En esta nueva sección hablaremos sobre los remedios naturales que Dios nos dejó.

Pareciera muy simple hablar del agua; es sabida la importancia de estar bien hidratados. Sin embargo, amerita la pregunta: ¿sabemos realmente cómo hidratarnos?

Hablar de hidratación nos lleva a tratar varios temas:

1- Asegurar que el agua que bebemos sea potable

Los especialistas calculan que quinientos millones por año de niños menores de cinco años tienen diarrea por tomar agua contaminada con bacterias o parásitos. De este grupo, entre el 3 y el 4 % fallece en los países del Tercer Mundo.

En algunas regiones el agua contiene concentraciones nocivas de arsénico. En Chile, desde Antofagasta hacia el norte y en Argentina, con una mayor concentración, en las provincias de Córdoba, Santiago del Estero, Salta y Jujuy. Solamente en Argentina, se calcula que alrededor de cuatro millones de personas están expuestas al arsénico, pudiendo desarrollar hidroarsenicismo crónico regional endémico. Al principio, esta enfermedad produce lesiones en la piel, pero con el tiempo, al seguir ingiriendo este líquido, se transforma en una enfermedad compleja y grave, con complicaciones más severas como el cáncer.

El agua contaminada es un elemento que transmite enfermedades, y esto nos obliga a buscar agua potable o implementar métodos para potabilizarla (dos gotas de cloro al 5 % por litro de agua). En el caso del agua con arsénico, la única forma de prevenirla es tomando agua que no contenga este químico, que haya sido tratada en forma correcta con controles permanentes.

2- El líquido ideal para hidratarse es el agua

En muchos hogares se prefiere las bebidas endulzadas antes que el agua. Las que contienen azúcar son causa de obesidad, diabetes, ácido úrico elevado, caries, etc. Las bebidas que son bajas en calorías alteran la flora intestinal, aumentan la absorción de glucosa en el intestino, y modifican, a nivel del sistema nervioso, la percepción de lo dulce, pudiendo favorecer al aumento de la obesidad. Al analizar cuál es la mejor bebida para nuestro organismo, concluimos que es el agua pura.

3- ¿Cuánta agua se debe ingerir por día?

La cantidad de agua que debemos beber depende de nuestro trabajo, de la temperatura del medio ambiente y de nuestra edad. Una persona en reposo, en un ambiente con una temperatura de 24 grados, ingiriendo un litro y medio de agua suple su necesidad diaria. Un trabajador que realiza esfuerzo físico intenso pierde uno a dos litros por hora en transpiración, y debe recuperar toda esa pérdida. Nuestro sistema nervioso funciona mejor al estar más hidratado, ayudándonos a estar más concentrados y despiertos.

Todo nuestro cuerpo se desempeña mejor bien hidratado, por eso es necesario prestar atención a los signos de deshidratación: la sensación de sed es una señal valiosa que nos ayuda a recordar que debemos tomar agua. El color de nuestra orina es el segundo parámetro que debemos observar. La orina de color claro, casi igual al agua, nos señala que estamos bien hidratados. Al mismo tiempo, si ya tenemos la orina clara, ayuda a no excedernos en la ingesta de agua.

Debemos prestar atención a los niños y en las personas mayores. Ellos son los grupos más delicados y más vulnerables a la deshidratación. Por eso, hay que estimularlos permanentemente a tomar agua.

La forma más correcta de estar bien hidratados es llevar siempre con nosotros una botella con agua. No debemos esperar a estar agotados y soporosos para ir a tomar agua. Tenemos que adelantarnos, e hidratarnos adecuadamente.

Hay una frase propia de los padres hacia sus hijos: “No camines descalzo que te vas a enfermar”. Dios habló a sus hijos y amplió esta frase: “Guarda tus pies de andar descalzo y tu garganta de la sed” (Jer. 2:25) Este consejo, lleno de amor, nos anima a vivir mejor; a reforzar nuestra salud para sentirnos bien ahora; a beber del agua líquida, y del agua de vida que es Cristo, Fuente infinita de paz, esperanza y felicidad.

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