Como hijos fieles de Dios, podemos marcar una diferencia en un mundo hostil y lleno de contratiempos y persecuciones.

El libro de Daniel narra una serie de situaciones peculiares y, hasta cierto punto, poco probables en tiempos modernos, sobre todo en el mundo occidental y democrático. Si bien es cierto, hay naciones en el Medio Oriente en las que la religión está relacionada directamente con el Estado, los decretos de muerte a causa de asuntos de la fe de quienes contradigan los parámetros religiosos-gubernamentales no son comunes en el mundo actual. En Daniel 6 encontramos un decreto real, de corte religioso, que condenaba a muerte a quien fuera en contra de ese edicto.

La Biblia narra dicho evento en el contexto en que el rey Darío nombró a su personal de confianza. En la descripción de la elección de los sátrapas y los gobernadores de Medopersia, se hace mención al otrora joven Daniel, que había llegado a Babilonia en los tiempos de Nabucodonosor. La historia bíblica nos dice que entre los elegidos para tales puestos de alta confianza estaba Daniel y que se diferenciaba por “sobresalir” (LBLA) entre todos los funcionarios (Dan. 6:3). Tal era el nivel de diferencia entre él y el resto que el rey tenía en mente nombrar al profeta de Dios como el principal funcionario del Imperio, por encima de los demás gobernadores y sátrapas.

En este escenario, es importante resaltar que la Escritura da una razón específica por la cual Daniel encontró gracia ante los ojos del monarca. El texto arameo de Daniel 6:3 hace uso de la raíz verbal netsah. Este verbo hace referencia a una persona que se distingue, o sobresale, en comparación con otros, y no refiere a Daniel necesariamente como superior o mejor en naturaleza que otros. De hecho, en una ocasión anterior Daniel declaró que no se consideraba intrínsecamente superior o mejor que otros (2:30).

Ahora bien, la razón por la cual Daniel se destacó del resto de gobernadores se declara en el texto bíblico de forma explícita. El texto dice que “había en él un espíritu extraordinario” (6:3, LBLA). El texto establece que lo que diferenciaba a Daniel era un espíritu que no era común entre los funcionarios reales. Según el propio testimonio de las Escrituras, todos los seres humanos han recibido el mismo soplo de vida (ver Gén. 2:7), pero en Daniel se encontró algo diferente, “un espíritu extraordinario”.

El libro de Daniel hace referencia a un espíritu extraordinario en otra ocasión, a saber, en Daniel 5:12. En este pasaje se da testimonio de que Daniel poseía un “espíritu extraordinario” (LBLA), además de una serie de cualidades adicionales que hacían de Daniel una persona respetada. Más aún, en el versículo 14, el gobernante babilonio de turno declaró que, según la opinión de sus más cercanos colaboradores, Daniel tenía “el espíritu de los dioses”. En este sentido, bajo la perspectiva pagana y politeísta de los babilonios, no dan el crédito al Dios de Daniel, aunque reconocen que hay algo sobrenatural en él. En tal sentido, y a la luz del texto bíblico, Daniel tenía el Espíritu de Dios. Esta es la razón por la cual Daniel sobresalía entre los sátrapas.

Es notable que la presencia del Espíritu Santo en la vida de Daniel llevara a que incluso sus opositores declararan que era intachable. Los opositores de Daniel hicieron un análisis meticuloso de la vida del profeta intentando encontrar alguna falta, para evitar que Daniel fuera nombrado como el jefe de todos los sátrapas y gobernadores. El reporte de los funcionarios dice que, tras el esfuerzo por sorprenderlo en culpa, “no podían hallar motivo alguno o falta, porque él era fiel, y ningún error ni falta hallaron en él” (Dan. 6:4, RVR 95).

Esto nos enseña la clave del éxito frente a las dificultades que como creyentes nos toca enfrentar, y más aún desde una perspectiva escatológica, considerando los tiempos en los que estamos viviendo. Es muy importante tomar el ejemplo de Daniel, quien en su vida de oración y fidelidad a Dios logró brindar un testimonio ejemplar. Que el Señor nos acompañe para que nuestra vida sea llena del Espíritu de Dios, que sea una vida de oración y testimonio fiel, sean cuales fueren las condiciones en las que nos toque vivir. ¡Maranatha! RA

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