Comentario lección 11 – Primer trimestre 2016

 

En la pocas epístolas de Pedro también aparece la figura de Satanás como un ser real, y se presenta el Gran Conflicto. Además de escribir inspirado por el Espíritu Santo, Pedro también habla desde su propia experiencia: él sabía bien, por haberlo vivido en carne propia, cómo un ser humano puede llegar a ser un juguete en manos del enemigo, cuando confiado en sí mismo cree que podrá enfrentarse a Satanás con sus propias fuerzas.

Cuando en ocasión del viaje de Jesús con sus discípulos a Cesarea de Filipos Pedro trató de disuadir a Jesús de encaminarse hacia la Cruz, recibió una de las más fuertes reprensiones por parte de su Maestro, Salvador y Amigo, para hacerle ver que Satanás estaba confundiendo su visión de las cosas: “Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres” (Mateo 16:23). Sin saberlo y sin quererlo, Pedro estaba siendo un instrumento en manos del enemigo para tentar a Jesús a apartarse de la Cruz.

Hacia el final de la vida terrenal de Jesús, la noche anterior a su crucifixión, Pedro, ante el anuncio de que todos los discípulos abandonarían a Jesús esa noche, declara con gran autosuficiencia y osadía: “Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré” (Mateo 26:33).

Al repasar la contestación de Jesús a esta afirmación de Pedro, me imagino la mirada condescendiente, paciente y misericordiosa de Jesús: “Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos” (Lucas 22:31, 32).

Me imagino el dolor de Jesús al no poder evitar que Pedro fuera zarandeado por el enemigo, que fuera sacudido interiormente, poniéndose al filo del abismo espiritual. Pero, a su vez, le da un mensaje de seguridad: Pedro volvería, y Jesús desde ya estaba confiando suficientemente en él como para que una vez restaurado se encargara de confirmar a sus hermanos en la fe. Y así lo hizo. Todo su ministerio posterior a la ascensión de Cristo y al Pentecostés registrado en el libro de Hechos y sus dos epístolas universales muestran cuán completamente Pedro fue “vuelto” a Cristo y se constituyó en una de las “columnas” de la iglesia” (Gálatas 2:9). Más allá de la discusión con el mundo católico acerca del primado o no de Pedro, es indudable que Pedro fue uno de los más prominentes líderes de la iglesia apostólica, y su ministerio sirvió, y sirve hasta hoy, para confirmar la fe de los creyentes. Pero, antes de hacerlo, debió sufrir un sacudón en su fe, a manos del enemigo. Pedro supo muy bien lo que era experimentar el Gran Conflicto en su vida. De hecho, su muerte (según la tradición, crucificado boca abajo por su propio pedido) revela cuán violentamente el Gran Conflicto se libró contra él.

Igual que en el caso de la semana pasada, voy a transcribir los textos de las epístolas de Pedro en los que se menciona explícitamente o implícitamente la figura de Satanás y el Gran Conflicto cósmico, con algún breve comentario de mi parte.

 

“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2:9).

Aunque aquí no se menciona explícitamente al enemigo, el hecho de que Pedro mencione que Dios nos “llamó de las tinieblas a su luz admirable” revela implícitamente que el gran privilegio del cristiano es haber salido de una vida gobernada por “los gobernadores de las tinieblas de este siglo” (Efesios 6:12) (Satanás y sus secuaces) para incorporarse a una vida gobernada por el Príncipe de la luz, Jesús. Esta figura es muy conmovedora, y nos habla de la diferencia abismal entre ser cristiano y no serlo: vivir en la luz o vivir en las tinieblas, la oscuridad, la confusión, la desesperanza. Jesús nos ha librado del poder de la oscuridad, y nos ha trasladado a su reino de luz (bondad, paz, esperanza).

 

“Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo” (1 Pedro 5:8, 9).

Este es otro texto explícito y enfático acerca de la existencia real y la intervención de Satanás en nuestro mundo y en nuestra vida personal. Nos habla de que no podemos descuidarnos en nuestra vida espiritual, en nuestra fe en Dios y en nuestro apego a su voluntad, porque tenemos un “adversario” que no descansa; que está al acecho; que intenta tener ocasión para “devorarnos”, para provocar nuestra destrucción espiritual y aun física. En el contexto de la Epístola y del capítulo mismo, Pedro hace alusión a la violencia de la que eran objeto los cristianos del primer siglo, violencia instigada por Satanás. Los cristianos eran compañeros de persecución, pero también eran compañeros en la fe, y sabían que no era extraño que padecieran el hostigamiento del enemigo y aun la violencia física, a través de las grandes persecuciones que el Imperio perpetró contra los cristianos. Por eso, Pedro los anima a resistir “firmes en la fe”, firmes en su confianza en Cristo, que los podría sostener en medio del Conflicto hasta su venida.

 

“Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio…” (2 Pedro 2:4).

Alusión al resultado de la gran batalla librada en el cielo, luego de la cual Satanás fue expulsado junto con sus ángeles, un tercio de los que habitaban allí (Apocalipsis 12:4, 7-9), aunque el texto contiene algunos elementos que no llegamos a comprender del todo (“infierno”, “prisiones de oscuridad”). Lo cierto es que Pedro menciona la victoria absoluta de Dios sobre las fuerzas del mal y el hecho de que llegará el día en que serán juzgadas y condenadas, y seremos librados para siempre de ellas.

 

Tanto Pedro en sus epístolas, como el resto de los escritores bíblicos, si bien nos presentan la seriedad del Conflicto, y los peligros que corremos mientras el enemigo realiza su actividad diabólica en el mundo, nos brindan la gran seguridad y esperanza de que nada tenemos que temer, si lo resistimos por la gracia de Dios, si estamos atentos a sus engaños y si nos confiamos completamente en las manos del Dios todopoderoso que ya lo venció en la Cruz, que lo puede vencer en nuestra vida y que finalmente nos librará de él cuando Jesús regrese a buscarnos. Que Dios nos fortalezca a todos, por el Espíritu Santo, en la batalla particular que cada uno libra contra el enemigo, para que seamos vencedores.

 

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