La Navidad es uno de los momentos más esperados y felices del año. Pero hay un grupo de personas que solo han encontrado una razón para sufrir y tener conflictos, por insistir en una interpretación errónea de su celebración. Creen en la importancia del nacimiento de Cristo, pero no aceptan la elección del 25 de diciembre.

Hay mucha evidencia de que Jesús no nació en esta fecha. Especialmente porque en el hemisferio norte esta es una época fría del año, en la cual los pastores no pasan la noche junto a sus rebaños, como sucedió en la anunciación (Luc. 2:8-20). La verdadera fecha se ha buscado durante siglos y ha dado lugar a muchos estudios y teorías. El astrónomo y pastor David Fabricius ha preparado una lista de 136 de ellos. Lo más probable es que tenga que ver con el cumpleaños del dios Sol, celebrado por el mitraísmo el 25 de diciembre. En los días del emperador romano Aureliano, cuando se oficializó la adoración del Sol Invictus, muchos cristianos identificaron a Jesús como el “Sol de justicia” (Mal. 4:2), y adoptaron la misma fecha para la Navidad.

Pero eso no impide su celebración. No lo consideramos un día sagrado; mucho menos dedicado a la adoración de algún ídolo o deidad pagana. Es solo una oportunidad para recordar el nacimiento del Salvador, a quien aceptamos, adoramos, seguimos y esperamos recibir pronto en las nubes del cielo. Como dijo la escritora estadounidense Edna Ferber: “La Navidad es más que una fecha. Es un sentimiento”.

Para Elena de White, “Aunque no sabemos exactamente en qué día nació Jesús, debemos honrar este sagrado acontecimiento. No quiera Dios que haya alguien tan estrecho de mente que pase por alto este acontecimiento porque no tiene seguridad en cuanto a la fecha exacta” (Cada día con Dios, p. 358). Además, ella recomienda: “Los días de Navidad y Año Nuevo deberían ser ocasiones cuando cada hogar debiera recordar a su Creador y Redentor” (Consejos sobre mayordomía cristiana, p. 290).

No podemos dedicar tiempo y energía a discutir la fecha, y dejar que la verdadera razón de la celebración pierda su significado por las tradiciones seculares y el materialismo. Dos sugerencias simples pueden ayudar a cambiar esta situación.

1-Prioriza al verdadero Cumpleañero. “La Navidad no es tu cumpleaños” es el título de un libro de Mike Slaughter que compré el año pasado. En él, el autor hace una reflexión convincente sobre el verdadero significado de la Navidad y analiza la inconsistencia de celebrar el cumpleaños de Jesús, pero comprar regalos y celebrar fiestas para nosotros. Toda la seducción de los medios apunta en esta dirección, fomentando fiestas más elaboradas, regalos más caros y mayores expectativas para los niños. El objetivo es valorar los intereses personales y excluir a Jesús de su papel legítimo como centro de celebración. No debemos olvidar que la Navidad no existe para la satisfacción personal, sino para la adoración a Dios.

Los regalos más simples y las celebraciones más modestas son importantes para rescatar el espíritu navideño y enfocar la vista en el Salvador. También ayudan al uso fiel de los recursos y a la comprensión de que hay una razón mayor para “un cambio en el valor de sus regalos, diciéndoles que están convencidos de que hasta ahora habían considerado más su placer que la gloria de Dios. Díganles que, en lugar de considerar el adelantamiento de la causa de Dios, habían tomado en cuenta más su propio placer y la gratificación de ellos, y que habían procurado mantenerse en armonía con las costumbres y tradiciones del mundo al ofrecer regalos a quienes no lo necesitaban” (Consejos sobre mayordomía cristiana, pp. 290, 291).

2-Entrega un regalo de segunda mano. Sé que a nadie le gusta recibir regalos “reciclados”, aquellos que recibes y luego regalas a otro. Por irrespetuoso que parezca, aprovecha esta Navidad para entregar lo que has recibido antes, que no puedes guardar para ti solo y que sabes que bendecirá las vidas de familiares y amigos. Estoy sugiriendo que ofrezcas a Jesús como un regalo, convirtiendo su celebración en una oportunidad de salvación.

Puedes hacer esto reemplazando la tarjeta de Navidad con un libro misionero, organizando una celebración más espiritual y presentando a Jesús a tus amigos, invitando a tu comunidad a un programa especial de la iglesia, aprovechando el programa “Más amor en Navidad” para ofrecer más que la comida y la ropa, o decidir con tu familia y amigos ofrecer algo especial a las personas necesitadas, y no entre ustedes. Lo importante es aprovechar cada oportunidad para compartir a Jesús, el mejor Presente.

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Pastor de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, que actualmente sirve como presidente de la División Sudamericana. Tiene 47 años y es oriundo del estado de Río Grande do Sul, Brasil.

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