Cómo lograr tener un matrimonio feliz, que permita anticipar los goces celestiales en la actualidad.

Elena de White ha dicho que el hogar debe llegar a ser un “pedazo de cielo en la Tierra”, pero después de más de treinta años como psicoterapeuta, tratando centenares de parejas desavenidas y en conflictos, estoy convencido de que si hay un infierno en la Tierra, ese es el hogar.

La gran pregunta del millón de dólares es cómo lograr tener un matrimonio feliz, que permita anticipar los goces celestiales en la actualidad. Esta es una cuestión que preocupa también a los investigadores en temas de matrimonio y familia. Por ejemplo, Gottman y Notarius (2002) se preguntan: “¿Qué distingue a las parejas felizmente casadas de aquellas otras que no lo son?”

Se ha invertido una gran cantidad de tiempo, esfuerzo y recursos en hallar respuestas a esta cuestión, que es de gran importancia, considerando que las parejas felices no se divorcian y experimentan una cantidad enorme de beneficios para sí (tienen mejor salud, viven más tiempo, tienen mejor ingresos económicos y estatus social), y para los demás.

Una de las características que han encontrado es que los matrimonios felices son más positivos y menos negativos a la hora de enfrentar los conflictos. Las parejas más felices tienen respuestas o actitudes que ayudan a resolver el conflicto, ya que fomentan una comunicación más productiva; mientras que las parejas desdichadas reaccionan durante las crisis de forma negativa, cerrando las vías de comunicación (Fincham, 2004). Estos datos fueron confirmados por Cohen, Geron y Farchi (2010), quienes coincidieron en que la manera de resolver los conflictos es lo que diferencia mejor a las parejas duraderas y estables de aquellas otras que terminan separándose.

También se encontró otra característica relevante: el apoyo familiar. Los matrimonios que contaban con mayor apoyo resultaban más estables y maritalmente más satisfechos que aquellos que carecían del reconocimiento y el soporte de los parientes. Varios autores han sugerido que el apoyo puede ser fundamental para la felicidad conyugal, ya que promueve la intimidad, un componente esencial para la unión en las relaciones (Cutrona, 1996). De esta manera, se ha identificado a las parejas felices por las fortalezas que manifiestan en lo “intrínseco”, la capacidad para resolver los conflictos; y en lo “extrínseco”, el sostén o el respaldo familiar. Hay algunas que son más fuertes que otras en uno u otro aspecto, intrínseco o extrínseco, pero lo ideal es que ambos sean importantes.

Predictores del divorcio

Las investigaciones también han descubierto qué elementos contribuyen a la disolución de los matrimonios y las familias. Se los denominó “predictores del divorcio”. El Dr. J. Gottman (2000), de la Universidad de Washington, ha identificado varios patrones que son altamente destructivos; cuatro de ellos letales, ya que pueden predecir el 82% de los casos de divorcio. Los llamó “los cuatro jinetes del Apocalipsis”. Son los siguientes:

1- Las críticas: Cabe destacar que son diferentes de las quejas. Una queja se refiere a una acción específica que es objeto de la censura del cónyuge. La crítica, al contrario, es más global, e incluye palabras negativas sobre el carácter o la personalidad de la pareja.

Supongamos que Raúl dice a Raquel:

–El auto se quedó sin gasolina. ¿Por qué no lo llenaste, como te pedí?

Eso es una queja.

Pero, si le hubiera dicho:

–¿Por qué nunca te acuerdas de nada? ¡Te he dicho mil veces que llenaras el tanque!

Es una crítica.

Las críticas atacan a la persona, no al hecho específico. Son destructivas porque desgastan la relación, y pueden dar lugar a que empiecen a cabalgar con los otros jinetes en dirección al divorcio.

2- El desprecio: Sigamos con el ejemplo. Supongamos la siguiente respuesta de Raquel después de la crítica.

–¡Como si a ti nunca se te olvidara nada! ¿Desde cuándo te has convertido en perfecto, que no me había dado cuenta?

Aquí, ella asume una actitud sarcástica y de burla. Otras formas de desprecio son el escepticismo, el humor hostil y los insultos o los gestos mordaces. Esas actitudes aumentan el conflicto, en lugar de ayudar a la reconciliación. El desprecio envenena las relaciones y a las personas.

3- La actitud defensiva: Consiste en sentirse atacado; en defenderse atacando. Imaginemos que Raquel sigue diciendo:

–De paso, a ti se te olvidó pagar la luz la semana pasada. ¡Casi nos cortan el servicio! Me parece que el Alzheimer te está atacando más fuerte que a mí (con ironía).

El cónyuge agresivo no da su brazo a torcer ni pide perdón; lo que hace es culpar a la pareja, diciendo en esencia: “El problema no soy yo, eres tú”. Las críticas, el desprecio y la actitud defensiva no siempre aparecen en ese estricto orden. Funcionan como una carrera de relevos, pasándose de una a otra, muchas veces sin saber cómo ponerles fin.

4- La actitud evasiva: Es posible que Raúl, ante esas respuestas de Raquel, no diga nada y vaya a encerrarse en su escritorio. Quizás en el futuro también evite otras quejas temiendo una respuesta agresiva de parte de Raquel. Así se va alejando, amurallándose detrás del diario, mirando televisión o trabajando en la computadora… hasta que el distanciamiento se profundiza y se llega a la separación. La actitud evasiva, por lo general, aparece más tarde que los otros tres jinetes destructivos del matrimonio.

A la presencia de estas cuatro actitudes, se puede agregar otros tres factores, que pueden llevar al 82% y hasta el 96% de los casos de separación. Estos son:

1- El fracaso en pedir perdón: Cuando después de una pelea no se habla más del asunto o se intenta resolverlo, sin lograrlo, con lo que aumentan las posibilidades de separación.

2- Los malos recuerdos: Cuanto más dominen recuerdos negativos, más las parejas se acercarán al fin. Si se logra recordar momentos gratos y felices, la situación puede cambiar.

3- El sentirse abrumado: Cuando el grado de tolerancia ha disminuido y uno o los dos cónyuges se sienten muy mal con la relación, aumenta la posibilidad de la ruptura. El grado de malestar acumulado es un indicador amenazador.

En resumen, para gozar de un matrimonio y una familia feliz, hay que evitar los factores destructivos e incrementar los constructivos, especialmente aquellos que contribuyan a mejorar la satisfacción conyugal, como es la circulación del amor entre todos los miembros. Así se podrá experimentar la atmósfera del cielo en el hogar.RA

Datos bibliográficos

Cohen, O., Y. Geron  y A. Farchi (2010). “A typology of marital quality of enduring marriages in Israel”. Journal of Family Issues, 31, pp. 727–747.
Cutrona, C. E. (1996). “Social support as a determinant of marital quality: The interplay of negative and supportive behaviors in marriage”. En G. Pierce, B. Sarason y I. Sarason (Eds.), Handbook of Social Support and the Family (pp. 173–194). New York, NY: Plenum.
Fincham, F. D. (2004). “Communication in marriage”. In A. L. Vangelisti (Ed.), Handbook of Family Communication (pp. 83–103). Mahwah, NJ: Lawrence Erlbaum Associates.
Gottman, J. M. y C. I. Notarius (2002). “Marital research in the 20th century and a research agenda for the 21st century”. Family Process, 41, pp. 159–197.
Pereyra, M. (2008). Construyendo familias felices. “Para parejas”. Montemorelos, México: Publicaciones de la Universidad de Montemorelos.
Rauer, A. y B. Volling (2013). “More than one way to be happy: a typology of marital happiness”. Family Process, 52(3), pp. 519-534.

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