Parece insólito que el enemigo de Dios sea el foco de atención en un estudio bíblico, pero lo que me ha motivado a analizar la obra de Satanás en el último libro de la Biblia es la siguiente declaración de Elena de White: “Satanás está trabajando constantemente; pero pocos tienen idea alguna de su actividad y sutileza. El pueblo de Dios debe estar preparado para resistir al astuto enemigo”.[1]

De acuerdo con esta cita, pareciera ser que es de suma importancia entender la actividad y sutileza con la que Satanás actúa para poder resistirlo. Si a esta idea se le agrega el énfasis con que Elena de White insta a los adventistas a estudiar el libro de Apocalipsis, entonces un estudio sobre la actividad de Satanás en el último libro de la Biblia podría ser de gran importancia.[2]

Algunas preguntas que trataremos de responder en este estudio son: ¿Cómo se presenta a Satanás en el libro de Apocalipsis? ¿De qué manera Juan describe la obra del enemigo de Dios en su libro? ¿Es Satanás descrito de una manera diferente en Apocalipsis a como es presentado en otros libros del Nuevo Testamento? Para dar respuesta a estos interrogantes, se estudiarán las cuatro palabras griegas con las que Juan describe al enemigo de Dios. Tres son sustantivos (“dragón”, “serpiente” y “Satanás”) mientras que la cuarta es un adjetivo (“diablo”).

El dragón en Apocalipsis

El sustantivo “dragón” es la primera designación con la que el apóstol Juan identifica al enemigo de Dios en el libro de Apocalipsis. Esta palabra aparece trece veces en el Nuevo Testamento (NT), todas ellas en el Apocalipsis de Juan. El dragón es mencionado mayormente en el capítulo 12 (ocho veces). En el versículo 3, Juan introduce al dragón y sus características (siete cabezas, cuernos y diademas). Las cualidades del dragón son muy similares a las de la bestia marina; esta última también tiene siete cabezas, cuernos y diademas (Apoc. 13:1).

La mención de la bestia marina y sus similitudes con el dragón son importantes, puesto que Apocalipsis describe que el dragón utiliza a otros actores para llevar adelante sus planes. Por ejemplo, en el versículo 4 se nos dice que el dragón quería devorar al hijo de la mujer (Jesús). Este evento histórico se describe en el evangelio de Mateo, cuando Herodes buscaba dar muerte al recién nacido Jesús (Mat. 2:13). El dragón también emplea a sus ángeles para pelear contra Miguel (Apoc. 12:7), y utiliza poderes terrenales para atacar al pueblo de Dios (Apoc. 12:15; 13:2).[3]

El dragón es descrito como aquel que hace guerra contra la descendencia de la mujer. La palabra traducida como “descendencia” es el sustantivo griego sperma (Apoc. 12:17). Esta palabra es usada en el Antiguo Testamento griego (LXX) para describir la enemistad entre la simiente (sperma) de la mujer y la simiente (sperma) de la serpiente (Gén. 3:15). La pregunta es: ¿Por qué Juan usa el sustantivo “dragón” en lugar de “serpiente” para referirse al poder que haría guerra contra la descendencia de la mujer? A simple vista se podría decir que Juan lo hace por el simple hecho de que “dragón” y “serpiente” son sinónimos que señalan a un mismo personaje (en este caso a Satanás). Aún cuando lo anterior es cierto, parece ser que hay otros elementos implicados en esta descripción.

La serpiente en Apocalipsis

La palabra “serpiente” aparece cinco veces en Apocalipsis, pero solo en cuatro oportunidades esta expresión tiene relación con Satanás (Apoc. 12:9, 14-15; 20:2). Juan describe a la serpiente con al menos dos características: (1) Apocalipsis 12:14-15 narra que la serpiente persigue al pueblo de Dios empleando poderes terrenales, de la misma manera en que lo hace el dragón. (2) La serpiente parece ser un animal acuático, puesto que Juan describe que ella arroja agua por su boca. A continuación, analizaremos en breve estas dos características.

La serpiente con poderes terrenales

Se describe que la serpiente arroja agua como un río por su boca. La palabra “río” es usada en Apocalipsis en dos ocasiones para describir al río Éufrates (Apoc. 9:14; 16:12). El Éufrates era el río que rodeaba a Babilonia, el cual fue secado por Ciro y su ejército para conquistar la ciudad. Este río se secará simbólicamente antes de la venida de Jesús (Isa. 45:1-3; Jer. 50:38; ver Apoc. 16:12).

El Éufrates también es mencionado como uno de los cuatro ríos que estaban en el Edén (Gén. 2:14). Por ello no es de extrañar que Juan relacione a la serpiente con ríos (probablemente con el Éufrates). En Apocalipsis, la ramera Babilonia esta sentada sobre muchas aguas, las cuales representan pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas (Apoc. 17:2, 5, 15).

Juan describe que la serpiente arroja agua como un río por su boca. La palabra boca” es usada consistentemente en Apocalipsis para referirse a un mensaje (Apoc.1:16; 2:16; 10:9, 10; 13:5). El dragón y sus seguidores emplean un mensaje para engañar al mundo y pelear contra Jesús y su pueblo (Apoc. 16:13).[4] Por lo tanto, cuando Juan menciona que la serpiente arroja de su boca agua como un río se refiere a que este poder utiliza a naciones y pueblos (río/agua/Éufrates) para perseguir al pueblo de Dios, de la misma forma en que lo hace el dragón.

La serpiente, un animal acuático

Se ha mencionado que la serpiente emplea el agua/ríos para perseguir al pueblo de Dios, con lo cual se podría decir que este es un animal acuático. El AT apoya la previa conclusión, puesto que, Isaías describe al leviatán (un animal acuático) empleando los sinónimos de dragón y serpiente (Isa. 27:1). En otras palabras, para Isaías el Leviatán no es otro sino el dragón/serpiente, el cual es descrito como un animal acuático. Por esto, en la descripción del dragón, Juan usa de manera intercambiable el sustantivo dragón/serpiente (Apoc. 12:13-15).

En el versículo 13, Juan comenta que el dragón es quien persigue a la mujer. Sin embargo, el profeta narra que es la serpiente quien arroja agua (un río) desde su boca para destruir a la mujer. La pregunta es ¿Cuál es la razón por la cual Juan emplea el sustantivo “serpiente” en lugar de “dragón” en esta descripción? Una posible respuesta podría ser que Juan quería enfatizar que este enemigo es la serpiente descrita en Génesis, aquella que lucharía contra la mujer y su descendencia (Gén. 3:15). Probablemente, esa sea la razón por la que Juan la llama “la serpiente antigua” (Apoc. 12:9; 20:2).

Satanás en Apocalipsis

En la mayoría de los casos, el término “Satanás” en Apocalipsis esta relacionado con el trabajo que el enemigo realiza entre el pueblo de Dios. Por ejemplo, en la iglesia de Esmirna y Filadelfia se menciona que hay un grupo de personas que dicen ser parte del pueblo de Dios, pero son descritos como los que pertenecen a la “sinagoga de Satanás” (Apoc. 2:9; 3:9). Por otra parte, Juan describe que la iglesia de Pérgamo se halla ubicada “donde esta el trono de Satanás” (Apoc. 2:13); finalmente, en la iglesia de Tiatira se encuentra un grupo de personas que enseñan lo que se conoce como “las profundidades de Satanás” (Apoc. 2:24). Entonces, parece ser que el término “Satanás” en Apocalipsis está directamente relacionado con la “labor” que el enemigo realiza entre el pueblo de Dios.

Esta idea puede verse reflejada en la reprensión que Cristo da a Pedro cuando lo llama “Satanás” luego de que Pedro quisiera persuadirlo de su propósito (Mat. 16:23). En este sentido, el empleo del sustantivo “Satanás” se diferencia del uso que Juan hace de los vocablos “dragón” y “serpiente”. Estos términos están relacionados con el empleo que el enemigo hace de poderes terrenales para perseguir al pueblo de Dios, mientras que el sustantivo “Satanás” se relaciona estrechamente al trabajo que el enemigo realiza dentro del pueblo de Dios.

El diablo en Apocalipsis

El último término con el que Juan describe al enemigo es el adjetivo griego “diablo”, palabra que aparece 37 veces en el NT. Sin embargo, antes de estudiar el uso de este vocablo en Apocalipsis sería interesante analizar el uso que Juan hace de este adjetivo en su Evangelio. Por esta razón, en la siguiente sección se examinará brevemente la forma en que Juan emplea el adjetivo “diablo”, comparándolo con el uso que los evangelios sinópticos hacen de este término. Finalmente, se explorará el uso del vocablo “diablo” en el libro de Apocalipsis para dar paso a nuestras conclusiones.

El diablo en el Evangelio de Juan y en los sinópticos

El adjetivo griego “diablo” es mencionada en dos de los tres Evangelios sinópticos (Mateo y Lucas). En el libro de Mateo, el término “diablo” aparece en seis ocasiones, mientras que Lucas lo emplea en cinco. En ambos evangelios, la palabra “diablo” está relacionada con la tentación de Jesús (Mat. 4:1, 5, 8, 11; Luc. 4:2, 6, 13) o con parábolas (Mat. 13:39; 25:41; Luc. 8:12). Parece ser que tanto Mateo como Lucas presentan al diablo como un ser real que trata de destruir la obra de Jesús y desanimar al cristiano. Por otra parte, Juan emplea en su evangelio el término “diablo” en tres oportunidades: en dos ocasiones se refiere a Judas, quien fue instrumento del diablo para entregar a Jesús (Juan 6:70; 13:2), y en una oportunidad Jesús llama a los fariseos hijos del diablo (Juan 8:44). Parece ser que Juan emplea la palabra “diablo” de una manera diferente a como lo hacen Mateo y Lucas. Estos últimos se enfocan en el diablo como un ser que ataca a Jesús y su pueblo sin intermediarios; es decir, el diablo en los evangelios sinópticos no utiliza agentes humanos para sus propósitos. Por otro lado, el evangelio de Juan describe que el diablo usa agentes humanos para destruir la obra de Cristo (Judas y los fariseos).

El diablo en Apocalipsis

El adjetivo griego “diablo” aparece cinco veces en el libro de Apocalipsis. En dos de ellas, Juan describe al enemigo de Dios junto a los otros tres términos presentados en este estudio (Apoc. 12:9; 20:2). En las otras tres citas, la forma en que Juan emplea la palabra “diablo” es similar a como lo hace en su Evangelio.

En la primera cita, Juan menciona que el diablo echará a algunos cristianos en la cárcel (Apoc. 2:10).[5] La segunda mención del término “diablo” se encuentra en el capítulo 12, donde leemos: “Por lo cual alegraos, cielos, y los que moráis en ellos. ¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido a vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo” (Apoc. 12:12). Este texto describe que el cielo se alegra al ver que el diablo es expulsado; sin embargo, hay un lamento por los moradores de la tierra y del mar, ya que el diablo ha descendido hacía ellos con ira, sabiendo que tiene poco tiempo. Es interesante que el capítulo 13 narra que desde el mar y la tierra se levantan los poderes usados por el enemigo contra Dios y su gobierno.

Finalmente, la última mención del término “diablo” se encuentra en Apocalipsis 20:10, en donde leemos: “Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta”. Este texto describe que el diablo será arrojado al lago de fuego por haber engañado a las naciones (Apoc. 20:7-9), lugar en donde estarán también ambas bestias usadas por el diablo en el capítulo 13.

En conclusión, podemos decir que Juan emplea el término “diablo” en Apocalipsis de la misma forma en como lo hace en su evangelio. Para Juan, el diablo es un ser real que emplea agentes humanos para destruir al pueblo de Dios. Apocalipsis describe la obra destructiva del diablo por medio de poderes políticos y religiosos.

Conclusión

El enemigo de Dios es presentado en el último libro de la Biblia con tres sustantivos (“dragón”, “serpiente“ y “Satanás”) y por medio de un adjetivo (“diablo”). Por una parte, el dragón y la serpiente describen que el enemigo usa poderes terrenales para destruir al pueblo de Dios. Por otra parte, el sustantivo “Satanás” y el adjetivo “diablo” son empleados por Juan para enfatizar la labor que el enemigo realiza dentro del pueblo de Dios.

En este sentido, el uso que Juan hace del vocablo “diablo” en su Evangelio es revelador. Los evangelios sinópticos emplean la palabra “diablo” para describir a un ser real que busca destruir el ministerio de Jesús y desanimar a los cristianos, mientras que Juan usa el término “diablo” en su Evangelio de la misma forma en que lo emplea en Apocalipsis. En ambos libros, el diablo trabaja por medio de agentes humanos para destruir la iglesia desde dentro.

Por lo tanto, el dragón y la serpiente atacan al pueblo de Dios desde afuera, mientras que Satanás y el diablo lo hacen desde el interior. Eso quiere decir que la labor del enemigo de Dios en el libro de Apocalipsis es tanto interna como externa. Por esta razón, los cristianos debemos estar alertas, ya que el enemigo de Dios anda como león rugiente buscando a quien devorar (1 Ped. 5:8), y los cristianos son su comida favorita.


Referencias:

[1] Elena G. de White, Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 273.

[2] Elena G. de White, Eventos de los últimos días, pp. 15, 16.

[3] Ranko Stefanović, La Revelación de Jesucristo: Comentario del libro del Apocalipsis (Berrien Springs, Míchigan: Andrews University Press, 2013), p. 398.

[4] Maicol Cortes, “El rol del Espíritu Santo en el Libro de Apocalipsis”, Revista Adventista web, 18 de junio de 2019.

[5] Craig R. Koester, ed., Revelation: A New Translation with Introduction and Commentary, The Anchor Yale Bible 38A (New Haven: Yale University Press, 2014), p. 276.

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