Siegfried Neuendorff nació en 1933  y creció en Berlín, Alemania, en los difíciles tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Su familia sobrevivió al conflicto, y fortaleció su fe por el estudio de la Biblia y la asistencia a los cultos adventistas. En 1953, los Neuendorff emigraron a los Estados Unidos, radicándose en Loma Linda, California.

En ese lugar, Siegfried conoció a una enfermera llamada Evelyn Trupp, con quien se casó en 1958. Evelyn trabajó en el Hospital de Loma Linda, mientras Siegfried estudiaba en la Universidad de La Sierra y trabajaba como albañil. La lectura de libros con historias de misioneros como Fuego Salvaje, Ana Stahl en los Andes, y otros, los motivó a servir como misioneros voluntarios en Sudamérica con sus hijos Eileen y Haroldo. En 1963 dejaron su trabajo y se dirigieron a las selvas del Gran Pajonal en el Perú. Su primer destino fue la estación misionera de Nevati, entre los pueblos amuesha y campa (asháninka), en las riberas del Río Pichis, al otro lado de los Andes.

Hicieron planes de pasar cinco años en el servicio misionero y entonces regresar a Loma Linda, pero su estadía en Sudamérica se extendió por 25 años. El trabajo de la misión les ganó el corazón y absorbió todas sus fuerzas. Comenzaban con el culto a las 6, luego el desayuno y las faenas interminables del día: desde cavar un pozo, reparar lo dañado, viajar en canoa, vacunar, recolectar, hasta dirigir los cultos y dar estudios bíblicos, algo que Siegfried nunca había hecho antes.

Al siguiente año se encontraban trabajando en la estación misionera de Unini, entre las etnias campa y piro. Evelyn fue directora de la escuela de la misión con la ayuda de una traductora. En ese tiempo, Siegfried comenzó a visitar la selva del Gran Pajonal. Con las ganancias de la tienda de la misión y la ayuda de un matrimonio de California pagaban a los maestros de cuatro escuelas y construyeron un templo. Siegfried visitaba las escuelas y entregaba a los maestros su salario de unos quince dólares.

Más de una vez la avioneta “Fernando Stahl”, de la Misión en Pucallpa, ayudó a Siegfried en sus viajes por la selva. Otras veces se valía de una canoa para buscar provisiones y combustible de la ciudad de Pucallpa. Cuando viajaban por los ríos (el Tambo,  el Ucayali o el Urubamba), a menudo acampaban en la playa bajo las estrellas. Se necesitaba mucha resistencia y valentía para viajar por la selva, dormir en chozas, en una enramada o al aire libre.

¿Cómo sintetizar los años de servicio voluntario de los Neuendorff? Basten los siguientes datos: ayudaron a miles de enfermos, extrajeron seis mil dientes, edificaron dos escuelas, dos clínicas médicas y dos templos. Abrieron seis campos de aterrizaje y proveyeron a casi todas las casas de instalaciones de agua. Añadieron unas noventa personas a la iglesia; organizaron campamentos para centenares de jóvenes.

Hasta el propio presidente de la Asociación General de entonces, Pr. Robert Pierson, visitó la estación misionera de Unini.

En 1969 regresaron temporalmente a los Estados Unidos, y Siegfried se matriculó en la Universidad de La Sierra para estudiar Teología. Luego de su graduación, en 1971, los Neuendorff fueron llamados para volver al Perú. Siegfried fue ordenado al ministerio en 1972. En 1985, por razones familiares tuvo que dejar el Perú. Entonces dijo el Pr. Neuendorff: “Nuestros corazones estaban satisfechos y contentos”.

Siegfried continuó como pastor en California, hasta su jubilación en 2000. Esta es la propia evaluación de su ministerio: “Al mirar retrospectivamente, podemos confirmar que jamás nos arrepentimos de haber puesto nuestra energía, influencia y vida en el servicio de Dios y los hombres. Hemos dejado la selva, pero ella está aún dentro de nosotros”. RA

Daniel Plenc: Doctor en Teología, profesor en la Facultad Adventista de Amazonia y director del Centro de Estudios White en Belém do Pará, Rep. del Brasil.