El inicio de un año nuevo es momento de recapacitación, de decisiones y de nuevas metas o promesas. El tema es que a veces (o casi siempre) no se pueden cumplir por una causa: aunque el año es nuevo, nosotros continuamos siendo las mismas personas. Sí, y con las mismas arrugas y canas (más arrugas y canas, en realidad), con las mismas debilidades y fortalezas.

Ocurre que, generalmente, sabemos cómo deberíamos cuidarnos, pero ese “debería” no está en armonía con lo que “quiero” hacer. Es común que cuando invitas a alguien a repetir el postre después de una abundante comida, diga: “No debería comer otro postre”; pero es tan rico y tentador que la primera barrera de resistencia es rápidamente superada, y más, al poder sentir y paladear ese sabroso plato nuevamente.

A veces restamos importancia a cuidar de nuestro cuerpo. Creemos que en realidad no es necesario cumplir las reglas de la salud, hasta que la enfermedad toca a nuestra puerta y nos vemos obligados a respetarlas. Si supiéramos que esos consejos nos ayudarán a evitar tantas dolencias… Pero cuesta realizar los cambios necesarios, más cuando nos sentimos bien, saludables.

Hay un versículo de la Biblia con el que me siento identificado, al estudiar los principios adventistas de salud: “Pero el que no olvida lo que oye, sino que se fija atentamente en la ley perfecta, que es la ley que nos trae libertad, y permanece firme cumpliendo lo que ella manda, será feliz en lo que hace” (Sant. 1:25, DHH).

¿Cuál es la ley que nos trae libertad y felicidad?

Tenemos toda la información sobre cómo cuidar de nuestra salud gracias a los escritos de Elena de White. Y, al estudiarlos, “no olvidando lo que se oye y permaneciendo firme cumpliendo lo que ella manda”, este conocimiento se transforma en el camino a la felicidad. Es la ley de la libertad.

El apóstol Pablo nos da otra señal, o clave, para buscar: “Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (2 Cor. 3:17). Dios nos ofrece el Espíritu de la libertad. En este año nuevo, el Señor apela a su promesa: “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra” (Eze. 36:26, 27).

Gracias a la ayuda del Espíritu Santo, que tenemos que pedir tanto como el agua en momentos de sequía, podemos transformar una promesa efímera de principio de año en una realidad viva.

San Pablo dice: “Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna” (1 Cor. 6:12).

Encontramos dos caminos: el camino de la libertad, en el cual somos templos del Espíritu Santo, o el camino de la esclavitud, dominados por nuestras flaquezas. Y el Ser que más anhela nuestra felicidad y libertad es Dios mismo. Por eso insistió tanto, por medio de Elena de White y de otros profetas en la Biblia, en la prevención de las enfermedades, el estilo de vida saludable, los ocho remedios naturales; y desea ayudarnos, por medio del Espíritu Santo, a cumplir con estas leyes.

Durante este año estaremos estudiando, junto con distintos profesionales, las enfermedades que más están afectando hoy a nuestra sociedad. Analizaremos los elementos y los principales hábitos necesarios para poder prevenirlas. ¿Podremos aplicar toda esta información? ¿Será real en nuestras vidas? Solo caminando junto con nuestro Creador podremos gozar de una vida nueva. Y él la está ofreciendo; se brinda, en este momento para ti. RA

Werner Arnolds: Médico Clínico, vive en Ibarlucea, Prov. de Santa Fe, Rep. Argentina.