Un contexto inesperado, una situación estresante,
y siete consejos prácticos para vivir mejor más allá de todo lo que sucede.

Es muy importante que sigas cuidando el lavado de tus manos.

Y no descuides el uso de barbijo o tapaboca.

También recuerda tener cuidado con la distancia social. 

Pero, “por sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida” (Prov. 4:23, NVI). 

Sin duda, a los consejos actuales para cuidar nuestra salud en estos tiempos de pandemia, podemos sumar el del sabio Salomón. Tiene tres mil años de antigüedad, pero está más vigente que nunca.

Antes que nada, recordemos que la Biblia utiliza normalmente el término “corazón” para referirse a la mente. “En sentido figurado, para nosotros el corazón es la sede de las emociones; para los hebreos lo era las entrañas; el corazón era el asiento del intelecto”, declara el Comentario bíblico adventista en relación con Proverbios 4:23. Por su parte, el Diccionario bíblico adventista amplía un poco esta definición al explicar que, en las Escrituras, el término corazón “se usa muy raramente con respecto al órgano real de nuestro cuerpo […]. Generalmente designa el asiento de diversas actitudes y emociones y de la inteligencia”.

Por esto, Proverbios 4:23 puede traducirse como lo hace la versión Dios habla hoy: “Cuida tu mente más que nada en el mundo, porque ella es fuente de vida”.

No hay salud sin salud mental

El psicólogo e investigador F. Villalobos Galvis destaca que, “en este contexto [el de la pandemia], la salud mental adquirió protagonismo […] al recordar lo afirmado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que ‘no hay salud sin salud mental’ ”.1

Mucho les ha costado a las ciencias de la salud reconocer la importancia (o preponderancia) de la mente para entender mejor el funcionamiento de la salud íntegra del ser humano. Pero el Creador ya nos lo decía en su Palabra. Y Elena de White escribió hace ya más de cien años que nueve de cada diez enfermedades tienen su origen en la mente. Ella no se estaba refiriendo específicamente a las enfermedades mentales (lo que hoy llamamos psicopatología), sino a todo problema de salud: “Por doquiera prevalece la enfermedad mental. Los nueve décimos de las enfermedades que sufren los hombres tienen su fundamento en esto”.2

Y hoy, en tiempos de pandemia, esta verdad cobra una relevancia aún mayor. La propia OMS recomienda tomar una serie de importantes medidas para cuidar la salud mental, a fin de fortalecerse para sobrellevar y vencer la COVID-19.3 

Los efectos de una pandemia

Rápidamente se están llevando a cabo en todo el mundo estudios que intentan determinar cómo la pandemia de la COVID-19 está afectando la salud mental de la población. 

Rosenberg, Mendoza y Tabatabaei-Jafarie, por ejemplo, señalan que “expertos de todas las regiones han estimado un aumento de la angustia psicológica, la ansiedad y la depresión en sus áreas de influencia y países”. Estos investigadores indican específicamente que “hay datos australianos que sugieren que los problemas de salud mental son al menos dos veces más prevalentes que en circunstancias no pandémicas”.4 También en Perú, Huarcaya-Victoria señala que, “de acuerdo con la evidencia revisada, se ha demostrado que durante la fase inicial de la pandemia de la COVID-19 fue común la presencia de ansiedad, depresión y reacción al estrés en la población general”.5 En la Argentina, mientras tanto, un equipo de investigadoras aplicó una encuesta de la OMS adaptada al contexto local, y halló que la población encuestada siente incertidumbre, miedo y angustia.6 

Quizá para englobar de manera general las investigaciones realizadas hasta aquí, puede citarse un trabajo llevado adelante por un equipo mundial de especialistas en salud mental, publicado recientemente en la revista científica The Lancet Psychiatry. Señala: “La mayoría de las encuestas del público en general muestran un aumento de los síntomas de depresión, ansiedad y estrés relacionados con COVID-19, como resultado de factores estresantes psicosociales como alteración de la vida, miedo a la enfermedad o miedo a los efectos económicos negativos”. El informe además indica que “la cuarentena también puede contribuir al estrés, la ira, y un aumento de conductas de riesgo como los juegos de azar en línea”. Otros problemas mencionados por esta investigación son: trastornos de adaptación y dolor en los niños; aumento de consumo de alcohol y otras drogas; y violencia doméstica7

Ideas para poner en práctica

¿Qué podemos hacer ante esta realidad que nos está afectando a todos, de una forma u otra? A continuación, presentamos algunas sugerencias:

1- No te preocupes por estar preocupado. O también podríamos decir: no te asustes de tu miedo. Me refiero a que es normal preocuparse por las circunstancias que estamos viviendo. Es esperable que cualquier persona normal sienta algún grado de miedo por la pandemia que nos afecta.

Es que el miedo es una emoción inevitable; forma parte de la vida. Es más, en un nivel adecuado, nos ayuda a tomar las precauciones necesarias para cuidarnos y cuidar a los demás (de hecho, la ausencia de miedo normal es una situación psicopatológica que lleva a conductas destructivas y autodestructivas). 

Claro, el punto es ese: un nivel “adecuado” de miedo; es decir, que nos ayude a funcionar, a ocuparnos positivamente de lo que debemos hacer con el fin de cuidarnos y cuidar de los demás. No vamos a mencionar aquí la lista bien conocida de medidas preventivas que es importante adoptar para reducir el riesgo de contagio y para fortalecer el sistema inmunológico.

2- No permitas que tu miedo te paralice. Al contrario, utilízalo como combustible para la acción. Como se suele decir: No quedarse simplemente con la preocupación, sino pasar a la ocupación. Ese es el sentido del miedo.

Por eso, no te pelees con el miedo o con otros síntomas que puedan aparecer ante la situación que estamos viviendo. No te sientas mal por sentirte mal. Acepta esos síntomas; no eres de hierro. Podemos encontrar muchos ejemplos en la Biblia de grandes hombres y mujeres de fe que experimentaron miedo ante situaciones críticas. Es más, Jesús mismo, en el Getsemaní, experimentó una tremenda angustia, a punto tal que expresó: “Es tal la angustia que me invade, que me siento morir” (Mat. 26:38, NVI). Jesús no negó esa angustia, no la escondió, no se enojó consigo mismo por sentirse así, sino que abrió su corazón y se lo contó al Padre. También buscó apoyo en sus amigos… pero los encontró durmiendo, lamentablemente.

No niegues tus emociones en esta situación de crisis. Hablemos con amigos, con personas confiables, y muy especialmente, con nuestro Padre celestial.

3- Cuídate de la infoxicación. Es muy importante cuidar nuestra mente del exceso de información. “Infoxicación” es un término creado hace algunos años para referirse a tal situación. Desde luego que estar informados es útil; nos permite tener elementos para evaluar la realidad y tomar decisiones adecuadas. Si no contamos con la información necesaria, es difícil, sino imposible, tomar decisiones inteligentes.

Pero, algo muy distinto es vivir conectados a la avalancha de datos y opiniones que hoy nos llegan a través de los múltiples medios de comunicación masiva. Estar pendientes del minuto a minuto; de los informes locales, nacionales y mundiales; de las opiniones de un sinfín de especialistas; y de las opiniones de las opiniones… ¿Qué mente puede sobrellevar algo así sin ser afectada?

De esta manera caemos en la infoxicación, que se caracteriza por un estado de ansiedad por consumir más y más información, leer y releer, querer escuchar todo, hasta quedar saturados. Esto termina dificultando la comprensión de la información que se recibe y, por lo tanto, su aplicación inteligente. Así, finalmente es lo mismo que estar desinformados, pero con el agravante de que se afecta la salud mental.

Es importante, por lo tanto, definir un horario diario para conectarse e informarse. Cada uno sabrá, de acuerdo con su rutina personal, cuál podría ser el mejor horario. Lo importante es que ese momento sea consciente, esto es, manteniendo en claro el propósito: actualizarse sin sobrecargarse y tener información para actuar inteligentemente.

4- Aprovecha la oportunidad y reordénate. Hace varios meses surgió el concepto de “nueva normalidad”. La verdad es que todavía nadie tiene en claro cómo será. Mientras tanto, necesitamos reorganizar nuestra vida de acuerdo con la coyuntura. Ya sea que aún tengamos que cumplir con algún grado de confinamiento en casa o que estemos con una nueva dinámica de horarios o rutina laboral, lo importante es mantener una estructura saludable en la organización de nuestra jornada. Ten en cuenta algunos elementos:

  • Levántate en un horario regular.
  • Desayuna abundantemente.
  • Si no tienes una actividad laboral, puedes dedicar el tiempo a hacer algo que te permita sentirte satisfecho: aprender algo nuevo (arte, oficio, idioma, etc.), practicar un hobby, hacer algún curso de actualización o leer.
  • Define horarios para encender la televisión o consumir contenidos digitales.
  • Realiza actividad física diariamente; como mínimo, media hora por día (de acuerdo con tus posibilidades personales). 
  • Toma unos minutos de sol cada día.
  • Sé regular en el horario de las comidas y bebe abundante agua.
  • Mantén el contacto con tus seres queridos. Invertir tiempo en alimentar los lazos afectivos es fundamental para la salud mental. No termines el día sin dedicar unos momentos a comunicarte con tus afectos, preguntarles cómo están y contarles también cómo has estado. Aquí podemos incluir algo más, también muy valioso: animarse a extender los lazos afectivos a personas necesitadas de ayuda (ya sea material, emocional o espiritual). Preocuparse y ocuparse por el prójimo, con pequeñas y sinceras acciones, es realmente saludable.
  • Ve a descansar razonablemente temprano. Un buen sueño es fundamental para fortalecer el sistema inmunológico y la salud mental.
  • No comenzar ni terminar el día como “smombies”. Este término se utiliza en algunos lugares del mundo para referirse a las personas adictas al celular, que circulan sin sacar los ojos del dispositivo (surgió de unir dos palabras: smartphone y “zombie”). Si hablamos de cuidar nuestra mente, este es un punto fundamental. Despertarse con el celular en la mano e irse a dormir de la misma manera estresa, genera ansiedad y afecta al buen descanso. 

Te recomiendo, en cambio, comenzar el día agradeciendo a Dios por sus bendiciones, colocando en sus manos las preocupaciones y las actividades de la jornada, y tomando un momento para alimentar tu mente y tu corazón leyendo una porción de la Biblia. Nada mejor para comenzar el día que un buen desayuno espiritual antes del desayuno físico: “Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tus palabras fueron para mí un gozo y la alegría de mi corazón” (Jer. 15:16). Asimismo, dormirse con los pensamientos en Dios nos permite experimentar lo que dice el Salmo 4:8: “En paz me acostaré y asimismo dormiré, porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado”.

5- “Oxigena” la convivencia. Si en un ambiente cerrado hay muchas personas en algún momento, el aire se vicia, ¿no es cierto? Así que, es importante ventilar el lugar. Emocionalmente sucede algo similar. Necesitamos abrir “ventanas” para renovar el aire emocional en nuestro grupo de convivencia.

Antes de la pandemia y la cuarentena, teníamos un ritmo de vida que nos permitía una mayor descarga de tensiones afuera: más circulación en la vía pública, más vida social y más actividad física al aire libre o en gimnasios. Ahora, todo eso ha cambiado. Entonces, el estrés que antes descargábamos afuera comenzó a acumularse dentro de casa. Ya no contamos con las válvulas de escape habituales. Así que, inevitablemente, el ambiente emocional en el hogar ha comenzado a recargarse, viciarse, y hasta quizás a asfixiar. Es necesario abrir ventanas. ¿Cómo? Aquí van algunos consejos sencillos y prácticos:

  • Identifica el lugar de tu casa en el que puedas tener más tranquilidad. 
  • Tómate un tiempo diario para estar allí, desconectado de lo que sucede alrededor. 
  • Si es adecuado, ese lugar también lo puedes aprovechar para tener tu momento diario de actividad física.
  • Y en ese lugar también puedes tomar unos minutos para conversar con Dios cuando te sientas agobiado.

De esta manera estarás abriendo una ventana en tu ambiente emocional y en el de tu hogar, para refrescar y renovar el aire de la convivencia.

6- Cultiva una saludable flexibilidad. La vida necesita estructura, pero también flexibilidad. Esto lo podemos ver claramente en nuestro organismo. Por ejemplo, los huesos flexibles tienen más salud y capacidad de sostener la vida que los huesos más rígidos. O sencillamente pensemos en un árbol: mientras más verde, más flexible, más vida y más capacidad de soportar embates sin quebrarse.

Con la vida emocional sucede lo mismo. Necesitamos cultivar una saludable flexibilidad a fin de aceptar las cosas inesperadas, los cambios de rumbo y la frustración que esto genera. En este sentido, F. Villalobos Galvis señala: “En tiempos de COVID-19 se deberá trabajar mucho más para que los seres humanos aceptemos, asumamos y afrontemos los estresores de la vida diaria, y entendamos que no son fenómenos extraordinarios, sino que son, por el contrario, los elementos normales de la existencia”.8 

Sí, la vida es así de imprevisible. Solo que a los seres humanos nos cuesta mucho entenderlo. Intentamos controlar las cosas, las personas… ¡y la existencia misma! Es una especie de omnipotencia que llevamos en nuestros “genes espirituales”. Pero de pronto, ya sea por una pandemia o por cualquier otra crisis, nos chocamos con la realidad de que no podemos dominar lo que sucede como quisiéramos. 

Por esto, desde siempre Dios nos ha invitado a confiar en su cuidado y dirección. El sí sabe lo que viene allá adelante, y nos dice: “Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos” (Sal. 32:8). Saber que Dios nos acompaña y nos guía en toda circunstancia nos ayuda a desarrollar una saludable aceptación y flexibilidad ante las situaciones imprevistas. No hay mayor tranquilidad y confianza que saber que a “los que aman a Dios todas las cosas les ayudan para bien” (Rom. 8:28). 

7- Ten esperanza y amplía la visión. Un síntoma casi omnipresente en tiempos de pandemia es la angustia, que puede ser descrita como un estado de profundo miedo ante un panorama incierto y amenazante. “Angustia” viene del latín angustus, que significa “angosto” o “estrecho”, algo que describe la opresión que se siente en el pecho durante ese estado emocional. 

Ahora bien, antes de que esa estrechez aparezca en el pecho, aparece en la mente. Muchas veces no somos conscientes de esto. Me refiero a que, cuando no vemos una salida inmediata, la mente se nos estrecha (¡se nos cierra!) y caemos en el pensamiento fatalista: la creencia de que todo va a terminar mal.

Pero ninguno de nosotros sabe exactamente cómo va a seguir esto. Ni las mentes más brillantes en este momento pueden dar un pronóstico certero. Por eso te invito a escuchar a Uno que sí sabe, el Creador, quien nos dice en su Palabra: “Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes –afirma el Señor–, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza” (Jer. 29:11).

Dios tiene un plan en el que podemos confiar. Y no solamente es un plan general para el mundo, es también específico para tu vida. Esta pandemia no lo tomó “desprevenido”. Él todavía está en el control. Nosotros no podemos ver la salida porque nuestra mirada humana es estrecha. Pero él sí la ve, y nos invita a confiar en su plan, que está presentado en la Biblia.

Quizás uno de los sentidos de esta pandemia sea recordarnos que necesitamos abrir nuestra mente a una mirada más amplia de la vida. Hacerlo nos traerá paz interior y salud mental.


Referencias

1 https://ascofapsi.org.co/pdf/Psicologia-contextos-COVID-19_web.pdf . Consultado el 1/10/2020.

2 Elena de White, Mente, carácter y personalidad, t. 1, cap. 7, p. 59.

3 Ver WHO/2019-nCoV/MentalHealth/2020.1

4 https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S221188372030088 . Consultado el 30/9/2020.

5 https://rpmesp.ins.gob.pe/index.php/rpmesp/article/view/5419. Consultado el 30/9/2020.

6 https://scielosp.org/pdf/csc/2020.v25suppl1/2447-2456/es . Consultado el 30/9/2020.

7 https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2215036620303072#bib33 . Consultado el 30/9/2020.

8 https://ascofapsi.org.co/pdf/Psicologia-contextos-COVID-19_web.pdf . Consultado el 1/10/2020.

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