resuenan por los pasillos del tiempo: “Y yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mat. 28:20).

Aquel que nos llamó para esta obra también nos capacita para cumplirla. Aquel que nos dio la misión está a nuestro lado. Él garantiza el éxito. Él promete hacer que nuestras palabras sean eficientes cuando hablamos con las personas. ¡El poder que creó este mundo es nuestro! Solo la eternidad revelará lo que el Señor ha hecho por medio de nuestros esfuerzos evangelizadores.

Bienvenido al trabajo más emocionante de todo el universo: ganar hombres y mujeres para Cristo.

¡No hay nada que dé un mayor sentido de realización! Dios actuará de forma poderosa por medio de pastores y miembros voluntarios apasionados por el evangelismo. Salomón describió así esta tarea: “El fruto del justo es árbol de vida; el que gana almas es sabio” (Prov. 11:30).

Elena de White declara:

“¿Dónde están los hombres que saldrán a realizar la obra confiando plenamente en Dios y listos para actuar con decisión? Dios hace este llamamiento: ‘Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña’ [Mat. 21:28]. Dios convertirá a los jóvenes de hoy en mensajeros escogidos para presentar ante la gente la verdad en contraste con el error y la superstición, si ellos quieren entregarse a él. Que Dios deposite la carga sobre hombres jóvenes y fuertes, en quienes more su palabra y quienes estén dispuestos a presentar la verdad a otros” (El evangelismo, pp. 24, 25).

“Dios llama a obreros consagrados que sean leales a él: hombres humildes que comprendan la necesidad de realizar obra evangélica y que no retrocedan, sino que cada día realicen fielmente su tarea dependiendo de la ayuda y el poder de Dios en cada emergencia que surja. El mensaje debe ser llevado por los que aman y temen a Dios. No acudan a las oficinas de la Asociación con vuestros problemas menores. Sigan hacia adelante y, en vuestra categoría de evangelistas, presenten con humildad un ‘Así dicen las Escrituras’ ” (El evangelismo, p. 25).

Las últimas palabras que Cristo dijo a sus discípulos fueron: ‘Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo’. ‘Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones’ (Mat. 28:20, 19). “Vayan hasta los más apartados confines del globo habitado y sepan que, doquiera vayan, mi presencia los asistirá […]. A nosotros también se nos da la misma comisión. Se nos ordena que avancemos como mensajeros de Cristo con el fin de enseñar, instruir y persuadir a hombres y a mujeres, instándolos a prestar atención a la Palabra de vida” (El evangelismo, p. 15).RA

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