Cuatro consideraciones útiles para comunicar nuestras creencias de salud.

“La naturaleza, a semejanza de la revelación, testifica del amor de Dios. Nuestro Padre en el cielo es la fuente de vida, sabiduría y gozo. Mira las maravillas y las bellezas de la naturaleza. Piensa en su magnífica adaptación a las necesidades y la felicidad, no solamente del hombre, sino de todas las criaturas vivientes. La luz del Sol y la lluvia –que alegran y refrescan la tierra–, las colinas, los mares y los valles; todo nos habla del amor del Creador. Es Dios quien suple las necesidades diarias de todas sus criaturas” (Elena de White, El camino a Cristo, p. 7). “Dios es amor. Su naturaleza, su Ley, es amor. Lo ha sido siempre, y lo será para siempre” (White, Patriarcas y profetas, p. 11).

Los consejos de salud que Dios ha dado nos hablan del amor de Dios. Conocer la fisiología del cuerpo humano y su interre­lación con la naturaleza en un diseño inteligente nos muestra la sabiduría divina y aumenta nuestra percepción del amor de Dios. Dios se interesa y se preocupa por nuestro bienestar físico más que un padre que llora al ver a su hijo enfermo. 

Es el deseo de nuestro Creador que tengamos salud y cuidemos nuestro organismo. Conocer y respetar los principios de salud es una bendición y un mensaje de salvación para nosotros y para nuestro prójimo. Pero ese mensaje es completo cuando está lleno del amor de Dios, y así podemos ayudar a otras personas y cumplir con la misión que Dios nos ha dado. 

Muchas personas no tienen interés por el mensaje de salvación, pero sí están dispuestas a escuchar un mensaje de salud, y por eso es tan valioso prepararnos para transmitirlo. Al brindar un mensaje de amor, es importante tener en cuenta los siguientes puntos: 

El mensaje debe provenir de una fuente confiable. Las redes sociales no son una fuente válida para tomar información de salud. Podemos buscar información en las páginas web de la Organización Mundial de la Salud y las de instituciones de salud reconocidas.

El mensaje debe estar impregnado de amor. Las ideas de conspiraciones mundiales o complots no son mensajes que muestren el amor de Dios; solamente crean miedo y desconfianza sobre el sistema de salud, en el que se incluyen las instituciones adventistas de salud.

El mensaje debe ser abierto a todos. Dios nos habla de distintas formas, aceptando nuestras diferencias culturales y sociales. El mensaje válido es el que se enseña sin imponerse. Lo que puede ser útil para uno no es siempre una ayuda para todos, porque fuimos creados por Dios como seres diferentes. El mensaje de amor se fortalece cuando las personas ven que las comprendemos y aceptamos. Así, este llega más al corazón cuando quitamos nuestros prejuicios y las amamos, tal como Dios nos amó cuando no lo conocíamos. 

El mensaje debe tener grandes dosis de paciencia y comprensión. Muchas veces observaremos que nuestros consejos de salud han caído en saco roto. Eso no debe generarnos preocupación. Nuestra misión es mostrar a Cristo al mundo. Nuestra misión es consagrarnos a Dios y pedirle que él sea quien hable por nosotros, transmitir el mensaje y permitir que el Espíritu Santo siga realizando el trabajo. Dios no tiene apuro, y se toma todo el tiempo necesario para convencer. Hay veces en que su trabajo tarda toda una vida, pero los resultados son eternos.

Jesús, en la Última Cena, les dijo a sus discípulos: “De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores hará, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo” (Juan 14:12, 13).

No somos nosotros quienes llevaremos el mensaje de salvación al mundo; es Dios por medio de nosotros, cuando nos entregamos plenamente a su servicio. Estamos viviendo momentos prestados: Cristo viene pronto. Pidamos al Padre, en el nombre de Jesús, más del Espíritu Santo para poder ser testigos activos del trabajo de salvación de Dios.

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