John Douglas Livingston (1894-1967) fue profesor y director del departamento de Teología en el entonces Colegio Adventista del Plata (hoy Universidad Adventista del Plata) durante unos 18 años. Este no es, de por sí, un hecho extraordinario, salvo por una cosa: él no era un misionero común.

Veamos. Su nombre figura en la Seventh-Day Adventist Encyclopedia [Enciclopedia Adventista del Séptimo Día]. Se informa allí que Livingston fue misionero, administrador y profesor, nacido en Kansas, Estados Unidos, y que estudió en la Academia de San Fernando y en el Pacific Union College, en California. En 1915 comenzó un consagrado servicio de más de cuarenta años a la iglesia, como maestro de escuela de iglesia en Oakland y Mountain View. En 1918 se casó con Mabel Swanson. Inmediatamente, la joven pareja viajó a la República de Cuba, donde Livingston sirvió como evangelizador y superintendente [presidente] de Misión por cinco años.

De regreso en su patria, enseñó en los colegios superiores de La Sierra y Phoenix; luego, regresó a Cuba como director del Colegio de las Antillas durante siete años. Posteriormente, fue llamado al Colegio Adventista del Plata, en la República Argentina, donde encabezó el departamento de Teología desde 1931 hasta 1948. Desde 1949 hasta su retiro, enseñó Biblia y Lenguas Bíblicas en el Columbia Union College, ubicado en Washington DC.

John Douglas Livingston

En 2011, el Dr. Hernán Hammerly (ex profesor y director de la Biblioteca de la Universidad Adventista del Plata) ofreció alguna información adicional sobre John y Mabel Livingston. Recordó que Livingston era un hombre grande y fuerte, que tomó sobre sí la responsabilidad de cultivar todo el terreno detrás de su casa, con pala, azada y guadaña; y que ambos esposos eran muy austeros. Hammerly manifestó, en su carta, que Livingston legó sus bienes al Colegio Adventista del Plata, dinero que fue usado en la construcción de la escuela primaria.

Y también agregó:

“De su erudición, he oído de sus alumnos. Estos decían que tenía una memoria prodigiosa y que esperaba lo mismo de sus alumnos. Creo que para una clase de Doctrinas les exigía memorizar un número asombrosamente grande de versículos, con sus referencias. Uno veía a sus alumnos con un mazo de tarjetitas (textos de un lado y referencias del otro) caminando por horas bajo los árboles y memorizando. Decían que era un genio con los idiomas bíblicos, la historia y la geografía bíblicas. Como profesor, consiguió que le prepararan el ‘aula del Teológico’ a su gusto y parecer. Estaba ubicada en lo que fue la esquina norte del salón de actos.

“La sala contenía un monumental escritorio con el pupitre inclinado, y cajones y puertas, con llave que encerraba un proyector de filminas y otros equipos, que habrán sido muy modernos en los primeros años de la década de los ‘40. Al frente del aula, colgaban enrollados una pantalla para proyecciones y algunos mapas grandes. Alrededor del aula, unos gabinetes de madera con puertas corredizas y guías con muescas cobijaban rollos que contenían mapas, diagramas proféticos y otros materiales didácticos. Tenía todas las bestias de Daniel y Apocalipsis”.

Pero, por sobre todo, Livingston fue un misionero. El Dr. Pedro D. Tabuenca fue bautizado por el pastor Livingston en lo que entonces era el bautisterio natural del Colegio: el llamado Salto de Lust. Muchos otros fueron bautizados por él. Una fotografía de la época lo muestra en un acto de esos, dejando ver, al mismo tiempo, esa estampa de maestro y de evangelizador. Allí, en las aguas, tal vez turbias e inquietas, del arroyo Paraíso, se ve a John Livingston levantando sus brazos al cielo antes de bautizar a un estudiante. Su casa en Libertador San Martín (ex Puiggari), Entre Ríos, fue derribada hace poco. Su memoria jamás se derrumbará. RA

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