Recientemente cerramos el informe del movimiento de miembros en la División Sudamericana (DSA), correspondiente a 2015. Tenemos un sólido sistema informatizado con datos en tiempo real, pero que depende de la inclusión de información por parte de iglesias particulares e instituciones. Por eso, trabajamos intensamente para reunir todos estos datos y tener una visión clara de nuestros números. La expectativa era grande, pero el informe final fue recibido con gratitud y oración: tuvimos el mayor crecimiento de nuestra historia, desde que comenzamos a registrar detalladamente los datos de cada nuevo miembro. Anteriormente contábamos solamente con los números de bautismos o remociones, pero hoy tenemos información más segura, y el registro de cada persona que se suma a la familia adventista.

Nuestras estadísticas tenían un registro histórico semejante a los dientes de un serrucho, con índices positivos en un año y negativos en el otro. Pero, por la gracia de Dios, a partir de 2013 comenzamos a verificar un crecimiento positivo constante. Se agregaron 227.461 nuevos miembros en 2013; 233.481, en 2014; y 253.869, en 2015. Sé que los números son fríos y no muestran toda la realidad, pero nos proporcionan una visión panorámica. Por detrás, hay historias de vidas transformadas, luchas por tomar una decisión, fidelidad a toda prueba y fuerte compromiso de miembros identificados con la misión. Pero también aparece una nota de tristeza, por causa de aquellos que fueron bautizados y abandonaron la fe. Esa es una fuerte preocupación dentro de nuestra celebración.

En nuestra visión de discipulado, trabajamos para implicar a cada miembro con la misión, disminuyendo la proporción de miembros estadísticamente necesarios para llevar a una persona al bautismo. En 2013 hubo 9,49 adventistas por cada bautismo; en 2014 el índice fue de 9,69; y en 2015 tuvimos nuestro mejor promedio: 9,17. No obstante, a pesar de motivar a cada miembro para preparar a una persona para el bautismo, en estos últimos dos años (2014-2015) el 9,4% de nuestras iglesias y grupos (2.510, entre ambos) no llevó a ninguna persona al bautismo. Hubo 730 días con el bautisterio vacío.

Revista Adventista - Abril 2016 - Brújula - Una iglesia para la mayoríaAsí, terminamos el año 2015 con 2.329.245 miembros bautizados, y eso me motivó a la realización de un cálculo de fe. ¿Qué sucedería si cada adventista, durante un año entero, preparase a una persona para el bautismo, con bastante tiempo disponible, calidad y profundidad? ¿Sabes cuál fue la impresionante conclusión? En poco menos de nueve años, todos los habitantes de los ocho países que integran la DSA podrían estar bautizados. Sé que esa es una visión irreal para los seres humanos, pero no para Dios. Aun cuando no todos fueran bautizados, por lo menos, conocerían acabadamente el mensaje y tendrían la oportunidad de tomar una decisión. Cuán simple sería para Dios terminar la predicación del evangelio en nuestro continente.

Entre todos estos datos, sin embargo, hay una información destacada: la realidad de las nuevas generaciones. Esta es una de las cuatro prioridades de la iglesia en la DSA para este quinquenio. El informe estadístico de 2015 evidenció que necesitamos trabajar más para tener una iglesia en sintonía con la mayoría. ¿Por qué para la “mayoría”? Porque los juveniles, los adolescentes y los jóvenes constituyen la mayoría de nuestros miembros, la mayoría de nuestros bautismos, y lamentablemente, la mayoría de nuestras pérdidas. En 2015, representaban un poco más del 55% de los miembros, el 70% de los bautismos y casi el 68% de la deserción eclesiástica.

Los números nos alientan, y nos alertan: aún somos fuertes para atraerlos, pero débiles para mantenerlos. Necesitamos una iglesia para la mayoría. Eso no significa crear un conflicto generacional, sino una integración más evidente, por la cual los jóvenes se sientan parte del liderazgo, de la liturgia y de la planificación, al sentir que la iglesia se interesa en oírlos y en atender sus necesidades. Todo eso, sin negociar principios, ni rebajar normas o volver superficial la fe. En otras palabras, una iglesia que establezca una comunicación más fuerte con las nuevas generaciones, sabiendo modernizar sin mundanalizar.RA