“Los remolinos o tornados de fuego, que se forman cuando los vientos espiralados amasan gigantescas columnas de llamas, cenizas y vapor, son imposibles de controlar. El 30 de diciembre, un bombero voluntario de la región de Nueva Gales del Sur murió cuando uno de esos torbellinos del infierno dio vuelta su camión hidrante. El bombardeo de brasas conocido como ‘ataque de ascuas’ se produce cuando las intensas ráfagas de viento que se desatan cerca del incendio levantan detritos en llamas y los lanzan como proyectiles de fuego hacia zonas inflamables todavía no quemadas, donde inician un nuevo foco de incendio”.1

Así describía el periódico The Washington Post los terribles incendios en Australia que se desarrollaron entre fines de diciembre de 2019 y comienzos de 2020. La experta australiana en incendios forestales Virginia Young afirma que quedó atónita por la dantesca escala de las llamas que amenazaron gran parte de su país, incluida su propia casa. Para ella, Australia estaría experimentando un “vuelco ecológico mayor”, motivado por el cambio climático, que ha hecho mutar los fenómenos naturales, como los incendios forestales, “hasta convertirlos en una versión más letal y catastrófica de sí mismos”.2

El hecho es que Australia rompió dos veces su récord de temperatura máxima en apenas dos días, y nunca había sido más calurosa que durante el período de los incendios. Es más, una estación meteorológica en Nullarbor, región desértica de la costa sudeste, informó máximas de 49,9°C, récord nacional para ese mes.

Varios expertos climatólogos, como Andrew King (Universidad de Melbourne) y Nerilie Abram (Universidad Nacional de Australia en Canberra), señalan el calentamiento global como una de las principales causas de estos fenómenos climáticos.

Pero el año 2020 trajo bajo su estela también desastres naturales como las inundaciones en Indonesia, las erupciones volcánicas en Alaska y Guatemala, y ciertos sismos en Irán, Canadá y Puerto Rico. Una de estas catástrofes naturales que más llamó mi atención fue la erupción del volcán Taal en Filipinas, que entró en actividad el 12 de enero. Miles de personas que viven en los alrededores tuvieron que ser evacuadas, y son incontables las pérdidas materiales. Digo que llamó mi atención, porque durante más de dos años estuvimos estudiando allí con mi familia, en la Universidad AIIAS, que dista a tan solo 15 minutos del volcán.

De todas las señales proféticas de Mateo 24, señales en el ámbito militar (guerras y rumores de guerra), señales en el ámbito religioso (falsos maestros y falsos cristos), señales en el ámbito social (el aumento de la maldad y la violencia, y la consecuente disminución del amor fraterno), las señales en el ámbito de la naturaleza quizá sean las que tienen una mayor capacidad de destrucción.

Además, dado que el ser humano no tiene la capacidad de “manejar” la naturaleza (salvo para mal, al destruirla, por supuesto), los desastres naturales dejan al hombre con un sentido de indefensión total. Cuando el agua de las inundaciones empieza a subir, cuando los vientos huracanados empiezan a soplar, cuando los incendios forestales a gran escala empiezan a diseminarse o cuando un volcán empieza a expulsar lava, cenizas y gases letales, hay muy poco, o nada, que el ser humano pueda realizar.

Sí, los gemidos de dolor de este mundo achacado por el pecado se hacen sentir por doquier a comienzos de este año. Pero quizá también podrían ser comparados a los gemidos de parto, ya que las señales nos indican que Cristo muy pronto volverá, evento que dará lugar a cielos nuevos y tierra nueva, un nuevo comienzo que nos llena de esperanza.

Mientras tanto, haríamos bien en prestar atención a las palabras de Jesús en el cierre de su sermón profético: “Ahora, aprendan una lección de la higuera. Cuando las ramas echan brotes y comienzan a salir las hojas, ustedes saben que el verano se acerca. De la misma manera, cuando vean que suceden todas estas cosas, sabrán que su regreso está muy cerca, a las puertas” (Mat. 24:32).


Referencias:

1 Sarah Kaplan y Andrew Freedman, “Tornados de fuego, ataques de ascuas y megaincendios: clima de ciencia ficción en Australia”, traducido y publicado en La Nación (14-01-2020, consultado el mismo día), https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/tornados-fuego-ataques-ascuas-megaincendios-clima-ciencia-nid2323950

 2 Ibíd.

Sobre el Autor

Pastor y Magíster en Teología (está culminando sus estudios doctorales) desempeña su ministerio en la ACES desde 2001. Autor de "Versiones de la Biblia", es Jefe de Redacción y director de la Revista Adventista desde 2010. Está casado con Claudia y tiene dos hijos: Gabriel y Julieta.

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