Cómo encontrar esperanza y calidad de vida aun en medio de la enfermedad.

Ver llorando a la señora Laura me causaba dolor. Quería tener más herramientas para ayudarla, pero solo conseguía sentir la impotencia de no poder brindarle certeza sobre su futuro. Hacía más de un año, ella palpaba un nódulo en su seno derecho, y por miedo a que le dijeran que tenía cáncer no recurrió a ningún médico. Ahora se encontraba postrada, con una fractura en el fémur, que había sido causada por una metástasis que provenía del cáncer de mama.

Los estudios mostraban cómo la enfermedad había afectado ya varios huesos. El nódulo que tenía en su pecho medía unos seis centímetros, y el tratamiento iniciado no mejoraba mucho el cuadro general. Al ver sus lágrimas, solo pensaba: ¿Por qué Laura no pidió ayuda antes? Cuán distinta habría sido su historia, si hubiera recurrido al médico apenas descubría los primeros síntomas.

Obviamente, encontrar un nódulo a tiempo y recurrir al médico para estudiarlo es la primera medida de prevención del cáncer de mama. Por eso, se recomienda realizar una mamografía cada dos años a todas las mujeres entre los 40 y los 70 años, con una de base entre los 35 y los 40. Muchos expertos en el tema consideran que realizar estudios en forma anual o cada dos años no disminuye la cantidad de muertes por esta enfermedad, pero hay distintas realidades para cada país, y por ello distintas opiniones al respecto.

La prevención del cáncer de mama tiene diversas aristas.

La lactancia materna es un método indirecto de prevención. Se calcula que por cada 12 meses que una mujer amamanta a su bebé, reduce un 4 % la probabilidad de padecer cáncer de mama. Con estos números, se puede deducir que procreando 12 hijos y alimentándolos con el pecho 2 años a cada uno, 24 años en total, casi no habría posibilidad de tener cáncer de mama. Esto, en realidad, es relativo, porque los estudios se hacen sobre la base de estadísticas, y estas son solo números. Lamentablemente, he conocido madres con muchos hijos que han sufrido cáncer de mama.

Por otro lado, un remedio natural que ayuda a prevenir múltiples enfermedades es el ejercicio. Esto ya es una panacea; es decir, el “remedio o solución general para cualquier mal”. Al ejercicio se lo recomienda para la prevención y el tratamiento de muchas enfermedades. Realizar actividad física dos o más veces por semana reduce la cantidad de estrógeno en la sangre. El estrógeno es una hormona que tiene gran responsabilidad sobre la mayoría de los tumores de mama.

Para una persona que ya tiene diagnóstico de cáncer, el ejercicio es muy buena ayuda para reforzar el tratamiento de quimioterapia o radioterapia. Los oncólogos saben que, para todos los tipos de cáncer, la persona que realiza ejercicio periódicamente, dentro de los límites que la patología le permita, tiene una ayuda extra para enfrentar esta enfermedad.

El ejercicio colabora, también, para el descenso de peso. Lograrlo es importante, porque las células adiposas son productoras de estrógeno, lo que estimula las células malignas.

Esto nos hace evaluar también el tipo de alimentos que ingerimos. Entonces, cabe recordar que los alimentos ricos en calorías refinadas, la harina blanca, el azúcar en exceso, principalmente presente en bebidas o refrescos, y la cantidad de grasa en la dieta favorecen la obesidad.

Hay muchos estudios que demuestran cómo la fibra en la dieta ayuda a prevenir el cáncer de mama. La soja contiene isoflavonas o fitoestrógenos, como la genisteína, que siendo molecularmente similares al estrógeno actúan como tal, pero sin el peligro que produce el exceso de estrógeno. La genisteína bloquea los receptores de estrógeno, y es un elemento importante en la prevención del cáncer de mama. En los países de Oriente, en que la soja es un alimento habitual, se ha observado menor incidencia de casos de cáncer de mama.

Podría seguir describiendo el efecto que tiene para la prevención de este cáncer la melatonina, hormona del sueño que se estimula por la luz del sol y el correcto descanso. Y, si profundizo más, puedo mencionar la influencia de cada uno de los ocho remedios naturales conocidos sobre esta enfermedad.

También, se ha analizado en varias ocasiones cómo influye la religión en la persona que tiene cáncer. Lo observado es que aquellos que confían en Dios, en su presencia permanente y su ayuda, enfrentan con más entereza esta enfermedad. Por otro lado, quienes recriminan a Dios por haberlos “castigado”, o sienten que los ha abandonado, empeoran su calidad de vida.

Hay muchos estudios que demuestran cómo la fibra en la dieta ayuda a prevenir el cáncer de mama”.

Es probable que haya estadísticas consistentes, en números fríos, que no reflejan nuestra experiencia de vida, tratamientos limitados y con efectos adversos. Pero el amor de Dios es perfecto, jamás se equivoca y su cantidad es infinita. El profeta Jeremías describe su dolor y dice: “Recuerdo mi tristeza y soledad, mi amargura y sufrimiento; me pongo a pensar en ello y el ánimo se me viene abajo. Pero una cosa quiero tener presente y poner en ella mi esperanza: el amor del Señor no tiene fin, ni se han agotado sus bondades. Cada mañana se renuevan; ¡Qué grande es su fidelidad! Y me digo: ¡El Señor lo es todo para mí; por eso en él confío!” (Lam. 3:20-24, versión Dios habla hoy).RA


Este artículo ha sido redactado con la colaboración y el asesoramiento del Dr. Carlos Previale, médico oncólogo del Sanatorio Adventista del Plata y profesor de la carrera de Medicina de la Universidad Adventista del Plata, Rep. Argentina.