Seamos sabios para aplicarlos en nuestra vida y para ayudar a otros a hacer lo mismo.

¿Recuerdas cuál ha sido el mejor consejo que recibiste? Quizás fueron varios. Personalmente, he sido bendecida con varios buenos consejos en diferentes momentos de mi vida.

Por lo general, cuando necesitamos un consejo estamos enfrentando una situación difícil o desconocida. Los consejos se dan y se piden en momentos de desasosiego e incertidumbre, y buscan lograr el mayor bienestar posible a través de decisiones sabias y elecciones inteligentes, aprovechando la experiencia de otros.

El trabajo de un psicólogo, contrariamente a lo que muchos creen, no consiste en dar consejos; esa puede ser una afectuosa función de un buen amigo o familiar. El técnico en salud mental evalúa, diagnostica y planifica un tratamiento sobre la base de protocolos y antecedentes clínicos de eficacia. Eventualmente, dará indicaciones específicas basadas en el análisis de la problemática y en los recursos del paciente.

Sin embargo, dos de los mejores consejos que he recibido en mi vida coinciden con dos de las orientaciones técnicas que más uso en mi consultorio ante variados cuadros patológicos. Ambas indicaciones están basadas en numerosas investigaciones y prueban ser efectivas dinámicas en psicoterapia. Por eso, aquí les comparto estos dos consejos:

1- “Un día a la vez”: Esta indicación es especialmente clave en momentos de dolor y angustia, en los cuales es importante administrar las energías y no sucumbir ante el abatimiento o la desesperanza. No es saludable para nuestra psique ni para nuestro sistema nervioso central recibir las preocupaciones proyectadas a una semana, un mes, o incluso años a futuro.

Trabajo con mis pacientes en técnicas que ayudan incluso a fraccionar el día en horas o minutos cuando las circunstancias se vuelven especialmente difíciles. Asimismo, la persona aprende a entrenar la capacidad de parar la catarata de pensamientos y diálogos interiores que inundan su mente pensando en lo que vendrá.

2-“Esto también pasará”: Esta orientación psicoterapéutica de gran valor se refiere a la naturaleza temporal de la vida. Alude a lo pasajero de la mayoría de las situaciones o problemáticas que afrontamos y a la importancia de disfrutar los momentos de alegría, disfrute y éxito, teniendo en cuenta que también pasarán.

Estos consejos, que pueden convertirse en sólidas técnicas psicoterapéuticas si se trabajan en profundidad, se basan en la necesidad de la sabia construcción de la paciencia que acompaña la madurez.

Todos sabemos lo difícil que es explicarle a un niño de un año que pronto regresará su madre de hacer un mandado, o a otro de cinco años que falta poco para su cumpleaños. Incluso para un adolescente, que maneja mejor los conceptos de tiempo y de la espera, presenta una dificultad tolerar el dolor de un desamor, convencido de que su vida termina en ese desencanto. Nos toca a los adultos ayudarlos a tomar la perspectiva necesaria que aún sus cerebros no logran del todo obtener.

Con la maduración, el ser humano logra tomar una perspectiva que lo aproxima más a la calma, al aplomo y a la esperanza. Sin embargo, el paso del tiempo no es garantía de sabiduría; hay muchos ancianos poco sabios. Porque no es el paso del tiempo el que enseña sino la disponibilidad para aprender de las experiencias.

Los ancianos que sí son sabios son enormemente valiosos para sus familias y para la sociedad entera, porque son capaces de dar una visión más abarcadora, comprensiva y fortalecedora de lo que está sucediendo en un momento específico. Recordemos las palabras de Eclesiastés 3: “Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo: un tiempo para nacer, y un tiempo para morir; […] un tiempo para llorar, y un tiempo para reír; un tiempo para estar de luto, y un tiempo para saltar de gusto […] un tiempo para abrazarse, y un tiempo para despedirse; un tiempo para intentar, y un tiempo para desistir; un tiempo para callar y un tiempo para hablar”.

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