¿Qué dijo Elena de White sobre las epidemias y otras calamidades como señales del tiempo del fin?

“En las escenas finales de la historia de esta Tierra, la guerra prevalecerá. Habrá epidemias, mortandad y hambre. Las aguas del abismo rebasarán sus límites. Incendios e inundaciones destruirán la propiedad y la vida. Deberíamos estar alistándonos para las mansiones que Cristo ha ido a preparar para quienes lo aman” (Eventos de los últimos días, p. 24).

“En incendios, inundaciones y terremotos, en la furia de las grandes profundidades, en calamidades por mar y tierra, se da la advertencia de que el Espíritu de Dios no contenderá para siempre con el hombre” (ibíd., p. 26).

“¡Con cuánta frecuencia oímos hablar de terremotos y ciclones, así como de la destrucción producida por incendios e inundaciones, con gran pérdida de vidas y propiedades! Aparentemente, estas calamidades son estallidos caprichosos de las fuerzas desorganizadas y desordenadas de la naturaleza, completamente fuera del dominio humano; pero en todas ellas puede leerse el propósito de Dios. Se cuentan entre los instrumentos por medio de los cuales él procura despertar en hombres y en mujeres un sentido del peligro que corren” (ibíd., p. 29).

El Espíritu se está retirando

“Las plagas de Dios ya están cayendo sobre la Tierra, arrasando las estructuras más costosas como si fuera mediante un soplo de fuego desde el Cielo. Estos juicios ¿no harán recapacitar a los profesos cristianos? Dios los permite para que el mundo preste atención, para que los pecadores lo teman y tiemblen ante él.

“Se me ha mostrado que el Espíritu del Señor se está retirando de la Tierra. Pronto se les negará el poder protector de Dios a todos los que continúen despreciando sus mandamientos. Diariamente nos llegan informes de transacciones fraudulentas, asesinatos y crímenes de toda clase. La iniquidad se está convirtiendo en un asunto tan común que ya no sacude los sentidos como en un tiempo lo hacía.

“Dios tiene un propósito al permitir que ocurran estas calamidades. Son uno de sus medios para llamar a los hombres y a las mujeres a la reflexión. Mediante fenómenos insólitos a través de la naturaleza, Dios expresará a los incrédulos agentes humanos aquello que ha revelado claramente en su Palabra” (ibíd., pp. 28, 29).

Las profecías nos muestran dónde estamos

“Al unir un eslabón con otro en la cadena de los acontecimientos, desde la eternidad pasada hasta la eternidad futura, las profecías que el gran YO SOY dio en su Palabra nos dicen dónde estamos hoy en la procesión de los siglos y lo que puede esperarse en el tiempo futuro.

“Todo lo que la profecía predijo como habiendo de acontecer hasta el momento actual se lee ‘Cumplido’ en las páginas de la historia, y podemos tener la seguridad de que todo lo que falta por cumplirse se cumplirá en su orden establecido.

“Hoy las señales de los tiempos declaran que estamos en el umbral de acontecimientos grandes y solemnes. En nuestro mundo, todo está en agitación.

“Ante nuestros ojos se está cumpliendo la profecía por medio de la cual el Salvador anunció los acontecimientos que habían de preceder a su venida: ‘Oiréis de guerras y rumores de guerras […]. Se levantará nación contra nación y reino contra reino; y habrá pestes, hambres y terremotos en diferentes lugares’ (Mat. 24:6, 7).

“El tiempo actual es de interés abrumador para todo ser viviente. Los gobernantes y los estadistas, los hombres que ocupan puestos de confianza y autoridad, los hombres y las mujeres pensadores de todas las clases tienen su atención fija en los acontecimientos que se producen en derredor de nosotros. Observan las relaciones tirantes e inestables que existen entre las naciones. Observan las presiones que se ejercen sobre todo elemento terrenal, y reconocen que algo grande y decisivo está por acontecer; que el mundo se encuentra en vísperas de una crisis estupenda” (¡Maranata: El Señor viene!, p. 68).RA

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