Un interrogante clave para pensar en el tiempo del fin.

En preparación para la venida de nuestro Señor, hemos de hacer una gran obra en las grandes ciudades. Tenemos que presentar un solemne testimonio en esos grandes centros.

Ahora debe proclamarse el mensaje del tercer ángel, no solo en tierras distantes, sino [también] en lugares descuidados que están cerca, donde moran multitudes que no han sido amonestadas ni salvadas. Nuestras ciudades en todas partes necesitan que los siervos de Dios hagan una labor ferviente y entusiasta.

Muchos en las ciudades ansían luz y verdad

La oscuridad espiritual que cubre a todo el mundo se intensifica en los centros congestionados de población. El obrero evangélico encuentra la mayor impenitencia y la más grande necesidad en las ciudades de las naciones. Y en estas mismas ciudades se les presentan a los ganadores de almas algunas de las mayores oportunidades. Mezclados con las multitudes que no piensan en Dios ni en el cielo, hay muchos que ansían luz y pureza de corazón. Aun entre los descuidados e indiferentes hay muchos cuya atención puede ser atraída por una revelación del amor de Dios hacia el alma humana.

No todos pueden abandonar las ciudades todavía

Siempre que se pueda, es deber de los padres establecer un hogar en el campo para beneficiar a sus hijos.

A medida que transcurra el tiempo, cada vez será más necesario que nuestro pueblo salga de las ciudades. Durante años hemos recibido la instrucción de que nuestros hermanos y hermanas, y especialmente las familias con hijos, deberán planear salir de las ciudades a medida que puedan hacerlo. Muchos tendrán que trabajar laboriosamente para ayudar a abrir el camino. Pero hasta que sea posible salir, durante todo el tiempo que permanezcan en ellas, deberían ocuparse activamente en el trabajo misionero, por muy limitada que sea su esfera de influencia.

Está aumentando la maldad en nuestras ciudades, y cada vez resulta más evidente que aquellos que permanecen en ellas innecesariamente, arriesgan la salvación de su alma.

Instituciones en las ciudades

Mucho más se puede hacer para salvar y educar a los niños de los que en la actualidad no pueden salir de las ciudades. Este es un asunto digno de nuestros mejores esfuerzos. En las ciudades han de establecerse escuelas de iglesia, y en relación con esas escuelas deben trazarse planes para la enseñanza de estudios más avanzados cuando haya demanda de ellos.

Nuestros restaurantes deben estar en las ciudades, porque de otro modo los obreros que trabajan en ellos no podrían alcanzar a la gente y enseñarles los principios que rigen la vida sana.

El Señor nos ha indicado repetidamente que debemos trabajar en las ciudades desde puestos de avanzada ubicados fuera de ellas. En esas ciudades debemos tener casas de culto, como monumentos de Dios, pero las instituciones destinadas a la publicación de la verdad, a la curación de los enfermos y a la preparación de los obreros deben establecerse fuera de las ciudades. Es especialmente importante que nuestra juventud sea protegida de las tentaciones de la vida en la ciudad.

No trasladarse apresuradamente

Que todos tomen el tiempo necesario para realizar cuidadosas consideraciones para que no sean como el hombre de la parábola que comenzó a edificar y luego fue incapaz de terminar. No debe realizarse ningún movimiento sin considerar cuidadosamente ese movimiento y sus resultados; todo debe ser tenido en cuenta.

Puede haber personas que se apresuran a hacer una cosa, y que se comprometen en negocios acerca de los cuales no saben nada. Dios no requiere que se haga esto.

No se haga nada en forma desordenada, para que no se produzcan grandes pérdidas ni se sacrifiquen las propiedades a causa de discursos ardientes e impulsivos que despiertan un entusiasmo que no está de acuerdo con la voluntad de Dios; para que una victoria que es esencial que se obtenga no se convierta en derrota por falta de una moderación sensata, de proyectos adecuados, de principios sólidos y de propósitos definidos.

La señal para huir de las ciudades

No está lejano el tiempo en que, como los primeros discípulos, seremos obligados a buscar refugio en lugares desolados y solitarios. Así como el sitio de Jerusalén por los ejércitos romanos fue la señal para que huyesen los cristianos de Judea, así la asunción de poder por parte de nuestra nación [los Estados Unidos], con el decreto que imponga el día de descanso papal, será para nosotros una amonestación. Entonces será tiempo de abandonar las grandes ciudades, y prepararnos para abandonar las menores en busca de hogares retraídos en lugares apartados entre las montañas.


Este artículo está basado en Eventos de los últimos días, pp. 101-105.

Sobre el Autor

Mensajera del Señor, escritora y predicadora, Elena de White (1827-1915) fue una de las organizadoras de la Iglesia Adventista. Entre sus muchos escritos se encuentran cientos de valiosas cartas.

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One Response

  1. Estrellita

    Debemos tomar en cuenta este artículo, para el tiempo del fin y no apresurarnos a salir de las ciudades, que aún no es em tiempo

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