VENTAJAS COMPETITIVAS DE LA EDUCACIÓN ADVENTISTA

La Educación Adventista (EA) tiene más de 120 años de trayectoria en Sudamérica. Ya sea como docentes, padres, alumnos, o simplemente por ser miembros de la iglesia local, debemos estar “preparados para dar respuesta” y saber mencionar cuáles son los rasgos distintivos de la EA. El ministerio de la educación cristiana es un imperativo bíblico, y la Iglesia Adventista del Séptimo Día (IASD) ha tomado el ejemplo del Maestro Jesús cuando enseñaba a las multitudes y a sus discípulos más cercanos.

Este artículo tiene por objetivo informar sobre los avances de la EA en Sudamérica hispana, mencionando el papel que la Asociación Casa Editora Sudamericana (ACES) desempeña al editar materiales didácticos. Haremos un repaso histórico, mencionaremos algunos datos estadísticos y los planes que la ACES viene desarrollando en favor de la EA.

Como punto de anclaje, compartimos la siguiente declaración inspirada: “Nos estamos acercando rápidamente a la crisis final de la historia de este mundo, y es importante que comprendamos que las ventajas educativas ofrecidas por nuestras escuelas son diferentes de las ofrecidas por las escuelas del mundo. Tampoco hemos de seguir la rutina de las escuelas mundanas […]. Nuestros maestros necesitan comprender la obra que ha de hacerse en estos últimos días […]. Nuestra obra educativa debe llevar siempre el sello de lo celestial” (Elena de White, Consejos para los maestros, p. 55).

¿Cuáles son los valores distintivos de la EA? ¿Qué ventajas educativas nos hacen ser diferentes y competitivos? Existen muchas instituciones educativas y sistemas privados de enseñanza que inculcan valores cristianos, promueven la vida espiritual, hablan de Jesús… Sin embargo, las características distintivas de la EA no se reducen a enseñar en valores; van mucho más allá. Recordamos el eslogan de la EA: “Compromiso con tu futuro”.

RA Septiembre 2016La mensajera del Señor fue clara: no debemos intentar parecernos a las escuelas del mundo. Si así fuera, sería mejor vender nuestras escuelas a otros para que las administren como una empresa.

Estos son algunos rasgos distintivos de la EA que marcan la diferencia:

Trayectoria ininterrumpida. Nuestra red ha superado los 120 años de existencia en Sudamérica.

Multinacionalidad / globalidad. Estamos en todos los países de la región y en casi todos los países del mundo.

Contenidos educativos propios. Mediante la edición, impresión y distribución de libros didácticos propios, un Plan Lector para alumnos y docentes, y la creación de contenidos digitales publicados en el portal educativo.

Fundamento en la Palabra de Dios. Integramos fe y enseñanza; promovemos una alimentación saludable para conservar la salud física; organizamos escuelas para padres; ofrecemos cursos a la comunidad; enseñamos la filosofía bíblica sobre los orígenes de la Tierra, el ser humano y la sexualidad; y practicamos los principios bíblicos para vivir en armonía con nuestro Creador.

Para seguir avanzando y lograr esta sinergia, es necesario abrir nuestra mente y dejarnos guiar por el Espíritu Santo como hasta ahora. La IASD y la EA trabajan coordinadas por el departamento de Educación de la División Sudamericana (DSA) y de la Asociación General de la IASD. La experiencia pasada ha demostrado que debemos dejar de lado las iniciativas particulares o sectoriales en pro del bien común de la EA en todo el territorio de la DSA.

La ACES es una de las dos casas editoras que administra la DSA. Además, es una de las editoriales más grandes de la IASD en el mundo. Posee oficinas de redacción y talleres gráficos (industria editorial más industria gráfica), de manera que se realiza el proceso del libro completo: escritura, edición, diseño, impresión, encuadernación y distribución (logística). La ACES tiene ocho gerencias; entre ellas, la gerencia de Educación y la gerencia de Redacción son las únicas que producen contenidos editoriales. Actualmente, más del 30% del catálogo está dedicado a los lectores infantiles, juveniles y jóvenes. La gerencia de Educación edita todos los materiales didácticos para la red educativa, y también libros, revistas y otros recursos para el Ministerio del Niño y del Adolescente.

El equipo de EA en la ACES está conformado por 18 personas de jornada completa. Entre ellos hay editores, correctores, diseñadores gráficos, ilustradores, asesores pedagógicos, directores de proyecto, informáticos y autores. Además, según sea la necesidad, trabajamos con personal free lance (profesionales independientes), lo que totaliza un grupo de aproximadamente 140 personas trabajando constantemente en el proceso editorial de los materiales educativos.

Nuestro desafío es encontrar unidad en la diversidad de los currículos de cada país (Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Paraguay, Uruguay y Argentina), a fin de poder editar libros de texto que cumplan con todos los requisitos académicos y curriculares. Aunque no editamos libros didácticos “a medida” para cada país, velamos por integrar la fe y la enseñanza desde las Ciencias Naturales hasta Inglés, Física, Matemáticas, en sus diferentes niveles (inicial, primario y secundario). Nuestro compromiso de calidad es cumplir con los requerimientos del Ministerio de Educación de cada país y, sobre todo, con el “ministerio de educación” del Cielo.

La gerencia de Educación de la ACES es EA. Así como la EA es publicaciones, nosotros también somos EA. Estamos juntos, trabajando unos en el frente de batalla y otros en la retaguardia, para cumplir la misma misión: influir positivamente en la mente de nuestros estudiantes, a fin de formarlos para esta vida y para la eternidad.

La influencia de la lectura y de los docentes es tremenda, y determina qué clase de personas serán los egresados de la red educativa adventista. Por eso, destacamos dos aspectos distintivos clave de la EA: los libros didácticos, que moldean positivamente cada asignatura y se constituyen en una herramienta en favor de la tarea del docente cristiano (el libro sirve al docente, y no al revés); y la coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos: coherencia entre lo que el docente propone y hace, entre lo que predicamos y vivimos como EA. Estos principios, aplicados en los libros de texto, hacen que tengamos una EA cada vez más adventista.

RA Septiembre 2016Hoy, ACES Educación ofrece recursos didácticos para los más pequeños: fondos de papel, paños, carteles, juegos, misceláneas para utilizar como incentivo, bolígrafos, adhesivos, material magnético, cartas bíblicas, tarjetas y otros artículos de papelería. Además, edita una agenda escolar para niños y otra para jóvenes (en total, imprime casi 80 mil agendas por año), tres revistas –una es mensual (Mis Amigos); y dos, trimestrales (Conexión 2.0 e Historia de la Vida)–, sesenta libros con el logo del Plan Lector para alumnos (aproximadamente cada cuatro años se renueva el cien por ciento de los títulos) y casi ochenta libros didácticos para nivel inicial, nivel primario y nivel secundario, en las áreas de Ciencias Naturales, Lengua y Comunicación, Matemáticas, Inglés, Sexualidad, Educación Religiosa, Física y Química, y Consejería (tutoría).

Estamos sumando, año tras año, nuevos libros didácticos hasta completar la oferta de libros de texto para todas las áreas y niveles de enseñanza en todos los países que abarca la EA hispana en la DSA. Para 2017 y 2018 comenzaremos a publicar libros de Inglés y Matemáticas para nivel secundario, y de Música para nivel primario, entre otros.

Trayectoria

Aunque nuestro sistema educativo tiene fecha de inicio en 1872, en los Estados Unidos, nos gusta pensar que somos herederos de la primera “escuela” instituida por Dios mismo en el jardín del Edén. Todas nuestras instituciones deberían basarse en aquel modelo original. El “maestro” era el mismo Creador, y Adán y Eva fueron los primeros “alumnos”. Su “libro de texto” era la naturaleza misma. Aunque en aquel jardín no tenían ninguna necesidad, Dios quiso que el ser humano no anduviera ocioso, y les asignó “tareas” para desarrollar sus capacidades mentales, forjar su carácter y fortalecer su cuerpo.

RA Septiembre 2016La “matrícula” de la escuela del Edén iba a aumentar a medida que el planeta se poblara. Sin duda, el “currículo” incluía estudiar todo lo necesario para la formación y el desarrollo del hogar y la familia, que se constituiría en una filial de la escuela del Edén dondequiera que el ser humano decidiese establecerse. El propósito de Dios era que los alumnos estudiaran su Palabra y sus obras de amor, y que cada ser humano desarrollara armoniosamente su carácter, reflejando así la multifacética gloria de Dios.

El modelo planteado en el Edén tenía por centro a la familia. Después de la caída del hombre, el gran Maestro delegó en los padres la responsabilidad de la primera educación. Ellos eran los encargados de instruir y educar a sus hijos en el camino del Señor.

Durante la esclavitud y el posterior éxodo de Egipto, los padres hebreos no estaban preparados para educar a sus hijos porque se habían dejado influir por doctrinas paganas, y el conocimiento de Dios casi había desaparecido. Por esta razón, el Señor mismo los instruyó mediante un sistema didáctico especial: el Santuario les enseñó que Dios deseaba vivir en medio de ellos, y ser su Maestro y Sustentador una vez más.

Cuando el pueblo de Israel se estableció en Canaán, la historia volvió a repetirse: los padres hebreos se volvieron a desprender de las enseñanzas de Dios, y las nuevas generaciones comenzaron a perder su identidad religiosa por causa de las creencias de los cananeos. Para que esta situación se revirtiera, Dios proveyó instrumentos que ayudaran en la educación de los hijos: la escuela de los profetas se estableció para instruir a los jóvenes en los principios que Dios había establecido desde el Edén. Hasta el momento, la enseñanza había sido transmitida de forma oral, pero en la escuela de los profetas los jóvenes aprendieron a leer escritos hebreos. Este sistema perdura hasta nuestro tiempo. La educación formal se ve fortalecida cuando invitamos a que Dios sea el centro, y no el hombre.

Jesucristo se presentó como el Maestro de los maestros y seleccionó a doce alumnos para enseñarles, con ejemplos sencillos y cotidianos, la sabiduría infinita de Dios y su amor por la raza humana. Mientras contemplaban el ejemplo de Cristo, diariamente fueron adquiriendo su carácter e impregnándose de sus enseñanzas por acción del Espíritu Santo.

Los pioneros adventistas no se conformaron con un conocimiento superficial de la Palabra de Dios. Por eso, poco tiempo después de la organización de la Asociación General (1863), decidieron establecer un sistema de educación adventista, a partir de 1872. Ese mismo año, Elena de White escribió las primeras orientaciones y principios que harían de la educación adventista un sistema diferente del resto. Desde ese entonces y hasta nuestros días, el objetivo sigue siendo el mismo: cada escuela adventista se basa en principios bíblicos, forja valores eternos, prepara a los jóvenes para que sirvan a su comunidad local y restaura en cada uno de ellos la imagen de Dios.

Esa es nuestra trayectoria: desde la escuela del Edén hasta la escuela del más allá, la educación adventista atraviesa la historia de este mundo. La próxima escuela que nos espera es el Cielo. Allí podremos contemplar cara a cara a nuestro Maestro mientras continúa revelando sus lecciones de amor por toda la eternidad.

Red

La ciencia ha demostrado que los sistemas biológicos tienden a formar redes mientras se desarrollan. Una red es un sistema de apoyo en el que cada elemento individual encuentra múltiples conexiones para intercambiar información, pero especialmente para lograr la sinergia: la capacidad de que la suma de las partes sea mayor que lo lógicamente esperable si cada parte actuara independientemente, sin estar integrada al sistema.

La red de educación adventista en Sudamérica se inicia en 1893, con el establecimiento de la primera escuela adventista en la ciudad de Buenos Aires.

Conclusión

RA Septiembre 2016El Pr. Edgard Luz, director del departamento de Educación de la DSA, resumió sus impresiones echando una mirada hacia atrás y también hacia el futuro, mientras visita las instituciones educativas adventistas esparcidas por Sudamérica:

“En 2016, continuamos celebrando más de 120 años de educación adventista en Sudamérica. En 1896, Guilherme Stein Júnior abrió el Colegio Internacional, la primera escuela adventista del Brasil, con tan solo seis niños como alumnos. Mirando hacia atrás, podemos afirmar con alegría que ‘hasta aquí nos ha ayudado Jehová’. También recordamos el ejemplo de los incansables pioneros comprometidos en construir esta historia y este legado. Aquel puñado de gente visionaria, con un fuerte sentido de la misión, sembró la semilla que hoy nos ha convertido en una de las redes educativas más importantes del mundo.

“Pasaron los años, pero nuestra misión permanece: promover el desarrollo integral del estudiante, formar ciudadanos autónomos, empeñados en ayudar a la comunidad. Este es nuestro compromiso y la prueba de que nuestros aspectos diferenciales se destacan en el panorama de la educación mundial, porque estamos orientados por principios sólidos y perdurables.

“La fundación de la Escuela Adventista de Battle Creek, en Míchigan, Estados Unidos, en la década de 1870, marcó el inicio del sistema educativo que se expandiría progresivamente por el mundo.

“En 1893, un grupo de adventistas fundó en la ciudad de Buenos Aires, capital de la República Argentina, la primera escuela adventista de Sudamérica. Y así, sucesivamente, se establecieron rápidamente escuelas en los países de Brasil, Chile, Perú, Ecuador, Bolivia, Paraguay, Uruguay y otros territorios del continente. De esta manera, el mundo comenzaba a ser alumbrado por la llama de la educación adventista, encendida en el corazón de docentes que dedicaron su vida a seguir el ejemplo y entrelazar en su práctica pedagógica las lecciones del Maestro de los maestros.

“Entonces, ¿qué significa la educación adventista? Dependiendo de quién conteste, habrá variadas respuestas. Si preguntamos a los padres que decidieron matricular a sus hijos en nuestras instituciones educativas, probablemente expresen su deseo de inculcarles los valores cristianos en la mente y el corazón. Si hacemos esta misma pregunta a un estudiante, destacará las amistades que encontró, el ejemplo de algún docente y las lecciones que aprendió, a veces más allá del conocimiento académico. Sin embargo, tanto los adultos como los jóvenes, por supuesto, comparten el mismo sueño: alcanzar el éxito. ¿Cómo lograrlo? Todo depende de tomar las decisiones correctas. Elegir la mejor educación es esencial para alcanzar el éxito.

“Con este fin, la misión de la Red de Educación Adventista es promover, a través de la educación cristiana, el desarrollo integral del estudiante, la formación de ciudadanos autónomos, activos en la sociedad y convencidos de sus valores.

“Estamos comprometidos con la educación de calidad y los principios de consolidación de la familia, aliada indispensable en este proceso.

“Vivimos en una época de intensos cambios: nuevas tecnologías, nuevos productos y servicios, y la aparición de nuevas profesiones. Algunas decisiones tomadas en el pasado parecen insuficientes en la actualidad. Sin embargo, ¡algunas cosas nunca cambian! Y nuestra filosofía educativa es una de ellas: la responsabilidad social, la integridad, el compromiso, el respeto por los seres humanos, la persistencia, la cooperación, la confiabilidad y la innovación son valores que el tiempo no puede borrar, así como las lecciones dadas por los padres.

“Sobre la base del pasado se construye el presente, y el presente será lo que condicione el futuro.

“Las decisiones de hoy nos alcanzarán sin duda más adelante en la vida. ¡Sigamos apoyando y eligiendo la educación adventista, y continuemos avanzando hacia el éxito!” RA


Artículo elaborado por el equipo editorial de ACES Educación.

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