La idea de crear una colonia agrícola e industrial adventista que contara con un templo y una escuela surgió, al parecer, en la mente del pastor José Humberto Caïrus (1908-2004), quien recorría en una moto el interior selvático de Misiones, República Argentina, entre los años 1939 y 1941.

Lucas Schulz, uno de los fundadores y administradores de la colonia, escribió que en 1942 un grupo de personas de la ciudad de Posadas ideó el proyecto de comprar tierras para fundar una colonia adventista.

La situación del territorio nacional de Misiones era precaria: no había rutas asfaltadas, el transporte era por el río; casi no había atención médica ni otros servicios elementales. El Pr. Carlos Hein, oriundo de Oasis, cree que la decisión se tomó en 1943, la colonización se concretó en 1944 y los traslados de familias se produjeron en 1945.

El Dr. René Leichner recuerda que la comisión organizadora salió un día en busca de tierras, y decidió la compra de las dos mil hectáreas iniciales sobre el río Paraná, con un fondo común, y posteriormente otras mil. El área se dividió en lotes para las casas, con quintas y chacras, y recibió el nombre de “Oasis”.

Así, muchos adventistas se trasladaron a Oasis o participaron de alguna manera del plan. Apellidos como Schulz, Hein, Osorio, Leichner, Wolhein, Otto, Wasiuk, Petruk, Bruchón, Echenique, Reinhardt, Malaquías, Korniejkzuk, Schimpf y otros son parte de esa historia.

Con el tiempo, hubo transporte, energía eléctrica y otras facilidades. Desde el comienzo, la colonia contó con una escuela adventista y una iglesia. Las construcciones de madera fueron reemplazadas después por un hermoso templo inaugurado en 1979, con capacidad para quinientas personas. Algo similar ocurrió con el edificio escolar.

Gracias a esa influencia religiosa y educativa, es posible que unos sesenta misioneros adventistas hayan salido de la Colonia Oasis para servir en distintos lugares del país y del mundo. La iglesia adventista de Oasis llegó a tener más de doscientos miembros, y entonces comenzó lentamente a declinar. Ocurrió que los hijos de los primeros habitantes se iban a estudiar el secundario o a realizar estudios superiores, y ya no regresaban.

Ramona Borgo de Vallejos, esposa del pastor Justo Vallejos, cuenta de su arribo a Oasis por el pintoresco río Paraná, hasta llegar al inhóspito atracadero, donde cargaron sus cosas en un carro tirado por dos bueyes. En su recuerdo, la escuela llegó a tener 120 alumnos.

El pastor Edwin Mayer, director de Educación desde 1965 hasta 1969, cuenta que muchas veces visitó la escuela de Oasis. Recuerda que la escuela era totalmente de madera, al estilo sencillo de la época, y que viajaba con su pequeño automóvil Renault 4L en medio del polvo o el barro colorado, ya que el pavimento llegaba solamente hasta San Ignacio.

En 1994 se conmemoraron los cincuenta años de la escuela adventista de Oasis. El predicador fue un ex alumno de la escuela: el Dr. Luis A. Schulz, en ese entonces director asociado del departamento de Educación de la Asociación General. Carlos Hein, también presente en el cincuentenario, informa que en esa celebración se recordó la presencia de personas que habían salido de Oasis hacia prácticamente todas las divisiones mundiales de la Iglesia Adventista del Séptimo Día.

En los últimos años, la Colonia Oasis ha sufrido deterioro por causa de la emigración, la falta de oportunidades, y otras circunstancias sociales y económicas desfavorables. Con todo, tuvo su época de florecimiento, cumpliendo en gran medida con los objetivos de sus fundadores. Así, aquel paraje ignoto fue escenario y cuna de grandes esfuerzos, y de muchos misioneros que hoy se hallan esparcidos por el mundo como la sal de la Tierra.

Por todo ello, nos urge la necesidad de recordar a tantos adventistas que en medio de múltiples limitaciones hicieron grandes cosas por sus hijos y por la causa de Dios. RA