¿Qué hacer ante esta enfermedad tan temida?

“Arterioesclerosis: Del gr. ἀρτηρία artēría ‘vaso sanguíneo’ y σκλήρωσις sklrōsis ‘endurecimiento’. Endurecimiento más o menos generalizado de las arterias” (Diccionario de la Real Academia Española).

Aunque en el diccionario la palabra arterioesclerosis signifique “arterias endurecidas”, su sola mención es sinónimo de enfermedad, sufrimiento y muerte. Las enfermedades cardiovasculares y el cáncer son la principal causa de fallecimiento y, dependiendo de la edad, compiten entre sí para formar parte de las estadísticas más elevadas.

Al estudiar cuál es el mecanismo por el que en las arterias se forman las placas ateromatosas (de grasa y fibras), que posteriormente van a favorecer la oclusión o el cierre de la circulación, encontramos una lucha constante entre las células que tapizan las arterias en su interior (endotelio), que intentan proteger ese vaso sanguíneo del que forman parte, y otros elementos cuyo efecto principal es promover el envejecimiento de los vasos.

Así, las células del endotelio fabrican un gas llamado óxido nítrico (ON), que produce, entre otras cosas, vasodilatación, la inhibición de las plaquetas para que no se adhieran y formen coágulos que puedan desencadenar un infarto, y el bloqueo de los radicales libres que se encuentran en la sangre.

Por otro lado, la presencia de elementos oxidados (como el colesterol LDL oxidado) produce todo lo opuesto, por ser radicales libres. Su exceso daña las arterias, y produce inflamación y engrosamiento de la pared arterial.

Frente a esto, encontramos elementos naturales que nosotros podemos modificar, como el ejercicio, que aumenta la cantidad de óxido nítrico y reduce los radicales libres, mejorando las arterias. Su contraparte, el sedentarismo, favorece la cantidad de radicales libres, reduce el óxido nítrico y aumenta la patología vascular.

Una dieta rica en frutas, verduras y semillas (alimentos dados por Dios para obtener buena salud, por la cantidad de fitoquímicos antioxidantes) colabora bloqueando los radicales libres y nos protege de la arterioesclerosis.

Hay elementos, como el tabaco y la ingestión de carnes rojas, y enfermedades como la hipertensión arterial y la diabetes, que aumentan las lesiones vasculares.

RA Abril 2016 - Salud - Vivir Mejor - Arterioesclerosis

Al respecto, Elena de White nos trae más información. Al leer el libro Mente, carácter y personalidad, tomo 1, más precisamente en el capítulo “La mente y la salud espiritual”, encontramos lo siguiente:

“El amor que Cristo infunde a todo nuestro ser es un poder vivificante. Da salud a cada una de las partes vitales: el cerebro, el corazón y los nervios. Por su medio, las energías más potentes de nuestro ser despiertan y entran en actividad. Libra el alma de culpa y tristeza, de la ansiedad y la congoja, que agotan las fuerzas de la vida. Con él vienen la serenidad y la calma. Implanta en el alma un gozo que nada en la Tierra puede destruir: el gozo que hay en el Espíritu Santo, un gozo que da salud y vida”.

¿Cuánto pueden influir nuestros pensamientos en nuestra salud? Elena de White describe cómo una mentalidad positiva, influenciada por el amor de Dios, “da salud y vida”. Actualmente, viendo lo opuesto, se sabe que tener un espíritu negativo es un factor que predispone a las enfermedades cardiovasculares. En una persona deprimida se duplica la posibilidad de tener un infarto cardíaco, porque la alteración física que produce su estado de ánimo aumenta la adherencia de las plaquetas. Por lo tanto, es más fácil que se produzcan coágulos que ocluyan las arterias. Esto produce más radicales libres e inflamación de los vasos.

En Isaías 58, Dios nos habla acerca de la necesidad de pensar en nuestro prójimo. Nos invita a olvidarnos por un momento de nuestros problemas, y concentrar nuestras energías en ayudar a alguien; en mostrarle que hay una esperanza; que hay una forma de liberarse del peso del pecado. Lo interesante es que los beneficios que obtendremos son invalorables: “Entonces nacerá tu luz como el alba […] invocarás y te oirá Jehová; clamarás y dirá él: Heme aquí. […] en las sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus huesos” (Isa. 58:8-11).

Sí. Dios desea nuestra salud y felicidad. Le encanta estar con nosotros siempre, y escuchar nuestra voz que lo busca. Él nos brinda la paz que necesitamos para vivir mejor en todas las áreas: mental, física, social y espiritual. Observa que el Espíritu Santo en nuestra vida produce “amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad” (Gál. 5:22, DHH). Y todos estos elementos se relacionan con la salud. Cristo te invita hoy a disfrutar abundantemente de todo lo que quiere darte. No pierdas esta valiosa oportunidad. RA

Este artículo ha sido redactado con la colaboración y el asesoramiento del Dr. Daniel Yáñez, médico cardiólogo del Centro de Vida Sana, Sanatorio Adventista del Plata, y vicedirector de la carrera de Medicina de la Universidad Adventista del Plata, Rep. Argentina.

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