Es posible que para algunos miembros nuevos en la fe la Iglesia Adventista del Séptimo Día (IASD) parezca como cualquier otra iglesia. Pero un estudio de las profecías de Daniel y Apocalipsis revelan que la IASD no es una iglesia más, sino que cumple con las características que la identifican como la iglesia remanente (Apoc. 12:17). Para entender mejor la naturaleza, el mensaje y la misión de este pueblo, haremos un breve recorrido por la historia a la luz de las profecías, y veremos por qué Dios hizo provisión para levantar un remanente en el tiempo del fin.

Se predice una apostasía en la fe cristiana

En el Nuevo Testamento se predecía que se iba a producir una apostasía en la fe cristiana. En Hechos 20:28 al 30, Pablo pide a los ancianos de la iglesia de Éfeso que cuiden “la iglesia del Señor”, porque sabía que después de su partida entrarían “lobos rapaces”, y se levantarían hombres que hablarían “cosas perversas”. Advirtiendo a Timoteo, le dice que “vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que, teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias pasiones, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas” (2 Tim. 4:1-4).

Esta apostasía no se dio de un momento a otro; fue un proceso gradual que duró siglos. Desde el mismo período apostólico se podían observar fuerzas extrañas tratando de corromper la iglesia (2 Ped. 2:1-3; Jud. 1:3, 4). Pablo ya veía en acción “el misterio de la iniquidad” (2 Tes. 2:1-7), pero la presencia de la primera generación de cristianos, de alguna manera, frenó el avance de la apostasía religiosa en ese primer siglo. Sin embargo, entre los siglos ii y vi, lenta y paulatinamente se fue configurando el sistema religioso que llegaría a conocerse en la historia con el nombre de Roma papal, o papado. Durante esos siglos, y en adelante, se fueron introduciendo en el cristianismo doctrinas carentes de base bíblica, que caen dentro de la categoría de “fábulas” o “mitos” religiosos. Por ejemplo, la veneración a María, el purgatorio, el bautismo infantil, la oración a los santos, el domingo como día de reposo, la exaltación de la iglesia de Roma y su obispo sobre el resto de iglesias, etc.

Las profecías de Daniel y Apocalipsis ya anunciaban la aparición de este falso sistema religioso utilizando varios símbolos (Dan. 7:8, 20-27; 8:10-12; Apoc. 13:1-10; 17:1-6), e indicaban que el papado tendría un período de 1.260 años de supremacía (538-1798) (Dan. 7:25; Apoc. 12:6, 14: 13:5). Durante ese período, la verdad bíblica fue tirada por el suelo y se persiguió a todos los que no reconocían la autoridad de Roma papal.

El surgimiento de la Reforma protestante y su estancamiento

El movimiento de Reforma protestante del siglo xvi apareció con el propósito de reformar la iglesia. La Reforma enfatizó el principio Sola Scriptura, en contra de la idea romana de la interpretación de la Escritura junto con la tradición. Destacó el principio Sola Gratia, en contra de pensar que la salvación se podía obtener con gracia más obras meritorias. Resaltó el principio de Solo Christo, en contra de la idea papal de que además de Cristo se necesitaban otros mediadores, como los sacerdotes y los santos en el cielo. No obstante, el mayor logro de la Reforma fue que devolvió las Escrituras a las manos de la gente común y en idiomas que el pueblo entendía, lo que permitió que las personas pudiesen tener acceso al conocimiento de Dios por sí mismos.

Pero, lamentablemente, la Reforma protestante se estancó, pues no avanzó más allá de donde sus líderes iniciales la habían llevado. Por eso, el movimiento no logró progresar en el redescubrimiento de más verdades bíblicas, ni pudo desprenderse de falsas doctrinas como la inmortalidad del alma o el domingo como día de reposo, entre otros errores.

Dios levanta su remanente

Apocalipsis 12:17 revela que después del período de 1.260 años de predominio papal (538-1798 d.C.), el diablo haría la guerra contra un “resto” de la mujer, o la iglesia histórica. Este “resto”, o remanente, se caracterizaría por guardar “los mandamientos de Dios” y tener “el testimonio de Jesús”. Y en Apocalipsis 14:12 se identifica a sus integrantes como “los que guardan los mandamientos de Dios y tienen la fe de Jesús”.

A la luz de Daniel 8:14, este remanente apareció cuando la profecía de las 2.300 “tardes y mañanas” llegó a su cumplimiento, en 1844. Por esa razón, los adventistas del séptimo día no tienen dudas de su identidad como el pueblo remanente de la profecía. Tampoco se sienten superiores a otros, pero por amor a Cristo han decidido permanecer fieles a las verdades de la Biblia en medio de la apostasía generalizada. También entienden que han sido llamados por Dios para continuar la reforma que se estancó y extender el último llamado de misericordia al mundo, contenido en el triple mensaje angélico (Apoc. 14:6-12), antes de que Cristo vuelva por segunda vez (Apoc. 14:14-16). Si aún no formas parte de este movimiento profético, únete a él, y prepárate para ver a Jesús volviendo “en las nubes del cielo, con poder y gran gloria” (Mat. 24:30).

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