Una de mis actividades favoritas es pasar tiempo al aire libre, en medio de la naturaleza. Habiendo nacido en Mendoza, República Argentina, me muevo entre las montañas como pez en el agua. Una de las primeras lecciones que aprendí fue interpretar el clima, sobre todo cuando quieres ascender a la cima de una montaña. Un hongo de nubes sobre la cima, el viento que comienza a soplar ascendente desde el sur o el descenso rápido de la temperatura son algunas de las señales que nos alertan sobre un posible mal clima. Pero, incluso el mejor de los montañistas puede fallar en su pronóstico, dadas las condiciones cambiantes e impredecibles del clima.

A manera de advertencia, y bajo pedido de sus mismos discípulos, Jesús dejó algunas señales que nos alertarían respecto de la proximidad de su segunda venida. En el Sermón del Monte de los Olivos (Mat. 24), Jesús indicó la condición de la sociedad: falta de amor fraternal, guerras, agitación social, etc.; de la naturaleza: terremotos, pestes, desastres naturales; y de la iglesia: aparición de falsos maestros y profetas, engaños doctrinales, que indicarían la cercanía de su Segundo Advenimiento.

Hay que trazar una distinción, sin embargo, entre “señales de los tiempos” y “profecías específicas de tiempo”. Estas últimas tienen un punto histórico definido para su comienzo y su final, como la profecía de los 1.260 años de Daniel y de Apocalipsis. Las señales son más imprecisas e indican, más bien, una condición general del mundo y de la iglesia, pero sin la precisión exacta de las profecías de tiempo. Interpretar las señales de los tiempos es como interpretar el clima: hasta el más avezado experto puede errar en su pronóstico. Este mismo hecho debería servirnos como advertencia, para no creernos infalibles en nuestra interpretación.

DEBEMOS ENTRENARNOS EN EL ARTE Y LA CIENCIA DE INTERPRETAR LAS SEÑALES. JESÚS MISMO NOS LO ACONSEJÓ…

Por otro lado, para Cristo, prestar atención a las señales proféticas era algo importante, hasta el punto de condenar a los líderes religiosos de su tiempo por no haber estado atentos a las señales de los tiempos que indicaban su propia Primera Venida: “Ustedes conocen el dicho: ‘Si el cielo está rojo por la noche, mañana habrá buen clima; si el cielo está rojo por la mañana, habrá mal clima todo el día’. Saben interpretar las señales del clima en los cielos, pero no saben interpretar las señales de los tiempos” (Mat. 16:2, 3, NTV).

Y allí se presenta la tensión entre los dos extremos: la indolencia de los que no saben interpretar las señales proféticas y la imprudencia de aquellos que se apresuran a lanzar el alerta de tormentas ante la primera nube que aparece en el horizonte. De lo que no hay dudas es que debemos entrenarnos en el arte y la ciencia de interpretar las señales. Jesús mismo nos lo aconsejó: “Ahora, aprendan una lección de la higuera. Cuando las ramas echan brotes y comienzan a salir las hojas, ustedes saben que el verano se acerca. De la misma manera, cuando vean que suceden todas estas cosas, sabrán que su regreso está muy cerca, a las puertas” (Mat. 24:32, 33, NTV).

¿Puedes ver los brotes ya en la higuera? RA


[Lee la nota de tapa del mes: «ALERTA DE TORMENTA«.]

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