No saltes a conclusiones precipitadas. Al leer el título de este artículo, podrías imaginar que estoy debilitando nuestra esperanza o subestimando el significado profético de la pandemia de la COVID-19, pero mi objetivo no es ese. No tengo dudas de que la actual crisis es gravísima y tiene relación directa con el regreso de Jesús, pero ella no es el punto final de la historia. Es necesario dejar de lado las muchas voces que interpretan los eventos finales con base en la percepción y estudiar más profundamente la Biblia, en busca de la verdadera explicación. Solo ella puede librar del engaño, del miedo y del alarmismo.

El capítulo 24 de Mateo es esclarecedor. En él hay mucha información sobre el tiempo y las señales de la Segunda Venida, presentada por Cristo mismo, “el que era, el que es, y el que ha de venir” (Apoc. 4:8). Su respuesta a los discípulos comienza con una lista de señales generales y termina con la señal inminente de su venida (Mat. 24:3-14). Las señales generales son tan solo indicadores. Siempre sucedieron, pero se intensificarán cuando nos acerquemos al fin. No obstante, hay una señal inminente que demostrará que el fin realmente llegó. Es importante estar pendiente de las señales generales, sin dejar de mantener el foco en la señal inminente.

La lista de las señales generales comienza alertando contra el engaño, pero en seguida presenta uno de los mayores miedos de la humanidad: “guerras y rumores de guerras”. Sin embargo, recuerda que esto “aún no es el fin” (Mat. 24:6). También habrá hambres, pestes y terremotos, pero “todo esto será principio de dolores” (Mat. 24:8). Jesús también habla de tribulación, persecución religiosa, tropiezo, traición, odio, falsos profetas, aumento de la maldad y falta de amor. Pero solo “el que persevere hasta el fin, este será salvo” (Mat. 24:13).

Tres veces Jesús muestra que las señales generales no son finales. Estas son tan solo un proceso de alerta; son permitidas por Dios, pero como consecuencia del mal. A medida que los ángeles sueltan “los cuatro vientos” (Apoc. 7), las señales generales se vuelven cada vez más intensas, y Dios, en su misericordia, las transforma en fuertes oportunidades para un mundo cada vez más caído.

Finalmente, aparece la señal inminente. Se presenta en Mateo 24:14: “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin”. ¿Ha quedado claro? El fin no vendrá por la gravedad de la crisis, sino por el aumento de la esperanza. Tampoco será definido por el crecimiento del mal, sino por las oportunidades de Dios. Elena de White es precisa al afirmar que “mediante la proclamación del evangelio al mundo está en nuestro poder el apresurar el regreso de nuestro Señor” (El Deseado de todas las gentes, p. 587).

Por eso, quien ama el regreso de Cristo predica el evangelio; busca el poder del Espíritu Santo, vence la vergüenza o la comodidad y se levanta para testificar. No esparce un mensaje de condena y miedo, sino una invitación de esperanza y salvación. Después de todo, la condena es una consecuencia del rechazo, y nunca el objetivo principal del mensaje bíblico.

El “evangelio del reino” es la venida de Jesús, y la invitación para proclamarlo está en manos de un pueblo que nació predicando esa venida y sufrió por ella; que lleva este mensaje en su nombre y en el centro de sus creencias fundamentales. Este es un llamado especial para cada adventista del séptimo día.

No podemos perder el foco. Es importante conocer los detalles de la COVID-19 y sus consecuencias, estudiar sobre tragedias, catástrofes y otras señales generales, pero esto no debe volverse más importante que la predicación del evangelio. Solo cuando pongamos todo el corazón en el cumplimiento de la misión, la historia de dolor y sufrimiento de este mundo tendrá su punto final. RA

One Response

  1. Francisco Teletor

    Gracias pastor por este artículo!

    Alabado sea el Señor por darnos el privilegio enorme de involucrarnos a nosotros mismos que siendo salvados, somos instrumentos de salvación a otros.

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