Te invito a centrar la atención en la vida de dos personajes del Antiguo Testamento. Pongamos el foco en un período de sus vidas del que poco o nada se habla, pero es muy valioso. Las vidas de estos dos personajes tienen algo de paralelismo, y también divergencias, que nutrirán nuestra lectura y meditación. Finalmente, las dos historias convergen en el asombroso resultado de los planes divinos para sus vidas.

Paralelismos

Ambas vidas comienzan en un hogar con fuertes bases religiosas, padres temerosos de Dios y fieles practicantes de su voluntad. La educación religiosa en la niñez puso las bases de su éxito final. Su posterior educación trascendió la que sus padres podían otorgarles, y les abrió un horizonte de oportunidades ilimitado.

Hasta aquí los paralelos. Ahora comienzan las divergencias.

En el primer caso, la prosperidad creciente se pulveriza bruscamente en una inesperada situación moral que lleva a nuestro personaje donde menos imaginaba terminar: la cárcel. En el segundo caso, la educación y la posición social llevan a nuestro personaje a acariciar el más alto puesto de poder de sus tiempos: llegar a ser rey. Pero un arrebato descontrolado destroza los sueños, y debe huir inesperadamente para salvar la vida. ¿El remedio? El desierto.

¿Ya descubriste sobre quién estamos hablando? José y Moisés. La cárcel, como resultado de ser fiel a los principios divinos. El desierto, como resultado de no cumplir el plan original de Dios. ¿Hay algo rescatable de José en la cárcel y Moisés en el desierto?

José en la cárcel

Pongámonos en los zapatos de José, en la cárcel. Él sabía que era inocente, pero esa inocencia, en un país extraño a los principios divinos, no mueve a ningún abogado a tomar el caso. No es rentable, no da prestigio. La frustración y desanimo es un resultado lógico. La Biblia no bucea en el corazón de José en la cárcel, pero el comentario de Elena de White nos abre una ventana a lo que tú y yo también sentiríamos sufriendo por algo que no hicimos: “José permaneció preso durante dos años más. La esperanza que se había encendido en su corazón se desvaneció poco a poco, y a todas las otras tribulaciones se agregó el amargo aguijón de la ingratitud”.[1]

Esto es humano. Ante esta situación, la pena y la depresión inundan los rincones del alma, y una pregunta salta en la mente: ¿Dónde esta Dios? ¿Cómo entendemos lo que nos dice el Salmo 145, que dice que “cercano está Jehová a todos los que le invocan, a todos los que le invocan de veras” (Sal. 145:18)?

Días pasados, recibí un mensaje que me tocó profundamente: “Así como tu corazón trabaja sin que lo escuches, Dios está trabajando por ti aunque no lo veas”. En la desesperación, Dios aún estaba con José, y lo prosperó en la cárcel. El secreto fue dejar de mirarse a sí mismo y trabajar por los demás. El panadero y el copero representan dos tipos de personas que viven en nuestros momentos de “cárcel” espiritual. El panadero representa a quien, aunque lo ayudes, no hará nada por ti. El copero representa a la gente que te promete ayuda, ese apoyo que estás necesitando desesperadamente, y la esperanza surge por un tiempo, pero lentamente el silencio y el tiempo apagan la llama. El resultado es un pozo espiritual más profundo que el anterior, pues además del silencio divino, se suma el humano.

Luego de este episodio, José estuvo por dos años mas en la cárcel, esperando. ¿Cómo afrontar esos dos años, que quizá en tu caso podrían ser cinco, o diez, o toda la vida? Un día, José se despertó en su celda preparado para otro día de rutina, y de pronto, drásticamente, fue sacado, pero esta vez hacia el palacio real. Esa noche durmió en la cama más cómoda que jamás imaginó. La cárcel quedó en el pasado. De allí salió el estadista que salvó del hambre no solo a Egipto, sino también a su familia, de la cual más tarde nació Moisés.

Moisés en el desierto

¿Qué acerca de Moisés? Imaginémoslo huyendo hacia el desierto de Madián. Sus pasos apresurados por las montañas y valles llevaban un alma cargada de miedo, rabia y tristeza. Había perdido la oportunidad de su vida. Preparado para ser un faraón amado y respetado, ahora estaba huyendo al desierto sin plan alguno, más que salvar su pellejo. Quizá su mente era un hervidero de conflictos, y la pregunta era: ¿dónde está Dios?

Esta vez, la Biblia nos habla un poco más de su vida en el desierto. El eminente estadista y entrenado militar, listo para el trono, ahora busca un trabajo para sobrevivir. Y lo encuentra con Jetro: cuidar ovejas. Eso era justamente lo que los egipcios sentían aversión por hacer. Su trabajo duró no solo unos pocos años. Fueron cuarenta años; el período en que podemos ser productivos hasta llegar a la jubilación, con un cuerpo lleno de achaques.

En la agenda de Dios, los planes para Moisés demoraron cuarenta años, pero llegaron a un final transcendente con un encuentro personal frente a la zarza ardiente. ¿Qué sientes o piensas cuando tu vida discurre sin respuestas, haciendo algo para lo que no fuiste entrenado?. La tentación de “tirar la toalla espiritual” se agranda cuando los años pasan sin recibir una respuesta del Cielo: ¿Por qué estamos aún en el desierto?

Conclusión

Unamos los dos casos y resumamos algunas lecciones para nuestra vida:

  1. Los tiempos divinos son distintos para cada hijo de Dios. Él conoce nuestra fibra espiritual y la prepara para sus propósitos con métodos diferentes, pero el resultado esperado siempre es el mismo.
  2. No pienses que la cárcel o el desierto son un castigo divino. Son el instrumento más perfecto diseñado para obtener algo único: un ciudadano para el reino de los cielos.
  3. No te preguntes dónde esta Dios. Satanás puede usar esa pregunta para poner sus respuestas en tu mente y dejarte fuera del plan divino.
  4. El silencio hace la voz de Dios más audible. Búscalo diariamente en medio de la soledad de la cárcel o en la vastedad del desierto, pero en du Palabra. Mantén una devoción personal diaria; es el mejor antibiótico que cura la infección de  la desconfianza.
  5. Dios está trabajando en un plan para ti. Tu tarea es estar listo cada día para ser parte del milagro.

Cuando llegue el llamado, no vaciles en dejar la cárcel o el desierto. Hay algo mucho mejor más allá. “Dios da las oportunidades; el éxito depende del uso que se haga de ellas”.[2] ¿Dónde te encuentras ahora? ¿En la cárcel o en el desierto? Ten por cierto que no estás solo. Dios está trabajando en tu vida, aunque no lo notes.


Referencias:

[1] Elena de White, Patriarcas y profetas, p.  219.

[2] Ibíd., p. 224.


Jorge Rodríguez es médico misionero, y se encuentra trabajando en el Hospital Adventista Maluti, en el Reino de Lesoto, África.

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