Conozca más sobre la campaña Rompiendo el silencio.

Hace poco, cerca de la calle en la que vivo, fui testigo de una escena triste. Una madre y sus dos hijos se estaban agrediendo violentamente, sin prestar la menor atención a las personas que pasaban por allí. Uno de los hijos estaba alcoholizado, y era el causante de esta crítica situación.

Esta es una escena estremecedora que, desgraciadamente, se repite en la vida cotidiana de muchas familias. Es lamentable observar cómo la violencia –en sus diferentes formas (física, psicológica, moral, sexual y patrimonial)– ha aumentado de modo alarmante en los últimos años, y cómo los niños, las mujeres y los ancianos son sus principales víctimas.

La violencia de tipo interpersonal, que sucede en la familia o en la comunidad, ha ocasionado daños profundos, además de ser considerada un problema de salud pública.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), uno de los factores influyentes para este aumento es el consumo de alcohol y de drogas ilegales. Cada año, mueren en el mundo alrededor de 320.000 jóvenes por causa del alcohol; que, si bien está aceptado socialmente, su consumo tiene correlación directa con el aumento de la violencia. También se lo considera una de las puertas de entrada al consumo de drogas ilícitas, como la marihuana, la cocaína y el crack.

Muchas personas comienzan a consumir estas sustancias buscando la libertad; otras lo hacen como una forma de sobrevivir a las adversidades, con el fin de reducir la sensación de hambre, frío, dolor físico y sufrimiento psicológico resultantes del maltrato y las variadas formas de violencia, incluso de la propia familia. Estas personas terminan esclavizadas por desear satisfacer expectativas y necesidades no suplidas, y no logran encontrar el camino de retorno sin una ayuda externa.

Según el II Relevamiento Nacional sobre Alcohol y Drogas en la República del Brasil, coordinado en 2012 por la Universidad Federal de San Pablo, los niños expuestos a la violencia doméstica tienen mayores probabilidades de llegar a ser consumidores de drogas en su vida adulta. Más de la mitad de los consumidores de cocaína y más de un tercio de los consumidores de marihuana habían sido víctimas de abuso infantil. También, se constató una mayor precocidad en la experimentación con el alcohol por parte de menores de quince años, y un aumento significativo del número de niñas consideradas alcohólicas. Estas estadísticas son tan solo una parte de la realidad en la que vivimos. Muchos casos semejantes, a veces, ni siquiera son informados.

Esta podría ser una situación que tú también hayas enfrentado en tu casa o presenciado en la familia de algún conocido. Uno de los grandes desafíos de nuestra sociedad es crear un ambiente seguro, en el cual los padres den un buen ejemplo y los hijos puedan tomar buenas decisiones, manteniéndose alejados de todo lo que los perjudique. Como cristianos, no podemos permanecer indiferentes ante los sufrimientos y las necesidades de nuestros semejantes. Es necesario concientizar a la población, y planificar actividades que sean significativas y que ayuden a las personas dependientes a abandonar su vicio y escribir una nueva historia.

Como cristianos, no podemos permanecer indiferentes ante los sufrimientos y las necesidades de nuestros semejantes.

Para aliviar el sufrimiento

Dios ha dado a la Iglesia Adventista la oportunidad de abrir puertas a quienes están buscando ayuda. Como cristianos, tenemos el compromiso de llevar esperanza a los que sufren. Por esto, la religión ha sido señalada como una de las soluciones para aliviar este sufrimiento.

Esto puede ser confirmado por estudios que señalan que la religiosidad y la espiritualidad han sido identificadas, en los últimos tiempos, como claros factores protectores frente al consumo de drogas en diferentes niveles. Las personas que tienen alguna creencia religiosa presentan menores índices de consumo de drogas legales e ilegales. Los drogadictos experimentan una mejor recuperación cuando el tratamiento se realiza con un abordaje espiritual, a diferencia de cuando se lo hace únicamente con profesionales específicos. Lo importante es que exista una integración entre las dos áreas.

Por eso, este año, uno de los grandes programas que realiza la Iglesia Adventista del Séptimo Día desde 2012 en ocho países de Sudamérica trata sobre este tema. La campaña Rompiendo el silencio ha contribuido significativamente para alertar e informar a los adventistas y a la sociedad sobre el abuso y la violencia hacia mujeres, ancianos, niños y jóvenes.

Si bien la fecha oficial de la campaña es el cuarto sábado de agosto, cuando se realiza una programación especial en los templos, el objetivo es hacer el proyecto más relevante para la comunidad y realizar actividades a lo largo del año. Pueden ser marchas en las calles, foros, ferias de salud, entrega de folletos y revistas, y charlas para padres y alumnos en las escuelas.

Cada año, la campaña Rompiendo el silencio tiene un énfasis diferente. Este año, el enfoque principal se centra en el perjuicio que causa el uso, el abuso y la dependencia del alcohol y las drogas.

Para informar y ayudar a la población, se producen diversos materiales de apoyo y orientación. Además de las revistas con textos preparados para niños y adultos, en Internet se encuentran disponibles otras herramientas. En el sitio web rompiendoelsilencio.org se publican artículos, videos y entrevistas sobre cada temática. Estos pueden beneficiar a familias que quizás estén atravesando por pesadillas. Así que, por ejemplo, si conoces a alguien que ha estado viviendo esta situación pero que reside lejos, puedes enviarle la versión digital de la revista. Lo importante es que este material alcance a la mayor cantidad posible de personas.

Sácale provecho a cada contenido, y transfórmalo en charlas, debates y seminarios, que puedan ser presentados a los Conquistadores y los Aventureros en las iglesias o en programas orientados a adolescentes y jóvenes. Usando la infografía de la revista, muestra los efectos devastadores del alcohol y las drogas. Eso sí, recuerda que si bien no tienes que ser un especialista para hablar sobre el tema, es necesario tener un dominio de los conceptos básicos sobre las drogas y sus efectos sobre el organismo humano. Por eso, al presentar este tema, es importante haber leído a conciencia los materiales preparados y, de ser posible, dar cabida a profesionales de la salud.

Lleva este proyecto a las autoridades o los organismos especializados que trabajan en la prevención de la violencia o con drogodependientes. La campaña también apunta a tener una mayor divulgación, además de colaborar con estos grupos de apoyo.

Ahora es el tiempo de unir fuerzas y planificar actividades. La participación de los diferentes departamentos de la iglesia y los diferentes profesionales será fundamental para el éxito de esta iniciativa. Necesitamos extender la mano y ayudar a los que sufren, recordando la siguiente cita:

“Los sufrimientos de cada hombre son los sufrimientos del Hijo de Dios, y los que no extienden una mano auxiliadora a sus semejantes que perecen provocan su justa ira. […] A los que aseveran tener comunión con Cristo y, sin embargo, han sido indiferentes a las necesidades de sus semejantes les declarará en el gran día del juicio: ‘No sé de dónde sois; apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad’ [Luc. 13:27]” (Elena de White, El Deseado de todas las gentes, pp. 765, 766).

Que Dios nos ayude a atender las necesidades de las personas, para que se encuentren con aquel que puede dar alivio al sufrimiento: ¡Jesús! RA

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