AÑO NUEVO: El que no sabe, repite

El comienzo de un nuevo año es un momento de esperanza, a partir del cual reactivamos la memoria pasiva en el intento de buscar en ella cosas pendientes, que con el correr del tiempo fueron quedando relegadas en nuestra memoria activa. Rescatarlas a fin de volverlas a tener presente es uno de los objetivos de todo nuevo inicio.

Diciembre y enero son como meses “bisagra” para cuestiones pendientes; por eso atribuimos a ese tiempo algo más que una unidad de medida: le otorgamos un valor de cambio, de innovación y de transformación. En esos meses, volvemos a desear lo viejo como si fuera nuevo, basados en un sentido de esperanza que, por lo general, minimiza los antiguos fracasos, y llega a imprimir en el cerebro una sensación poderosa y casi mágica, a la que solemos llamar motivación.

En realidad, muchas veces, esa sensación es más parecida a la euforia propia de todo nuevo comienzo que al valor determinante de la fuerza y la perseverancia que posee una legítima motivación.
“Año nuevo, vida nueva”, solíamos decir en casa, con un halo de ingenuidad y de convicción destemplada. Era una afirmación al unísono, con la impresión y la convicción de aquello conocido que se repite muchas veces. El tono entusiasta de ese coro de esperanzados no tenía conciencia de que, en sus anteriores intentos, el fracaso aún no se había transformado en aprendizaje.

Clamar por una nueva oportunidad para cumplir con la expectativa de alcanzar metas y objetivos no alcanzados, sin haber aprendido de los fracasos, es negarse a crecer. Quien no aprende de los errores del pasado puede convertirse en víctima de una nueva, humana y voluntarista frustración.

De esta manera, decir cada 31 de diciembre: “Año nuevo, vida nueva” dejará de ser un ritual para convertirse en una vacía y monótona rutina de copas que se chocan y voces que se estrangulan en la impostación de un deseo en el que hemos dejado de creer por la recurrencia de promesas incumplidas.

Dejar de honrar un compromiso, aunque sea con nosotros mismos, nos expone a un deterioro de la confianza en nosotros mismos, y de los demás hacia nosotros. Este proceso de fracasos recurrentes llega a deteriorar la esperanza y la seguridad de alcanzar el objetivo.

La complejidad de las decisiones direccionadas a alcanzar el objetivo pone en juego aspectos sensibles, como lo son la confianza en Dios, en uno mismo y en el prójimo. El valor de cada una de las dimensiones de la confianza es vital para la construcción del equilibrio necesario para ser feliz. Cualquiera de ellos que se lesione afectará directamente al equilibrio que producen los tres.

IDEAL VERSUS IDEALIZACIÓN

Dice un antiguo refrán: “Los ideales son como las estrellas: nunca las llegamos a tocar porque su función es mostrarnos el camino”.

Tener ideales y comprometerse con ellos permite que la vida se convierta en algo desafiante. Sin embargo, la idealización suele valerse de los ideales a fin de negar la realidad en los aspectos que la persona no puede admitir o manejar.

Destacado1_NT_2 Necesitar que todas las personas con las que me relaciono sean buenas y honestas porque me da miedo que me hagan daño no justifica que me relacione como si lo fueran; y cuando no lo son, me enojo con ellas porque no respondieron a lo que yo esperaba.

Tener una expectativa idealizada de lo que se espera del otro actúa como juez implacable que se ocupa en juzgar una realidad que no existe; solo existe en la imaginación de quien la promueve.

Las acciones generadas por esta manera de interpretar la realidad producen excesiva frustración, enojo y rencor; y con el tiempo, un sensación de desesperanza. Nadie aprende de la idealización, ni tampoco crece. En todo caso, involuciona, retrotrayéndose a vivir en su mundo imaginario como si fuera el real.

La mayoría de los fracasos que afectan a los seres humanos están relacionados con idealizaciones. El ideal no se encuentra dentro de nosotros, ni tampoco en ninguno de nuestros prójimos. Dios es el modelo ideal de ser humano, en su rol de Padre, Amigo, Hermano, Prójimo, Hijo y Salvador. A los necios se los llama idealistas frustrados, porque convierten la realidad en su ideal.

El mundo ideal no se encuentra en este planeta, ni lo estamos construyendo aquí. En este mundo, solamente estamos desarrollando las habilidades para habitar en aquel mundo ideal que esperamos. De estas habilidades dependerá que ciertas cosas de la realidad nos produzcan sufrimiento y que otras nos den alegría.

No se trata de ser o idealista o pragmático, objetivo o subjetivo. En la vida se trata de ser ubicado; de saber discernir entre lo real y lo imaginario, entre lo posible y lo imposible, lo necesario y lo esencial. La madurez que esto requiere no proviene de una experiencia sensorial, sino racional, con Dios y el prójimo.

“Mi reino”, dijo Jesús, “no es de este mundo” (Juan 18:36); sin embargo, vivió como se vive en su Reino, y nos invitó a prepararnos para vivir en su Reino viviendo en esta Tierra de la misma manera que se vive en su Reino.

Cuando nuestras percepciones están alteradas porque nos faltó algo esencial como el amor, la aprobación o el cuidado afectuoso de nuestros padres, identificar nuestras necesidades y determinar lo que queremos alcanzar se vuelve una tarea compleja.

En síntesis, la idealización de la realidad es incompatible con la realidad. Es como chocarse todo el tiempo con algo que no esperabas, y que es opuesto a lo que creías que ibas a encontrar cuando alcanzaras tu objetivo.

“Año nuevo, vida nueva” es mucho más que un pensamiento mágico, que por el hecho de repetirlo cada enero cambiará la vida. Para un cristiano, es construir la existencia sobre los valores y las creencias que sostengan la vida aquí, y que te habiliten para esperar la felicidad en el mundo por venir.

DESEOS

DESEOS VS. PESADILLAS

Destacado_columna_NT2Con el fin de evitar errores al momento de elegir un deseo, es útil preguntarse lo siguiente:

Las respuestas que obtenga serán una guía para continuar con el siguiente paso, que consta de nuevas preguntas:

¿Es bueno para mí?

¿Representa mi cosmovisión?

¿Es alcanzable?

¿Qué necesito de mí, para alcanzarlo?

¿Necesito ayuda de otros? ¿Durante cuánto tiempo?

¿Puedo beneficiar a alguien cuando alcance el logro?

¿Cuándo empiezo?

¿Cuándo termino?

¿Cómo evalúo mi día, para saber si tengo que hacer correcciones a mi estrategia o continuar en la misma dirección?

Todo proyecto requiere renunciamiento. El decidir implica una pérdida; y hasta tanto no se vea la ganancia, hay que trabajar con regularidad, mantener la frecuencia y ser perseverante.

Cuidar de la vida, crecer y desarrollarse es un desafío diario. Quien tenga esa meta se encontrará con Jesucristo, su verdadero Mentor y Garante de su esfuerzo. Cada logro es una nueva habilitación para alcanzar el siguiente.

El entusiasmo santificado será el motor de nuestras acciones, llevando nuestras vidas de un logro a otro, sabiendo que tanto el esfuerzo como el valor, acompañados de la motivación adecuada, fueron los que permitieron a Josué entrar en la Canaán terrenal; y a nosotros, en la Canaán celestial. ¿Por qué? Porque Dios está con nosotros, como la única garantía de calidad existencial y de trascendencia.


APRENDER A ESTABLECER OBJETIVOS

La acción de elegir es una experiencia compleja, que posee varios aspectos para considerar al momento de tener que optar por una de las alternativas que manejamos. Cada vez que elegimos perdemos algo, para ganar algo. No hay acción concreta si no se está dispuesto a perder para modificar o confirmar el rumbo que deseamos dar a la vida.

Destacado1_NTCuando establecemos objetivos, es necesario tener en claro el porqué y el para qué de lo que necesitamos. Muchas veces, los objetivos que se establecen no son más que distractores circunstanciales, cuyo único aporte es generarnos un estado de expectativa transitorio, cuya única utilidad es cambiar el estado de ánimo.

La oferta de distractores es tan abundante como diaria. El formato puede llegar a crear, en quien lo recibe, una necesidad irreal como si fuera esencial. Quien no sabe lo que quiere difícilmente pueda ser asertivo, al momento de establecer sus metas y objetivos.

Los cristianos construimos para el tiempo y la eternidad; este es el criterio de elección al momento de establecer las metas y los objetivos por alcanzar. Sin embargo, la oferta diaria solo trae alternativas para construir en el espacio. Todo lo que se construye en el espacio, el tiempo se encarga de destruirlo; el apego a

lo temporal puede volvernos incapaces de construir para el tiempo y la eternidad.

Decía Joshua Heschel: “El hombre construye monumentos en el espacio que el tiempo se encarga de destruir, mientras que Dios construye monumentos en el tiempo porque ese es su dominio”. Cuando nuestra cosmovisión de la vida nos introduce en el dominio de Dios, se produce una reorganización de nuestros valores, junto con un nuevo posicionamiento espacial (“Los últimos serán primeros”; “¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que el vestido?”). Y se une con una dimensión del amor que incluye al otro (“Ama a tu prójimo como a ti mismo”).

Condicionados por los antivalores que sostiene el marco social, político, económico y religioso en el que vivimos, el ser humano se ha convertido en un mero objeto viciado de experiencias sensoriales. La vida no es más que una sucesión de actos rutinarios, en la búsqueda de gratificación por medios facilistas, rápidos y sin esfuerzo.

Al momento de elegir objetivos, necesitamos estar alertas a esta tendencia generalizada. Es válido reconocer que la influencia de una sociedad pasatista, vinculada a lo intrascendente, está ávida de contaminar tu visión del mundo y alterar la interpretación que hagas de la realidad al momento de establecer tus metas.

DEVOCIÓN VS. FLAQUEZA

“Todos los que están en la escuela de Dios necesitan de una hora tranquila para la meditación a solas consigo mismos, con la naturaleza y con Dios […]. Cuando toda otra voz calla, y tranquilos esperamos en su presencia, el silencio del alma hace más perceptible la voz de Dios […]. En medio de la presurosa muchedumbre y de la tensión de las intensas actividades de la vida, el que así se refrigera será rodeado de una atmósfera de luz y paz. Recibirá nuevo caudal de fuerza física y mental. Su vida exhalará una fragancia y revelará un poder divino que alcanzará los corazones de los hombres” (El ministerio de curación, p. 37).

SUGERENCIAS PARA EL CULTO PERSONAL

Escoge y prepara un lugar y horario especiales para tu momento a solas con Dios, donde no serás interrumpido. Puede ser útil tener una silla o un sillón cómodos, un escritorio o una mesa, e incluso una alfombra especial de oración.

Elige un método de lectura y/o estudio de la Biblia que más se adecúe a tus necesidades y preferencias personales y espirituales. Por ej., Reavivados por su Palabra:  Puede ser provechoso tener una libreta de oración intercesora, donde anotar los motivos especiales de oración para no olvidarlos. (Reavivados por su palabra)

Mantén un diario de reflexión personal, donde podrás anotar los pensamientos y las ideas que surjan de tu estudio de la Biblia.
Aprovecha los CD del Himnario Adventista, para entonar himnos a Dios durante tus momentos de devoción personal.
“Pocos medios hay más eficaces para grabar sus palabras en la memoria que el de repetirlas mediante el canto […]. Es uno de los medios más eficaces para grabar en el corazón la verdad espiritual […]. Como parte del servicio religioso, el canto no es menos importante que la oración. En realidad, más de un canto es una oración” (La educación, pp. 167, 168).
“Obtendremos poquísimo beneficio de una lectura precipitada de las Escrituras. Uno puede leer toda la Biblia y, sin embargo, quedarse sin ver su belleza o comprender su sentido profundo y oculto. Un pasaje estudiado hasta que su significado nos parezca claro en la mente, y sean evidentes sus relaciones con el plan de la salvación, es de mucho más valor que la lectura cuidadosa de muchos capítulos sin un propósito determinado y sin obtener ninguna instrucción positiva” (El camino a Cristo, p. 77).

IDEAS PARA EL ESTUDIO DE LA BIBLIA

Selecciona el versículo o el pasaje que consideras más importante del capítulo o la sección de la Biblia que leíste ese día.

Hazle las siguientes preguntas al texto: ¿Quién? ¿Qué? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Por qué? ¿Cómo?

Identifica las palabras clave y búscalas en un diccionario (común o bíblico). Compara el texto con otras versiones o búscalo en un comentario bíblico.

Piensa en cómo le explicarías ese versículo a un niño o a alguien que no tenga conocimiento de la Biblia.

Memoriza el versículo repitiéndolo en voz alta. Escríbelo en una tarjeta y colócala en un lugar donde la encuentres fácilmente durante el día (por ej., en un bolsillo o una cartera).

Utiliza el versículo para orar, según la temática que enfoque (adoración, confesión, agradecimiento, petición).


 

Por eso, cuando elijas objetivos, es bueno preguntarte cuál es el sentido, y si ese sentido representa tu cosmovisión o no. Es frecuente que muchos esfuerzos por alcanzar objetivos suelan desvanecerse en el momento mismo en que se alcanzan, por la simple razón de que cuando hayas obtenido lo que deseabas el valor de inicio desapareció. Esto sucede, y seguirá sucediendo, cada vez que pierdas de vista tu sentido de la vida y creas que el logro es el que te lo va a dar.

Los estados de frustración y de desanimo se producen, muchas veces, porque ordenamos el mundo desde una cosmovisión que asocia la felicidad con el aquí y el ahora; el placer, con la capacidad de adquirir, acumular y actualizar lo que ya ha perdido vigencia.
En el mundo en que vivimos, se ha instalado el pensamiento mágico como forma de acción, lo cual implica que los resultados deban ser fáciles de alcanzar, rápidos y sin esfuerzo. Este modelo está convirtiendo la experiencia humana, básicamente, en una experiencia sensorial. Son los sentidos los que demandan resultados sin importar los medios ni los fines, como tampoco el sentido por el cual buscamos alcanzarlos. El resultadismo no solo se constituye en una filosofía, sino también en una patología, cuyos síntomas son la velocidad, la dispersión y la compulsión a buscar logros sin importar los medios; y muy frecuentemente, ni las personas.

Por su parte, la cultura de lo sensorial está arrasando con la estructura de valores sobre los cuales se desarrolla el criterio para determinar qué sea correcto o no para la vida. En el fenómeno de lo sensorial, importa pensar que algo es bueno si me gusta, y malo si no me gusta. Este vacío de imagen de Dios –entendiendo por imagen de Dios la capacidad de pensar y hacer– ha dejado al hombre expuesto a una vida sin sentido, que busca satisfacer su insatisfacción sin saber cuáles son sus necesidades reales, y mucho menos poder elegir cómo satisfacerlas.
En ste marco, para el pensamiento mágico, el deseo tiene que ser igual al resultado aquí y ahora; de lo contrario, el interés por lo deseado se diluye fácilmente. Los cristianos sabemos que el deseo no equivale a resultados. En todo caso, el deseo es una habilitación para pensar, razonar, evaluar, elegir entre dos alternativas; tomar decisiones que sean acciones sostenidas en el tiempo, a fin de llegar a aprender lo nuevo, y así continuar creciendo en dirección al cielo.

Estos procesos establecidos por Dios son los únicos capaces de llevarnos a indagar acerca de cuál es el verdadero sentido de la vida, planteándonos preguntas como: de dónde vengo, quién soy y hacia dónde voy. Cualquier deseo que tengas al comienzo del año tendrá que ser evaluado a la luz de tu sentido de la vida, para que el logro constituya un paso en tu crecimiento armónico entre cada una de las dimensiones que forman parte de tu vida.

APRENDER A APRENDER

El judaísmo, perteneciente al pueblo elegido por Dios, estableció el primer sistema de aprendizaje obligatorio que le permitió, a lo largo de siglos, defender los aspectos más importantes de la vida, su dignidad, identidad y pertenencia.

Frase FinalMientras que los ejércitos son fuerzas para defender a un país de las posibles agresiones que pudiera sufrir por parte de enemigos, sean estos externos o internos, la educación es la herramienta para preservar la dignidad humana, y promover el crecimiento individual y social.

La ausencia de discípulos, en la actualidad, me lleva a pensar que es debida a que se terminaron los maestros o los mentores. La cultura del “corte y pegue” se aplica a casi todos los órdenes de la vida. El saber se ha convertido en un valor para cuidar más que para compartir, a fin de evitar la competencia y mantener el statu quo.

Los pocos que saben se valen de los muchos que copian, con la intención de tomar ventajas y controlar a los que podrían superarlos. De ahí que el que piensa se convierte en una amenaza, porque deja de depender del pensamiento de otro para sostenerse.

El deseo no es igual a resultados; entre uno y otro existe una brecha, cuyo tamaño depende de cada persona. A esta brecha se la llama “brecha de aprendizaje”. Hasta tanto este brecha no sea cerrada, es imposible que el resultado se logre; y cualquier resultado que se logre sin que medie un aprendizaje se vuelve insostenible.

El aprender implica dos acciones:
Desaprender.
Aprender.

Desaprender lo viejo conlleva un esfuerzo que equivale a un valor que es 18 veces mayor que el que se requiere para aprender algo nuevo. La sucesión de fracasos tiene que ver con la dificultad para desaprender lo viejo. Esta realidad permite advertir la resistencia que nuestra estructura de pensamiento tiene hacia todo lo nuevo. En la etimología de la palabra aprender, encontramos que su raíz tiene el mismo significado que la palabra prendedor; la diferencia está en la preposición “a”, que hace que el significado tome una dirección opuesta. Mientras que “prendedor” es algo que sujeta o sujeto a algo, aprender es el equivalente a soltar, desprenderte o desaferrarte.

Modificar conductas sin romper con los valores o las creencias que las sostenían es solo un cambio exterior, que con el tiempo se diluye. Lo más importante de la conducta no se encuentra en la conducta misma, sino fuera de ella. Como bien lo indica la palabra misma: la conducta es la acción visible que es representativa de un proceso complejo e invisible que sucede fuera de ella, en la mente.

Modificar conductas requiere cambiar creencias, para que se produzca una transformación en el área de la mente. Como dice el apóstol, “transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento”. Es decir, el cambio no es otra cosa que la evidencia de la transformación en la manera de entender las cosas.

Fue Jesús quien, ante la confusión de los fariseos, utilizó la ilustración del vino nuevo en odres viejos, y la de una tela nueva sobre paño viejo. Lo viejo no resiste a lo nuevo. Por eso, sus interlocutores actuaban en defensa de lo viejo, que a la postre los llevaría a intentar matar a Jesús, sin advertir que lo que estaban defendiendo los llevaba a la muerte. RA

3 Respuestas

  1. Pedro Zenger

    Solo para decirles que es imperdible este tema de el deseo versus resultados porque… a quien no le ha pasado?
    nos muestra la realidad y también la explicación de muchos de nuestros fracasos….Como también el camino a seguir:::.
    Muchas gracias por vuestro tiempo…abrazo en Cristo!!!!!

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  2. ELSA GONZÁLEZ

    Hola es mi deseo que Dios bendiga su ministerio. Soy Elsa y tengo a mi cargo el departamento de actividad misionera y tengo en la mano, la Revista Adventista de enero y en la pag. 15 donde el titulo es Nuevos recursos para instructores Bíblicos y me gusto mucho ya que es en lo que trabajo. si tiene todo lo concerniente en este tema y me puede facilitar les estaría muy agradecida, ya que es un ministerio muy lindo , pero en la cual se lucha contra potestades de la tinieblas, pero con CRISTO todo lo puedo. me gusta las fotos ilustrativas. Bueno espero reciban mis cordiales saludos en nombre de JEHOVÁ.

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